Mi verso favorito: Escribir es nacer de Luis cernuda

...desde el polvo
me atrevo a
murmurar
tristes
palabras.
Escribir es
nacer,
dejar la
cristalina
morada de
inocencia
donde ya no
estoy.
Mi verso tiene formas
maternales,
es nube sobre el
mar
y una gota de l
luvia,

es niño que en la arena se entretiene

con las espumas y las caracolas.

Un saludo para todos los lectores, si ya seguías esta historia, lamento no haber escrito más y dejar la historia a la deriva, y si eres nuevo espera el nuevo giro de mi historia, traerá nuevas sorpresas, personajes nuevos, tramas nuevas y una nueva forma de dejarte fijo en la pantalla por mucho tiempo. Proximamente publicaré los primeros capítulos nuevamente (sí, los mismos) pero quiero volver a retomar la historia de cero para cambiar algunas cosas, no muchas. Espero que sean pacientes y les guste esta nueva historia que me complace tanto compartir con ustedes.

Espero que me hayan perdonado y que sigan la historia tanto como yo. Dentro de unas semanas cambiaré la dirección de la página conforme a como decida llamar a este libro.

¡Nos leemos pronto!

domingo, 20 de diciembre de 2009

Secretos

Capítulo 9

- Hola Cristie – saludó mi amiga preocupada – por favor pasa.
- Gracias Sam – dije antes de entrar – Permiso.

Si la casa por fuera era bonita, por dentro lo era aun mas, todo estaba pintado de blanco y el piso era de una madera muy oscura pero brillosa. Samantha me guio hasta la sala de estar donde se encontraba unos muebles de cuero negro y una chimenea al frente que a su vez arriba tenia un televisor en la pared.

Me senté con cuidado en uno de los muebles esperando a que mi amiga hiciera lo mismo pero en vez de eso dijo:

- Te traeré un algo de beber – dijo Sami y salió de la habitación.

Observé el tope de madera de la chimenea, en ella se encontraban fotos de los Wichtter, una de sus padres con Sam y Cris de bebes, otra de Sam, de Cris, y la ultima de sus padres. Cuando ya me había distraído mucho observando aquellas fotos llego Sam y me dio una taza con te de manzana.

- Oye Sami, ¿Qué mandaron de tarea?, es que necesito los apuntes – dije con urgencia.
- Eh, no mucho. Cuando te vayas te doy mis libros – respondió ella. – Pero primero quisiera preguntarte algo.
- Claro, si dime. – dije calmada.
- Si, por casualidad yo te escondiera algo… ¿Tú serias siendo mi amiga? – preguntó preocupada mi amiga.
- Bueno, me molestaría si me escondieras un secreto. Pero si de verdad es muy personal para ti, lo entendería y te diría que seguimos siendo las mejores amigas – le dije honestamente a ella.
- Cristine… - comenzó a decir Sam, pero se detuvo mirando a todos lados.
- ¿Qué pasa Sam? – pregunté. - ¿Es algo malo? Puedes confiar en mí lo que sea. – le prometí
- Es que… - dijo ella y se le comenzaron a llenar los ojos de lagrimas – Si yo te contara un secreto, aunque fuera muy grave, tú… ¿Tu prometerías seguir siendo mi amiga pase lo que pase y tratar de entender por qué no te lo había confiado?.
- Si, te lo prometo Samantha – le dije fiel a mi amiga.
- Cristine, yo no te he contado todo sobre mí, ni sobre Cris, ni sobre ti. Lamento no haber confiado en ti antes y no haberte dicho lo que sucede en realidad contigo – dijo Sam.
- Tranquila, no importa que haya sido aquello que me ocultaste. Lo importante es que igualmente confías en mí y me lo vas a decir ahora – dije tratando de consolarla.
- ¡Gracias Cristie!, la verdad es que siempre te han ocultado que eres y nosotros te hemos ocultados que somos. Nosotros… - comenzó a decir Sam cuando entró Cristian seguido de Lucas y dijo:
- ¡Samantha! ¿Qué haces? – preguntó el enfadado.
- Yo… - empezó a balbucir Sam.
- ¿Por qué Sam? No le hagas esto a ella, no se lo merece – dijo él.
- Pero, yo no le quiero seguir ocultando nada a Cristine – dijo mi amiga.
- Solo me quería contar algo Cristian. De todos modos, ella no me dijo nada – salí yo en su defensa.
- Tu no deberías estar aquí será mejor que te vayas – dijo Cristian con amargura.
- ¿Por qué no contarle Cris? Se va a enterar tarde o temprano, es nuestra amiga – me defendió Lucas.
- Ella no es mi amiga – dijo Cris.

No pude controlar mis emociones al oír esas palabras. Eran tan fuertes, sentí un golpe en el estómago al haberlas escuchado de él. Solo sentía en dolor agudo en mi pecho, y no comprendía porque me hacia tanto daño. Comencé a ver todo empañado y entendí que unas lágrimas trataban de salir por mis ojos, pero hice mucho esfuerzo para dejarlas adentro y dije:

- En ese caso, no tengo nada que hacer aquí – dije con voz ahogada.
- Bien, Sam ve a buscar los libros que le vas a prestar. – dijo el con indiferencia.

Sami se levantó de su puesto y salió corriendo de la habitación, al cabo de unos segundos regresó con un par de libros y me los entregó. Me miró con tristeza y comprendí sus sentimientos, en ese momento también eran los míos, me arme de valor y le dije:

- ¿Ya no podemos ser amigas? – pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
- No, lo siento tanto Cristie – dijo llorando y me abrazó.
- Adiós – fue lo único que dijo Lucas.
- Adiós, amiga mía – se despidió Sam
- Adiós – me limite a decir antes de salir de la casa de los Wichtter, para no volver.

Caminé casi inconsciente algunas horas, pensando en mis amigos, o debería haber dicho mis antiguos amigos. ¿Por qué me pasaba esto a mi cuando me iba muy bien? No me había fijado cuenta del giro de 180º que había dado mi vida.

Aun no entendía porque Sami me quería contar algo, al igual que Lucas, pero Cristian no quería que me enterara. Al recordar su nombre, me embargo un sentimiento de dolor como un golpe agudo en el pecho, no pude soportarlo más y tropecé en el suelo sin darme cuenta y me caí. Me levanté adolorida y con raspones en las piernas, me senté en una banca cercana a mí, solo me senté a llorar y descargarme.

Miré al cielo y me cayeron unas gotas de agua en el rostro. Comenzaba a llover, no me importo y seguí llorando hasta que escuche una voz:

- No llores, por favor – dijo una voz masculina.

Ilusionada voltee para ver si era Cris quien me hablaba pero no fue así. Era un chico alto, blanco, de cabello castaño que estaba mojado por la lluvia, sus ojos eran castaños claro también. Me quedé muda al verlo y no supe que decir, así que bajé la cabeza.

- ¿Me puedo sentar aquí? – preguntó el chico.
- Si – fue lo único que pude decir.
- ¿Qué te ocurre? – me preguntó.
- No te puedo decir – balbucí – No lo entenderías, nadie ahora puede entenderme – sollocé.
- Si me contaras, yo te entendería. Te prometo ser tu amigo. – dijo él y me miró. Al ver su mirada supe que no estaba mintiendo.
- Mis amigos no confían en mí… - traté de hablar.
- ¿Por qué?
- Porque no me querían contar un secreto y al parecer ya no quieren verme – dije sin evitar esconder mi rostro.
- Tal vez sea muy grave y tienes que darles un tiempo. Si no te molesta yo puedo ser tu amigo y ayudarte pase lo que pase. Confía en mí – dijo honestamente.
- No lo sé… - solo pude decir.
- Si te sientes triste te entenderé, yo también lo estoy.
- ¿Por qué? – me aventuré a preguntar.
- Porque me gusta una chica en la escuela, pero ella no me conoce, ni si quiera me ve… - respondió y bajo la mirada al suelo.
- Tal vez sea porque no le has hablado aun, eres muy lindo. No entiendo porque una chica no se fijaría en ti. – dije con dulzura.
- Gracias, eres muy especial Cristine Brians.

- ¡Hey! ¿Cómo es que sabes mi nombre? – pregunté sorprendida.
- Eh… es que estudiamos en el mismo salón de clases. ¿Eres nueva, no? – dijo él con una sonrisa nerviosa.
- Si, es cierto.
- Creo que es hora de irme. Mi madre debe estar preocupada. – pensé.
- Por favor no te vayas ahora. ¿Qué tal un paseo por el parque?

- Si, no hay problema. – respondí.
- Por cierto. Mi nombre es Scott Diamons – se levantó y me tendió su mano.
- Mucho gusto – y se la estreche.

Íbamos caminando hacia el parque cuando pensé Scott Diamons. ¡Diamons!, era el apellido de la carta que se le había caído a la profesora Verónica. Paré de inmediato y lo miré con cautela esperando alguna señal de sospecha. Solo me miraba y sonreía no entendía porque se comportaba tan amable conmigo.



Estaba asustada. Y me preguntaba quién era él, hasta que se dio cuenta de mi miedo y solo dijo:

- ¿Te pasa algo Cristine? – preguntó con cautela acercándose a mí.
- No nada. Por favor dime Cristie. – dije tratando de disimular mi miedo.
- Claro – asintió y extendió aun más su radiante sonrisa.

Seguimos caminando hasta que el paró y me tomó de la mano. Yo me sonrojé un poco y el al notarlo solo me dijo:

- Tranquila, solo te llevaré a un lugar secreto. – dijo mientras caminaba.
- ¿Secreto? – pregunté divertida.
- Si. Solo yo lo conozco. Espera a que lo veas – siguió caminando hasta llegar a un camino de arboles y nos adentramos en la oscuridad…


Holiss!! ¡wow, 150 visitas! Gracias a cada una de ellas. Quería decirles que ya corregí el error del capítulo 8, por accidente lo nombre como el 9, que en realidad es este. Por favor voten por mí y reconmiendeme en otras páginas, y sigan comentando para darme más razones por qué escribir...
Ah, lo último ¡pero no lo menos importante! Esto es una sorpresa para los fans de Harry Potter como yo. Además de la historia de Cristie pienso hacer dos novelas más... La primera sobre la vida de Lily Evans y James Potter antes de que se conocieran, ¡una historia tan dulce! y sobre como surgió Voldemort. La segunda es una continuación de la Saga de Harry Potter, ¡Esta es dedicada para los que no podían soportar el final de la historia!, solo que la cuenta Albus, el segundo hijo de Harry. Les dejo al principio del blog y la encuesta y comenten sobre estas ideas...
xoxo Mari R.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

¡Libertad!

Capítulo 7.

Nos dirigimos a clases, aunque note que había algo diferente en el ambiente de mi salón, claro, Regina no había venido. Qué extraño era eso.

- Qué extraño, Regina no vino a clases – comente.
- Si, extraño – dijo Sami algo preocupada y tratando de fingir que no sabía porque ella no había venido.
- ¡Que lastima!, y yo que le quería lanzar un sapo de la clase de Biología… - agrego Lucas fingiendo tristeza. En ese momento entró Damián a clases.
- Hola chicos, ¿Por qué esa cara larga Lucas?
- Es que Regina no vino, y yo quería lanzarle un sapo disecado – dijo Lucas haciendo pucheros graciosos.
- Um… eso es cierto. – añadió Damián pensativo – Desde que estudio aquí ella nunca ha faltado. Tranquilo Lucas, cuando venga mañana le lanzaremos una bomba fétida en su mochila.

Íbamos camino a biología cuando nos topamos con la profesora Verónica que estaba muy nerviosa y se sobresalto al verme, cuando ya casi llegábamos al Laboratorio Sami dijo:


- ¡Oh no!, se me olvido darle el informe de Historia al profesor, los veo luego, tal vez no esté en esta clase. – dijo Sam.
- ¡Ese profesor un día de estos nos va a matar con tanto trabajo!, también tengo que entregárselo. – agrego Lucas, mientras los dos caminaban muy rápidos en dirección opuesta, mientras Sami lo miraba molesta, aunque no entendía porque.
- Entonces quedamos solo tú y yo – dijo Damián.

Conversamos toda la clase acerca de los deportes que practicaba Damián, ¡eran tantos!. Jugaba al futbol, tennis, golf, surfing, snowboarding, y uno que otro deporte extremo. La profesora estaba copiando unas notas en la pizarra con los pasos que debíamos hacer para abrir a nuestras pobres amigas. Solo de pensarlo me daba asco. No quería matar a ningún animalito.

Me puse a pensar en lo triste que sería matar a esa ranita por sacar una buena nota en biología, y de pronto quise que la pobre saltara hacia la ventana con sus demás compañeras.

Ya la profesora estaba durmiendo a todas las ranas, cuando un chico se iba a adelantar y abrirla con un bisturí.

- ¡No! – grité.
- ¿Qué pasa Cristie? – pregunto Damián.
- No quiero que las maten – agregue con tristeza.

Cuando el chico estaba a punto de clavarle el bisturí a su rana, esta le salto al rostro. E l gritaba para quitársela de encima y yo estaba desternillándome de la risa, igual que Damián y los demás en clase.

De pronto, todas las ranas comenzaron a moverse y salían brincado por las ventanas del Laboratorio para ser libres, junto con la ranita rebelde que le salto al chico de mi clase. Eran libres, ¡Libres!, mi deseo se había cumplido. Me sentí tan alegre al saber que no les iba a pasar nada a mis amigas, aunque la profesora sol o estaba molesta por no haber realizado el experimento y nos mando mucha tarea, pero aun así no me importo.

Damián y yo salimos a la clase de Literatura cuando encontramos hablando a la profesora Verónica, Sami y Lucas. Se veían tan serios. Cuando nos vieron avanzar a la puerta los chicos nos saludaron tímidamente mientras la profesora nos invito a sentarnos. Les conté a Sami y a Lucas lo que había ocurrido en biología con las ranas. Como era de esperarse Lucas estallo en risas, pero Samantha se puso seria al saber que yo había deseado eso.
- ¿Qué pasa Sami? – pregunte incomoda.
- Es que escuche algo sobre eso.
- ¿Sobre qué? – pregunto Damián.
- Cuando deseas algo y se vuelve realidad involuntariamente gracias a ti. Pero no sé cómo era eso exactamente.
- ¿Será suerte o magia? – pregunte otra vez.

Para mi sorpresa Verónica y Sami se sobresaltaron casi al mismo tiempo y a la profesora se les cayeron todos sus libros de texto, incluyendo una nota. Tome la nota con cuidado para entregársela a la profesora pero ya habían llegado todos los demás y comenzó la clase. Espere a que terminara la clase para entregarle la nota a la profesora, pero esta había salido corriendo al sonar el timbre, y la seguí, Lucas y Sami hicieron lo mismo y me siguieron tratando de pararme cuando encontré en la salida del colegio a la profesora Verónica y a una chica.

La chica era de tez blanca, cabello muy rubio, corto hasta los hombros, creía haberla visto en algún otro lugar. Se veía algo tímida, a su lado estaba un chico alto de tez morena y se veía muy guapo. Me imagine que debía ser su novio por la forma que estaba tomado de las manos, mientras ella hablaba con mi profesora. Me sentí algo cohibida y decidí no intervenir y entregarle la nota mañana.

Seguí mi curso camino a casa con Lucas y Sam. Estaban algo callados, no era normal en ellos y les pregunté:

- ¿Qué les ocurre a ustedes hoy?, se comportan de los más extraño.
- Eh, es la tensión del colegio – mintió Lucas.
- Oigan, la profesora Verónica fue ayer en la tarde a mi casa a visitar a mi mamá – agregué tratando de romper el hielo.
- ¿Sí? – dijeron los dos al unisonó.
- Si, estuvo un tiempo hablando con ella. Al parecer son muy amigas, me alegra mucho. Me pregunto porque a Verónica le llama tanto la atención los libros sobre Magia. – dije.
- ¿¡De magia!? – volvieron a gritar los dos.
- Si, los vi mientras hablaba con mi madre. Y después me miro con los ojos más extraños que he visto, pensé verlos más oscuros.

Samantha y Lucas estaban algo alarmados y no entendía porque. Seguimos caminando hasta llegar a mi casa y se despidieron. Entre a la sala y no vi a mi madre, no había llegado. Subí a mi cuarto a hacer mi tarea. Cuando sacaba mis cuadernos encontré la nota que le iba a entregar a la profesora Verónica hoy, me dio tanta curiosidad leerla. Me levante a recogerla, y al parecer alguien mas ya la había leído, me imaginaba que debía ser ella. Me decidí a leer la linda y pulcra caligrafía que decía:

31 de Octubre de 1999
Atlanta - Heauston Seattle
Hola Verónica, recibimos tu carta. Déjame empezar aclarando tus dudas. Primero: Los Diamons no son malos, si lo fueran ya nos hubieran aniquilado, ellos solo tienen uno de los libros y no hubieran dudado en entregárselo a ella. Segundo: necesito que me ayudes a reunir a los viejos amigos, los Wichtter, y si puedes ayudarme a contactar a la familia Vivaldi mucho mejor, necesitaremos toda la ayuda posible para recuperar el último libro y proteger los demás. Y tercero, pero no lo menos importante: como ya sabrás que mi pequeña cumplió 13 años, ya me comienza a preocupar su seguridad, por lo que le dije a mi esposa que no le dijeran nada de lo que está pasando en estos momentos, y mucho menos de sus poderes, si algo falla tendrán que explicarle todo después. Ya he redactado mi testamento legando todas mis posesiones a mi familia. Especialmente el libro, no hay problema en que alguien lo descubra. El libro está con mi pequeña, como si fuera un cuento de hadas. Espero que nos puedas responder esta carta y nos puedas visitar pronto.

Con cariño
AB


Me quedé observando la carta atónita y sorprendida de la información que esta tenia. La leí con detenimiento una vez, dos veces, tres y hasta cuatro veces tratando de encontrarle pies o cabeza al asunto. Tenía tantas dudas como por ejemplo ¿Quiénes eran los Diamons y los Vivaldi?, ¿Qué relación tenia la familia de Cris y Sami en este asunto?, ¿De qué libro hablaban? Y ¿Quién era AB? Estaba confundida y sin creer lo que mis ojos veían.

Decidí llamar a Sami a su celular, seguro ella podría explicar lo que estaba sucediendo. Marque su número de teléfono, solo sonaba pero ella no contestaba. Me pregunte si lo tenía apagado así que comencé a llamar a su casa, alguien agarro el teléfono pero no era la voz de Sami

- ¿Diga? – era Cris.
- ¿Cris? ¡Hola, habla Cristie! ¿Cómo sigues? – pregunte aliviada al escuchar su voz.
- ¿Sigo?, ¿De qué? – pregunto confundido.
- Sami me dijo que estabas enfermo – agregué yo.
- Ah, claro, si me encuentro mejor. Gracias por preguntar – dijo el.
- Oye, ¿Esta Sami cerca? – pregunte recordando la intriga y la emoción de descubrir la carta misteriosa.
- Eh… no, ella salió hace unos minutos. Le diré que llamaste – concluyo Cris.
- Gracias, ¿Vienes mañana al colegio? – pregunte otra vez.
- No, no puedo – respondió distante.
- Bueno, en ese caso nos veremos después. Adiós Cris – me despedí aun triste.
- Adiós – fue lo único que dijo y colgó el teléfono.


¿Qué le pasaba en realidad a Cristian?, esa duda resonó durante mucho tiempo en mi cabeza. Tenía que admitirlo, ya me estaba comenzando a preocupar. Y si yo me preocupaba mucho por él seria porque… no, eso es imposible.
Deje todas mis preocupaciones a un lado y decidí darme un baño caliente, siempre me reconfortaba. Tomé mi piyama y entre al baño de mi habitación. Comencé a llenar a tina con agua caliente y espuma, me cambie y me puse mi bata de baño esperando a que se terminara de llenar.
Tuve el antojo de mirarme un tiempo en el espejo para ver mi apariencia, me lave el rostro con agua tibia y cuando me seque con una toalla que tenia al lado para verme en el espejo mejor, lo primero que logre articular fue un grito. En el espejo se veía una sombra en una de las esquinas del baño. ¡La misma sombra que me había perseguido aquel día!, de pronto todo se puso oscuro y me deje caer en la inconsciencia...


hola!!! aqui les dejo el siguiente capítulo! no se olviden de comentar y dar su opinión acerca del blog! ya que ustedes son los que le dan vida!! no saben los feliz que estoy al ver que visitan mi página los quiero muxo!!!♥ y recomiendenme para que me conozcan!. Si tienen un blog y quieren que lo lea escribanlo en comentarios!!♥
xoxo Mari R

lunes, 14 de diciembre de 2009

Luz Blanca

Capítulo 6
…me di la vuelta, y tome impulso para poder lanzarle un golpe y huir, pero de pronto:
- ¿Acaso te volviste loca? – dijo Cris apartándose de mí al ver que me puse a la defensiva, y con una increíble agilidad se zafó del golpe que le iba a propinar en el rostro.
- No, lo siento Cris, pensé que eras esa sombra.
- ¿Qué sombra? – pregunto confundido.
- Vi una sombra que me comenzó a perseguir, y Salí corriendo hasta aquí.
- Ahora que lo recuerdo, yo también la vi en tu dirección y la seguí, entonces te encontré y casi me das un puñetazo – agrego algo ofendido.
- Está bien, lo siento Cris.
- Mucho mejor, ¿Qué te parece si salimos de aquí antes de que vuelva tu sombra misteriosa?
Nos quedamos un momento pensando y mirando a nuestro alrededor, hasta que Cris dio el primer paso fuera de la cueva, y yo por instinto di uno hacia atrás. El se dio cuenta de mi miedo y me sujeto la mano, animándome a salir, por lo cual me sonroje demasiado, notó mi pena y me dedicó una gran sonrisa.
Salimos del bosque y llegamos a una de las aceras del pueblo, cerca de una librería donde nos encontramos con Sami y le contamos lo que sucedió hace unos momentos, la cual abrió exageradamente los ojos, sorprendida y después frunció el ceño y dijo:
- Ojala hubiera ido con ustedes para darle un buen puñetazo a ese idiota que te perseguía – agregó Sami haciendo gestos con el puño.
Llegue hasta mi casa y me despedí de mis nuevos amigos, entre y me dirigí hacia la cocina a tomar algo de agua, de pronto escucho unas risas que venían de la sala, podía identificar una que era la de mi madre, sin duda alguna. Caminé con cuidado hacia esa habitación y me encontré a Yess hablando y riendo con mi nueva profesora de Literatura, Verónica Suarez.

- Hola Cristie, ¿Por qué llegaste tan tarde? – Preguntó mi madre.
- Me tarde un poco, estaba con mis nuevos amigos.
- Oh, tienes que invitarlos un día para conocerlos.
- Por supuesto mamá.
- Hija, ¿ya conocías a Verónica? – preguntó Yess.
- Si, la acabo de conocer hoy. Es mí…
- Profesora de Literatura. Hola Cristie – agrego antes de que yo pudiera terminar mi frase.
Verónica andaba vestida con una blusa larga de seda rojiza que entonaba perfectamente con su cabello que se encontraba suelto alrededor de sus hombros, también tenía unos pantalones muy cómodos, y sorprendentemente unos tenis en vez de tacones. Note donde estaba sentada tenia además de su bolso, unos libros que parecían algo viejos, me llamo la atención uno, era negro con título de letras doradas brillantes y decía: “La magia en vísperas de enemistades”. No pude ver el autor o la fecha, ya que lo oculto al darse cuenta de que yo lo estaba mirando y agregó:
- Creo que me tengo que ir Yessica, se me presentó un inconveniente y debo partir. Hablamos luego.
- Por supuesto Verónica, no hay problema – dijo mi madre con tono tristón – Ah espera, por lo menos llévate los libros que buscabas.
Yess salió de la sala, mientras que me encontraba a sola con la profesora Verónica y me estaba mirando fijamente. Hasta ese entonces no me había percatado que sus ojos azul turquesa se habían oscurecido mas, casi a un azul rey. Me sobresalte al darme cuenta de lo ocurrido, y ella notó mi cambio, iba a decir algo pero mi madre llegó en ese momento y le entrego los libros a ella.
Mi madre, Verónica y yo salimos de la casa y nos despedimos de ella, y esta se despidió de modo cortés pero distante de nosotras, y salió rápidamente a su auto deportivo de color vino tinto. Mi madre comenzó a entrar otra vez a la casa, y Verónica ya había encendido su auto y se había marchado, aunque iba tan rápido que pensé que iba a chocar con algún auto, pero me relaje un poco al ver como se alejaba con presteza de los demás autos y se perdía en la vuelta de la esquina.
Me quedé un largo rato hablando con Yess de cómo me fue hoy en la escuela, y de cómo le fue a ella en su trabajo, y luego me fui a mi alcoba a hacer mi tarea. Tenía muy pocos deberes del colegio ya que solo era el primer día de clases, así que cuando terminé, tomé mi laptop y me puse a navegar en el internet. Tenía varias páginas abiertas, Facebook, ya que estaba hablando con mi nueva amiga Sami, que cada vez mas teníamos algo en común. También me metí en una página que me había llamado la atención la semana pasada, se trataba de magos y cosas por el estilo.
Me gustó las historias de cómo relataban las vidas de los magos de antes, ya que si era cierto que habían cazado magos y brujas en el siglo XIV, pero no eran las típicas historias de libros que solía leer como Harry Potter, ya que según esta página, los magos y brujas podían utilizar sus poderes mentalmente, y requerían mucha concentración, pero no tenían que usar varitas mágicas o decir palabras como Abracadabra.
Habían imágenes muy feas de cómo matar a una bruja, como quemándola viva, ahogándola en el agua, descuartizándola o partiéndola en dos. Eran terroríficos con tan solo leerlo. Claro, pero antes todos creían que cualquier mujer era bruja, así que me imagino que muchas murieron…
Me encontraba afuera de lo que parecía ser una iglesia con un numeroso grupo de gente que vestían al estilo XIV, me preguntaba a que debía tanto escándalo, en ese momento escuche gritos. Voltee hacia mi derecha y vi a tres personas que tenían antorchas y dos sujetaban a una chica que podía ser…no, imposible. Me acerque entre la multitud para ver quién era la chica que causaba tanto revuelo. ¡Era Samantha, era ella lo sabia!, y al parecer grite para detenerlos pero no salió mi voz y entonces pude ver como el fuego comenzaba a alcanzar sus pies, de pronto vi una hermosa luz blanca donde estaba Sami, quien me sonrió y miro a su derecha, ahí también estaba Cris, Lucas y Verónica, mi profesora, y todos desaparecieron en la hermosa luz sin dejar otra cosa que una hoguera en el suelo.
Desperté en mi habitación, y me di cuenta de que debí haberme quedado dormida y mi mamá recogió mis cosas y me había arropado en mi cama. Mire el reloj y casi me caigo de la cama al ver la hora 7:23 a.m, ¡Ups! Otra vez casi me quedé dormida. ¿Pero como un sueño tan corto podía durar tanto?, trate de recordar que había soñado exactamente y me dio un escalofrió al recordar lo que casi le pasa a mi nueva mejor amiga en el, ¿Pero que era esa extraña luz blanca que vi en él?, no entendía nada, me imagine que sería producto de todos mis recuerdos del día anterior mezclados con algo de azucarado que comí antes de quedarme dormida. Me levanté rápido a asearme y vestirme, para bajar con mi madre a la cocina quien me saludo con una extraña sonrisa.
- Hola Cristie buenos días – saludo alegre mi madre.
- Hola mamá, no entiendo tu chiste ¿Me podrías explicar por qué estas tan alegre?
- Me imagino que recuerdas la visita de tu profesora Verónica ayer, es una mujer muy gentil.
- Si – era lo único que podía decir.
- Como ya nos viste ayer, me imagino que entenderás que me ha caído muy bien y ha sido muy hospitalaria con nosotros. Me insistió en que nos podía dar una vuelta este fin de semana por el pueblo para conocerlo.
- Ah, me parece bien – comenté.
Espere a que mi madre saliera risueña de la cocina y comencé a prepararme mi improvisado desayuno, hojuelas de maíz y leche. Algo fácil. Después de desayunar Salí a la escuela, y me encontré con Sami y Lucas que me esperaban cerca.
- ¡Hola Cristie! – saludaron al unisonó.
- Hola, ¿y dónde está Cris? – pregunte confundida.
- Eh… él ha estado algo enfermo y no ha podido venir hoy – dijo Lucas.
- ¡Qué mal! ¿Qué tiene? – pregunte alarmada.
- Tranquila Cristie, solo tiene fiebre – dijo relajada Sami.
- ¿Podría visitarlo al salir del colegio?
- Lo siento, te puedes contagiar – dijo Lucas sonriendo – ¡a menos que quieras andar con un pañuelo soltando estornudos y mocos por todas partes!
- ¡Lucas! – exclamé, aunque no pude evitar reírme, Sami hizo lo mismo.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Déjà vu

Capitulo 5
Estaba en lo cierto, del otro lado de la cafetería venían Cristian y sus dos acompañantes, noté que ya no solo era él quien me miraba con hostilidad, también sus dos amigos hacían lo mismo. Me quede de piedra cuando llegó y dijo:
- Quién es ella Sami? – preguntó y su voz era menos agresiva de lo que pensaba, más bien era dulce y calmada.
- Ah, ella es nueva en la escuela, se llama Cristie – me presentó ella con una sonrisa que aun no podía entender.
- Oh, mucho gusto soy Cristian, disculpa por la mala educación que mostré anteriormente.
- Si ya lo note – dije sorprendida.
- Pensé que al primer momento que llegaras ibas a conocer a Regina y su club de zombies vivientes que se pasan el día con ella y el club de porristas, pero como le tiraste la comida encima… - no pudo continuar hablando porque contenía la risa.
- Oh si gracias. – admití, también me había dado risa ver la cabeza de Regina cubierta de espaguetis.

Todos no reíamos, cuando de pronto alguien carraspeo su garganta y me di cuenta que era uno de los amigos de Sami y Cris.
- Cristie, ellos son mis amigos Damián y Lucas – dijo Cris con diversión.
- Mucho gusto, Cristie – se presentaron los dos al mismo tiempo con gesto burlón.

Lucas era alto, delgado y rubio, de tez clara, tenía la cara perfilada con algunas pecas y sus ojos eran verdes claro. Mientras que Damián era alto, musculoso, de tez blanca, y cabello castaño algo erizado, tenía cejas espesas y ojos oscuros, lo que le daba ese aspecto amenazador.
Nos quedamos algunos minutos hablando de las clases que compartíamos, mientras que Lucas decía chistes sin parar, hasta que convenientemente Sami le dio un buen manotazo por la cabeza, al mismo tiempo que sonó el timbre para volver a clase.
Las clases pasaron súper rápido con mis nuevos amigos junto a mí, hasta que llegó la hora de salida. Yo quería irme caminando a mi casa, ya que no me quedaba muy lejos, y mis amigos Sami y Alex vivían cerca de allí. Me despedí de Lucas y Damián y salimos a caminar cerca del bosque cuando…
- ¡Hey esperen! Necesito hablar con el profesor de Historia, sigan ustedes dos, adiós – dijo Sami corriendo hacia el colegio.
Cris y yo caminábamos casi en silencio, apenas hablamos. Llegamos a una calle que se conectaba con un bosque y de pronto me vino una sensación extraña, y me detuve.
- ¿Qué pasa? – preguntó Cris.
- Creo que conozco este bosque – dije algo confundida ante mi razonamiento.

Comencé a adentrarme en el bosque, caminando, sentí un leve apuro, así que camine aun mas rápido. Sin darme cuenta ya estaba corriendo cuando pare. Yo ya había visto este lugar del bosque, ¿pero cómo?, era mi primera vez en él desde que vivo en Heauston. Todo estaba tranquilo, y oscuro a la vez, hasta que oí un fuerte…

Crack.

Salte del susto y empecé a mirar dentro del bosque, buscando aquel sonido, pensando que sería algún animal…

Crack, crack.

Sabía que eran pasos de una persona, hasta que pude ver una sombra a punto de acercarse. Sin pensarlo dos veces, empecé a correr. Mientras mas corría, mas me adelantaba la sombra, y me di cuenta que era lo extraño y lo familiar de esta situación, estaba viviendo un raro caso de Dejavú, en el que desconocía los detalles, y el final.

Seguí corriendo, presa del miedo, cuando se me ocurrió la idea de girar a la derecha. Genial, eso tal vez lo confundiría, y lo intenté y gire. Funciono, mi sombra se confundió y no podía verla.
Ahora me encontraba en un extraño claro, en el que estaba rodeado de arboles y en su centro estaba un lago que reflejaba los finos trazos coloridos del atardecer, cerca encontré una cueva, podía servirme de escondite hasta poder encontrar el camino correcto a mi casa. Llegué hasta la cueva y me quedé pensando en donde estaría aquella persona que me seguía en el bosque. Pensaba, y me preguntaba, solo eso, hasta que sentí un frio aliento en mi hombro derecho, ¡Estaba detrás de mí!, ¿Cómo había llegado tan rápido?. Una fría mano me aferro por el hombro y entonces…

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Vaya bienvenida a la escuela…

Capítulo 4.

Entre a la escuela a buscar mi primera clase, lo cual era un enigma que resolver con el horario de clases que me habían dado en la dirección. Según mi primera clase era Literatura, genial, mi primera clase y mi primer retardo. Cuando al fin encontré el salón de clases toqué la puerta dos veces por educación antes de pedir permiso para entrar, y me sorprendí al ver a la profesora esperándome en su asiento con una gran sonrisa dibujada en su rostro, los chicos se quedaban embobados mirándola. Parecía una de esas actrices sacadas de la televisión, tez clara, cabello rojizo de un color muy parecido a l vino, sus ojos eran azules ¡Pero tan lindos! , y su cuerpo… – bueno se notaba que debía ir mucho al gimnasio, como si la hubieran colocado en un comercial del después de una rutina de ejercicio milagrosa- notó mi timidez, y se levanto y dijo:

- Entonces tú debes ser la alumna nueva veamos… - reviso su lista mientras buscaba mi nombre – Cristine Brians, mucho gusto, soy tu profesora de Literatura la Srt. Veronica Suarez.
- Gracias, mucho gusto también – dije mientras me sentaba en uno de los últimos puestos aun apenada.

Las clases siguieron algo lenta para mí, aunque no aburridas. Me sentí aliviada cuando llegó la hora del almuerzo, y claro está como era la nueva y no había conocido a nadie me tenía que sentar sola. Tome mi almuerzo y caminé en dirección de una mesa vacía, de pronto sentí que me miraban, voltee a mi derecha y me sorprendí al ver que un chico – de tez clara, alto, cabello negro, y de ojos azul oscuro, pero muy intensos, aunque debía admitir que era guapo – me miraba de una forma muy extraña hizo que perdiera el equilibrio, para no caerme me apoye de una mesa que se encontraba a mi izquierda y se me cayó la bandeja de mi comida a una chica tipo barbie que tenía al lado – de tez blanca, cabello muy rubio y ojos azules-, gritó y sus amigas que parecían clones, ya que solo usaban prendas rosadas o azul pastel hicieron los mismos gestos de indignación.

- ¡Tú! ¡Acaso no mes por donde caminas? ¡Torpe! – gritó y me señalo con uno de sus dedos de manicura perfecta.
- Lo siento, no te vi, fue un accidente, mi nombre es Cristie y soy… - antes de que terminara me callo con una mano y se fue caminando como modelo de pasarela.
- Te aconsejo que te alejes de ella – me dijo una voz que parecía ser de una chica a mis espaldas.

“Vaya bienvenida a la escuela”, pensé para mis adentros. Volteé a verla y si era una chica. Era de tez blanca como yo, de cabello castaño, liso pero con un poco de ondulaciones, sus ojos eran de un marrón intenso, pero muy bonitos, iguales a los del chico que me miró anteriormente. Vestía una blusa suelta de color azul claro con un estampado plateado, unos jeans oscuros y unos Converse azules.
- Me llamo Samantha Wichtter, pero dime Sami, me imagino que debes ser nueva, ya que no te había visto por la escuela, además que nadie que conozca a Regina, es capaz de lanzarle comida encima – agregó con una sonrisa divertida.
- Mucho gusto, pero ¿Quién es exactamente Regina?
- EH… - Pensó ella vacilante – Regina Louge es algo así como la reina del colegio, o eso se cree ella, es la capitana del…
- … Equipo de porristas, si, me lo imagine. – agregué para terminar lo que ella iba a decir.
- Si adivinaste, igualmente ten más cuidado, no es muy cariñosa que digamos y mucho menos si le arrojas comida encima.
- Oh, fue un accidente. Es que me asusté un poco de un chico que me estaba mirando, y no vi la bandeja y… cayó en la cabellera de la barbie.
- Ja ja ja, aunque fue algo gracioso ahora te va ver con la vista gorda. Por cierto, ¿Cuál era ese chico que te estaba mirando?
- Eh – comencé a buscarlo y lo encontré en un extremo de la cafetería con dos chicos más, igual de altos y amedrentadores que el – ahí esta – lo señale con el dedo, que se dio cuenta al instante y me dedico una extraña mirada de confusión.
- ¡Ups! – exclamé.
- Ah, el es mi hermano Cris. – dijo ella algo avergonzada por el comportamiento de su hermano – El es algo agradable cuando lo conoces.
- Eso espero, porque aquí viene – dije algo asustada…

lunes, 7 de diciembre de 2009

¡Hoy es el día!

Capítulo 3

Sentí un dolor en la cabeza y estaba en mi habitación, me había caído de la cama. Si tan solo hubiese visto la cara del perseguidor en mi sueño que ahora parecía tan borroso. Me pregunté qué hora era ya que tenía que estar en la escuela a las ocho en punto, sin retrasos, para mi primer día de clases, en mi nueva escuela… me quedé pensando cuanto había cambiando todo hace un año o dos, cuando tenía amigos en mi otra escuela, lo extrañaba. Genial, ahora tenía que hacer otros amigos, y no era precisamente muy carismática o muy sociable como para considerarme popular. No me gustaban nunca los equipos de porristas, o maquillarme, o hablar de bandas de chicos idiotas que solo eran lindos, o cualquier cosa que hacían esa clase de chicas. No soy a las que les gusta salir con el equipo de chicas superficiales al centro comercial a coquetear con chicos, y a encontrarme con “mis amigos”, – “amigos”, ya que solo considero amigos a las personas sinceras que no son hipócritas, y cuando andas en algunas fiestas conoces ese tipo de personas mentirosas – o cosas por el estilo.

Mire el reloj digital de mi mesa de noche cuando vi la hora salte del susto y me volví a caer de la cama. Eran las siete treinta.
- ¡rayos! – exclamé con resequedad en la voz.

Me levante a la velocidad de un rayo a buscar la ropa más cercana posible y adaptable a mi nueva escuela – y a mí, ya que solo era una blusa gris suelta, unos jeans que había que admitir estaban muy apretados, pero se me adaptaban bien a mi cuerpo, unos Converse plateados – que eran mis favoritos – y una boina gris en mi cabeza. Me arregle rápido, debería decir demasiado rápido, pero aun así me gustaba mucho como me había vestido, y no me tuve que maquillar, como otras chicas de 16 que pasan horas ante el espejo. Bajé a la cocina a desayunar cuando mi mamá me sorprendió con un típico:
- ¡Sorpresa! – anunció Yess con voz cantarina.
- Oh vaya huele muy bien, gracias mamá.
- ¡Hoy es el día! – exclamó con algo de emoción – tomé la precaución de preparar el desayuno perfecto para hoy, tu favorito, Pan Francés de manzana.
- Gracias otra vez mamá – dije aun con comida en la boca.

Cuando terminamos de comer y limpiar, mi madre me llevó a la escuela en su auto, era un Mercedes ben plateado. Claro, no teníamos mucho dinero, éramos la pequeña familia promedio, que vivía en una casa promedio del lindo vecindario del pequeño Heauston, aunque eso no me importaba.

Íbamos llegando a la secundaria Damián Heauston – nombrada así por su fundador – y mi mamá detuvo el carro y me dijo:

- Suerte en tu primer día de clases, se que te va a ir fabuloso – me abrazó y después agregó – sin presiones, hoy solo es tu primer día, y sé que harás buenos amigos.
- Gracias, suerte en tu nuevo trabajo, te quiero mamá. – salí del auto y le lance un beso invisible.

martes, 1 de diciembre de 2009

El comienzo: Cristine☆★

Capítulo 1.
Mi nombre es Cristine Merry Brians, pero todos me dicen Cristie, desde que tengo memoria, soy la típica adolescente de 15 años, según mi madre- Yessica, a la cual todos le dicen Yess- todavía soy una niña pasando la temible “etapa de crecimiento”, lo cual también me atemorizaba cuando me daba sus charlas de mujer a mujer. Algunas veces a Yess le daban arrebatos de locura sobre que actividades podemos hacer como madre e hija, yo solo aceptaba con una pequeña sonrisa todas las fases alocadas de mi madre como ir de compras, y elegir todo lo que a ella le gustara, y descartaba todo lo que según ella todo lo que no me quedaba bien- que casualmente terminaban siendo camisas que dejaban ver el ombligo y minifaldas- o cuando nos inscribió a un curso de comida italiana.

Debo admitir que comencé a ser más unida con mi madre desde que falleció mi padre Adrian hace un año por cáncer en el estómago, aunque mi familia y yo nos enteramos tarde como para hacer algo al respecto, el lo acepto con mucha facilidad y disfruto sus dos meses de vida feliz y despreocupado, esperando que al ver la muerte le resultara todo más fácil, como visitar a un viejo amigo que te estaba esperando.

Ahora tengo que empezar mi nueva vida en Atlanta, lo cual no me importo mucho hasta ahora, ya que mi mamá cree haber sentido una “presencia paranormal” o algo por estilo en nuestro antiguo hogar en Texas, yo no creo mucho en fantasmas o espíritus que andan por los cementerios o casas abandonadas, o cosas por el estilo. Yo solo acepte el cambio de mi hogar a mi “nuevo” hogar con otra sonrisa forzada, solo para hacer feliz a Yess.
La relación de Yess y la mía no eran tan perfectas, pero estaban muy bien así. No somos idénticas en el físico claro está, ya que yo soy de tez blanca,-o debería decir tez muy blanca, casi imposible de broncear- cabello castaño claro, ondulado, con el rostro perfilado, muy parecidos a mi padre. Aunque debía admitir que si herede algo de mi mamá, que eran sus ojos grises, sus típicos ojos grises que son tan fáciles de leer que casi pareces estar leyendo su mente, y claro, sería un verdadero descuido olvidar lo fácil que nos ruborizamos las dos. Mi madre era alta, de tez blanca, colorida, muy fácil de ruborizar, de cabello castaño claro liso y corto, de cara redondeada. Pero en el carácter éramos casi exactamente iguales, nos enojamos exactamente igual, tenemos los mismos hábitos, como comer nuestro antojo favorito los domingos que es el Sushi, o leer y tocar música, ella toca guitarra, mientras que yo solo se tocar el piano -lo cual aprendí muy fácil gracias a ella-. Pero también están esos malos hábitos tan conocidos de nosotras, como ser exageradamente descuidadas, o no poder decir mentiras, ya que aunque las dijéramos, terminaría siendo peor, porque nos delatamos con la mirada, aun así he tenido una buena relación con ella durante 15 años…