Capitulo 16
- Síganme chicos –Verónica salió al jardín mientras levitaba unas cuantas rocas y hacía un circulo con ella.
- ¿Puedo encenderla? ¡Anda di que si! –rogó Lucas, pero Cris se le adelanto. – Idiota.
- Fisgón –masculló el otro.
- Basta. Cristine ahora solo quiero que te sientes con nosotros y escuches atentamente todo lo que te voy a decir. ¿Entendido?
- Si –dije mientras me sentaba cerca de la fogata, al lado de Sam.
- Hola brujita. ¿Ya lo sabes no? –se sentó Scott a mi lado y yo me recosté de su regazo.
- Por supuesto, si no lo supiera no hubieras venido.
- Igualmente iba visitarte al rato.
- Creo que no hará falta –sonreí.
- Bueno, empecemos. Me imagino que sabes que todos los que estamos aquí somos magos y brujas.
- Pero… –miré a Rachel. Se iba a enterar si Verónica lo contaba así.
- También es una bruja, al igual que los Diamons, los Wittcher, el señor Jason a mi lado, tú y yo.
- Ah –que lenta era.
- Tranquila no hay problema. Te relataré el principio de todo esto…–Verónica se puso seria– A los magos y brujas se nos conocía desde hace bastante tiempo, en el inicio e todo esto, se nos llama Strigoi, del término romano strix que significaba búho, que también pasó a significar demonio o bruja, claro, esta es un rumor más creado en Rumania, pero nosotros no nos tenemos que igualar a ese tipo de brujas. en algunas regiones, se nos conoce como brujas diurnas y nocturnas. Se supone que las nocturnas son esencialmente malvadas, casi cercano a un demonio, mientras que las diurnas conviven sin dificultad con el resto del grupo y rara vez hacen daño, esos somos nosotros.
- Se nos comenzó a conocer alrededor de mundo, infundiendo miedo a todos los habitantes de cada pueblo, y así empezó la Santa Inquisición.
Papa Inocencio VIII, creó la llamada Santa Inquisición, el 5 de diciembre del año de 1484, con la que se legitimó la persecución de brujas, tortura y ejecución, generalmente ardiendo en la hoguera, empezando así La Inquisición a perseguir la hechicería, tanto a las brujas nocturnas, como a nosotros, las diurnas.
- Siempre termino pagando yo, lo sabia – murmuró Lucas, y Cris lo cayó
- Gracias –asintió hacia Cris. – Me imagino que has escuchado sobre la casería de brujas en Salem. Todo eso surgió alrededor de los años 1600 y 1700, donde todos sospechaban de todos, y la cacería de brujas era muy popular. Nuestros ancestros vivieron allí, todos, algunos como nuestros padres huyeron, otros murieron, y una pequeña minoría aun vive allí, en secreto. Las familias como las nuestras, se refugiaron un tiempo en Francia, y otras en Italia –miró a Rachel– Los Gómez, Wittcher, y Jason nos refugiamos un tiempo en Francia, donde vivíamos perfectamente en armonía durante más de 150 años, pero tuvimos que cambiar nuestros planes cuando los Louge (Ora familia antigua de magos y brujas) llegaron y se apoderaron del lugar, ya que eran muy hostiles, y se algunos se convirtieron en Condes y Duques cuando estuvieron allí, entre ellos y nuestros ancestros tuvieron que huir a Italia donde conocieron a otros magos.
»Conocimos a los Diamons y los Vivaldi, que nos enseñaron el tranquilo estilo de vida que tenían en Roma. Conocimos a los Chianielli, nos abrieron paso a sus conocimientos con los brazos abiertos, nos consideraban ya de su familia. Y al pasar de los años conocí a Adrians Brians, descendiente de los Chianielli, único heredero de aquella gran familia, era un mago talentoso, inteligente y muy astuto, más de todos los que pude conocer –río–. Aun heredaba y aprendía nuevos hechizos con la poca edad que tenia, y junto a todas nuestras familias creamos los libros, aquellos libros que mostraban el conocimiento de casi más de 300 años, pura sabiduría en esas páginas.
Los Louge, consientes de nuestra fama entre otros magos y brujas de Francia, se enteraron del conocimiento que teníamos en nuestras manos. Y decidimos esconderlos –dio una pausa y suspiró– si algunos de ustedes quieren irse mientras relato esto, lo entenderé.
Los Louge nos localizaron a nosotros, mas no a los libros, y asesinaron a muchos de nuestros familiares sin piedad, nuestros padres, autores de los libros. Cada uno de nosotros tuvo el deber de esconder un libro, dividiéndolo así en cinco, Adrian creó un sexto libro, aunque de eso no estamos seguros, ya que él nunca nos contó eso, pero con las pistas que te dejó creemos que sí, que era cierto, y que escribió un solo sobreviviente, tu padre Cristine. Mi padre, Benjamín Gómez, nos encontró un escondite a mi madre y a mí, mientras el salió a esconder el libro que tenía en sus manos, el estaba seguro de que no lo atraparían, tomó muchas previsiones, pero eso no fue suficiente. Murió con valentía tratando de esconder uno de los libros más peligrosos de todos, pero lo encontraron y se hicieron con el libro. Creo que el libro más peligroso que hay, tuvieron el conocimiento del asesinato, la tortura y el dolor, Los Louge se fueron extinguiendo hasta que solo quedó un descendiente.
Adrian –respiró profundo antes de continuar, sabía que venía algo feo. Me encogí ante ese sentimiento y Scott me dio un apretón en la mano, estrechando mis dedos en señal de aliento – El huyó de Italia con tu madre, y el enemigo hizo lo mismo, tu padre me alertó de esto, el sabia que ocurriría más adelante, solo quedaba una opción, reunir todos los libros y destruirlos, él sabía que se acercaba el momento de que el descendiente de los Louge, Miagmeli Logue, lo buscaría, a él y al libro.»
Tu padre fue valiente, y la enfrentó, a pesar de lo difícil que fue para el abandonarnos siguió siendo fiel a nosotros, y defendió el secreto, falleciendo. –Unas lágrimas se deslizaban por los ojos de Verónica y Rachel– Esa es toda la historia, la razón de que te hubieran mentido, y ocultado el secreto, fue por tu seguridad y la de tu madre, se que entiendes eso. Lo siento, yo fui una de las principales personas que debía de contártelo, pensé que eras débil, que no ibas a soportarlo, pero eres muy fuerte Cristie, al igual que tu padre, aunque te persigue el descendiente de Miagmeli Louge, tú sigues luchando. Ahora que sabes todo, espero que nos ayudes a encontrar el sexto libro, mientras recuperamos el quinto, los otros cuatro están a salvo, pero necesitamos tu ayuda, tu padre dejó pistas y sabemos que eres la única que puede descifrarlas.»
Cuando Verónica había terminado, sentí como me ardían los ojos, no lloré por la ausencia de mi padre, o por las demás muertes, si no por amor, el mismo que había sentido el por mi antes de irse, protegiéndome, a mí y a mi madre, solo amor. Oculté mi rostro en el pecho de Scott, quien me abrazó en señal de asentimiento, mientras sentí una mano en mi mejilla, era la de Sam, quien me entendía, siempre lo hacía. Me enjugué las lágrimas y traté de aclarar mi garganta lo más que pude para poder hablar.
- Los ayudaré, se los prometo –mi voz se quebró en la última frase.
- Gracias –dijo Verónica– Creo que ya es tarde y tienen que irse a sus casas. Yo me tengo que quedar un rato cuidando a estos gemelitos – señalo a Sam y Cris, quien me miraba preocupado.
- Adiós Cristie, nos veremos mañana – dijo Lucas. Que por primera vez estaba serio.
- Adiós – se despidió Rachel y desaparecieron.
- Me tengo que ir. Lo siento. –comenzó a decir Scott mientras me quedé sentada en el suelo, no me podía mover, me besó la frente y se despidió con Charlotte, quien tenía la cara roja, tratando de contener unas lagrimas.– Adiós.
Me quedé allí sentada, no soportaría que mi madre me viera así mientras llegaba, y no la quería esperar sola en casa. Miré a mi amiga y se sentó a mi lado.
- Si quieres te puedes quedar hoy aquí. Haremos una piyamada ¿Te parece? –me preguntó ella.
- Pero no traje piyama –balbucí mientras me limpiaba el rostro.
- No hay problema. Vuelvo en unos momentos. –se paró y no la vi mas, ya que bajé la mirada al suelo, pensé que estaba sola.
Vi una mano que se extendía en mi dirección, era la de Cris, la tomé y me ayudó a levantarme. Me sostuvo con cuidado por los hombros mientras me llevaba a la sala.
- Lo siento, sé que es bastante duro para ti todo esto, pero hay que solucionar todo esto.
- Lo sé.
- ¿Quieres cenar algo? Verónica nos está haciendo la cena.
- No, gracias. –me miró preocupado por mi respuesta mientras me senté en unos de los muebles de la sala.
- Te traeré algo de beber por lo menos.
- Está bien.
Salió de la habitación mientras yo me quedé mirando la sala, era grande, en una esquina vi un piano de color negro, no resistí la tentación, y lo que sentía en ese momento me llevó como si fuera hipnotismo propio hacia él.
Me senté en el piano mientras mis dedos comenzaron a tocar casi inconscientemente una pequeña canción de cuna, me la había compuesto mi padre hace años, cuando estaba pequeña. Siempre me hacía sentir mejor, una lágrima resbaló por mi mejilla, la dejé correr, estaba sola en ese momento, no importaba.
Sentí un tacto cálido por donde había caído mi lágrima, toqué mi mejilla y estaba la mano de Cris, a mi lado.
- Eh, aquí tienes. Te calmará un poco los nervios. –me entregó el vaso.
- Gracias –murmuré antes de beber un sorbo, sabía bien.
- Tocas hermoso el piano, no sabía que supieras.
- Oh. Lo siento, no sabía. Pensé que…
- No importa, es mío.
- ¿Tú también tocas piano?
- Si.
- Con razón Sam tienes tantas canciones de piano.
- Si, la tonta toca violín, no quiso aprender piano, al igual que yo.
- Tienen tantas cosas en común –pensé– Pero a pesar de todo, son tan diferentes.
- Si, aunque tienes sus ventajas. ¿Me permites?
- Oh. Claro –me levanté para dejarlo tocar en el piano, pero sujeto mi brazo.
- No, quédate.
Comenzó a tocar una melodía muy linda, me encantaba, no era fuerte, solo calmada. Era perfecta, angelical, hermosa. Escuchaba con atención sentada a su lado, sus manos se deslizaban por las teclas, casi parecía que solo las estuviera rosando, mis ojos se nublaron otra vez, seguro iba a llorar, el miró mi rostro y se detuvo.
- Lo siento, no sabía que no te gustaba esa.
- No, todo lo contrario. Es muy… hermosa.
- Me alegra oír eso, verás...
- ¡Hola! – saludó una vocecita conocida mientras aparecía corriendo por la sala –Me tardé un poco por que le expliqué a tu madre que te ibas a quedar aquí, y tomé algunas cosas de tu cuarto, ya sabes para la piyamada… ¿Qué hacen?
- Le enseñaba una canción a Cristine. –respondió Cristian algo cohibido mientras se levantaba.
- ¿Cuál? –preguntó Sam.
- Eh… la canción, la que aun no tiene nombre.
- ¡Aaaah! Ya sé cual, es muy linda ¿verdad Cristie?
- Si, es preciosa. –Cris sonrió radiante, aunque se había ruborizado.
- Déjame llevar eso a la cocina –tomo mi vaso que ahora se hallaba vacio mientras iba a la cocina.
- Y… ¿Qué quieres hacer primero? –preguntó Sam.
- No me digas que te vas a poner como las chicas de la tele, con ese club y esas piyamadas…
- ¡Solo es por diversión!
- De acuerdo… ya me está molestando eso de que me convenzas todo el tiempo.
- A mí me encanta. ¿Y por fin?
- Me gustaría oírte tocar violín.
- ¡Oh! Claro. Te daré un concierto especial. Espérame solo un momento…
Subió corriendo las escaleras en dirección a su cuarto, la esperé a que bajara, Verónica y Cristian habían vuelto a la sala y se sentaron conmigo.
- ¿Te sientes mejor? –preguntó Verónica.
- Si, gracias.
- ¿Dónde está Sam?
- Aquí viene a punto de darnos un concierto a los tres –dijo Cris. Al minuto llegó Sam con su violín, de color marrón oscuro, tenía unas pequeñas letras plateadas en un costado, me acerqué para leerlas mejor solo decía Sweet sinfony (Dulce sinfonía).
- Empiezo.
Se paró en el centro de la sala, y comenzó a tocar. Sus tonadas eran finas, agudas y delicadas, eran muy lindas. Me quedé escuchando atenta mientras ella tocaba, terminó la primera canción, y empezó la siguiente, era alegre, viva, contenta. Ella sonreía mientras tocaba, la música nos contagió a todos, que estábamos alegres.
A la mitad de la tonada llegó la Sra. Wchitter entrando en la sala. Parecía algo cansada, nos miró y me saludó.
- Hola Cristine, tu madre recibió una llamada en el trabajo, al parecer una chica le dijo que te ibas a quedar a dormir aquí.
- ¡Hola mamá! ¿Cristie se puede quedar hoy conmigo? –rogó Sam.
- No hace falta que lo preguntes Samantha, ya sabes la respuesta.
- ¿Es un sí?
- Siempre es bienvenida en mi casa.
- ¡Gracias mamá! Estaba en medio de un concierto ¿Quieres unirte a mis fans?
- ¿Fans? –preguntó Cristian.
- Bueno, seguidores.
- Yo no te sigo ni la sombra.
- ¡Mami! Se está metiendo conmigo –hizo puchero mientras abrazo a su mamá.
- No seas así, déjala divertirse un rato, Cristian. En realidad no puedo hija, estoy algo cansada, y ha sido un día muy largo, si quieres seré tu fan número uno mañana.
- Está bien –añadió.
- Adiós muchachos –y desapareció.
- Adiós nana –dijo Cris y todos reíamos.
Quedamos Sam, Cris y yo. Sami siguió tocando cuando Cristian se levantó y dijo:
- Vetadme de tu concierto. Estoy algo ocupado ahora, lo siento.
- Igualmente mi seguidora incondicional es Cristine ¿A que si Cristie?
- Si.
- Es mi hermana, pero aun así ¿Cómo lo soportas? –me preguntó.
- Es como mi hermana querida –dije mientras abrazaba a Sam.
- Entonces… ¡Somos hermanas! –saltaba Sam conmigo.
- Al fin te separaste de tu gemelo ¿Ah?
- ¡Bueno! ¡También eres nuestro hermano! ¡Mío y de Cristie! –hizo una mueca y cerró fuertemente los ojos.
- ¡Ni soñando! –nos guiñó un ojo y se fue.
- ¡Qué frágil!
- ¡Te escuché boba! -gritó Cris desde arriba. Solté una risilla.
- Ahora solo quedamos tú y yo. ¡Si, noche de chicas!
- Yupi –sacudí las manos fingiendo emoción.
- ¡Oh vamos! Sígueme, arriba esta tu piyama.
Sam y yo caminamos hasta su cuarto. La habitación de Sam estaba diferente, en su cama de madera clara, había otra más pequeña, al parecer era de esas camas dobles o algo así. Mi piyama y mi neceser estaban en una esquina de la cama de Sami.
Me cambié en su baño y me puse mi piyama rosa, mientras ella ya tenía puesta una casi del mismo color, lo había hecho a propósito.
- ¿Lista? ¿Qué tal si empezamos pintándonos las uñas? – salía de su baño mientras sugirió su idea.
- De acuerdo.
- ¿Es muy de colegiadas no? – reímos mientras sacaba un gran estuche repleto de pinturas, brillos y adornos para las uñas.
- Sí, pero está bien así.
- Excelente. Pásame tu mano derecha. ¿Qué tal si las combinamos con los disfraces?
- Me encanta, quiero unas arañitas en mis uñas.
- Perfecto, yo me quiero poner un gato negro en las mías.
Pasamos rato pintándonos las uñas, mientras nos colocábamos esmalte, brillo, decorado. Me aburrí un poco cuando Sam ya estaba terminando mis uñas, le pinté la cara con pintura negra.
- ¡Qué osadía!
- Si les das una mano, te toman el brazo – le recordé mientras le pintaba también su brazo derecho.
- ¡Hey! – comenzó a defenderse con brillo, por lo menos era transparente.
Duramos un rato pelando y riendo, por lo menos nos distrajimos un rato. Cuando nos miramos en el espejo estábamos todas llenas de manchitas de diferentes colores, carcajeamos otro rato mientras íbamos a lavarnos las caras y los brazos.
- ¡Arg! ¡Esta no sale! – salió Sam mientras corría al cuarto de su madre para encontrar con qué quitar la pintura morada que le dejé en la mejilla.
La esperé un rato, ya que Sam estaba buscando a ciegas en el cuarto de la Sr Wichtter, ya seguro se había dormido, ya era tarde, lo más seguro era que sí. Al momento escuché una canción de piano desde la sala, bajé a ver qué era lo que sonaba…
Hello! perdon por la tardanza... ya saben, problemas con mi pc ¡Arg! ¡Es frustrante! Aqui les dejo este cap, por los problemas que he tenido ya no se si haga la historia de Albus, ya que vi que crearon una similar hace poco :( Ah y necesito su opinion, tengo que cambiarle la edad a Cristine, y tal vez un poco el nombre, pero se pronunciara igual, casi no tiene cambio, y tendra 16 años, eh y necesito cambiarle el nombre a Cristian ¿Les parece otro nombre o lo dejo? opinen en coments, y que les parece los arreglos de la pag.
xoxoxo mari R
viernes, 8 de enero de 2010
miércoles, 6 de enero de 2010
Disfraces
Capítulo 15
Aparecí en la cocina de mi casa, esperando a mi madre allí, la busqué en la sala. Estaba entablando una conversación con Verónica quien me sonreía penosamente.
- Hola Cristine – saludó cordialmente.
- Hola Verónica.
- Entonces… ya no hay gato encerrado. Lo sabes todo, estaba hablando con tu madre precisamente sobre eso.
- Si. Me costó un poco pero ya lo sé, igualmente también sé que es una bruja, no finja – traté de decirlo lo más calmada posible, aunque me costó mucho.
- ¡Qué astuta eres! ¡Por supuesto que lo soy! No sabes cuánto me alivia que sepas eso…
- A mí también….
- Igualmente sabes que no debes decírselo a nadie ¿Cierto?
- ¿Tendría alguna otra opción? – utilice el sarcasmo, ella y mi madre rieron.
- No, creo que no. Ahora somos muy pocos, y debemos cuídanos los unos a los otros, sin decir ni una palabra.
- Soy más callada que un baúl – hice el gesto de cerrar mi boca con una mano, como si fuera un cierre y después arrojar la llave.
- Así me gusta. Parece que nos entendemos perfectamente, sintonizados todos en el mismo canal, que son…
- Los libros – terminé su frase.
- Correcto. Si estuvieras en clase ya te hubiera puesto un 10, volviendo al tema. ¿Ya a estas alturas sabes que tenemos solo cuatro libros no?
- Sí, pero ¿No eran seis?
- Sí y no. Tú tienes uno, pero no sabemos dónde lo escondió tu padre. ¡Qué precavido es ese hombre! Aunque el problema es que no se conoce su paradero, otro que lo tiene el enemigo, no sabemos cómo conseguirlos y los otros libros no te los podemos entregar aun por…
- Porque es muy peligroso para mí y mi madre. Lo sé, y el último lo tiene…
- El enemigo, claro. Los Louge – tragué en seco.
- Sí, pero es peligroso aun conseguir ese libro. Por ahora solo hay que preocuparnos por el que tu padre escondió. Piensa un poco Cristie, donde lo podría haber dejado tu padre, y dado que ya te lo he dicho todo, creo… que me tengo que ir. Nos veremos luego Cristie – se despidió rápidamente mientras ella salía de la habitación con Yess.
Me quedé aun de pie donde estaba, pensando en lo que me dijo Verónica, no sabía nada donde podría estar ese libro, no tenía la menor duda. Solo pensar, era lo que tenía que hacer.
En es momento llegó Yess y me abrazó con ternura, mientras me besó la cabeza, me abrazaba tan fuerte que no podía respirar.
- Eh, mamá, creo que me voy a asfixiar. – le dije.
- Oh, lo siento. Estoy tan feliz de que sepas todo mi princesita.
- Pero… una pregunta… ¿Tu eres también, una… bruja?
- No. Solo tu padre. Nunca tuve esos dones que tienen ustedes.
- Oh, yo pensé…
- No tranquila, simplemente no están.
- ¿Sabes alguna pista de donde podría estar ese libro?
- No, pensé que tal vez tu padre te lo diría directamente.
- No. El pensaría que alguien se podría enterar muy fácil, al igual que nosotros.
- El enemigo – me estremecí. Se acarició el cabello al notar mi miedo.
- No te pasará nada cielo.
- No tengo miedo por mí, si no por ti.
- Nadie nos va a separar, eso te lo prometo.
- Gracias – mi madre siempre sabía que decir en todo momento.
Cenamos mientras veíamos la tele, ella puso documental de Animal Planet, nos gustaba a ambas el programa que pasaban a esa hora. Nos quedamos en silencio unos momentos mientras pasaban comerciales, ya había terminado el programa y empezaba uno nuevo, yo dije:
- ¿Mamá?
- ¿Si cielo?
- Me preguntaba si en mi cumpleaños mi amiga Samantha se puede quedar aquí – hice la pegunta algo formal
- Si, su madre llamó hace un par de horas. Si Cristie, al igual que la fiesta.
- ¿¡Fiesta!? – exclamé, miré a mi madre a los ojos mientras le rogaba casi en un susurro – no lo hagas, no dejes que Sami se salga con la suya.
- Ya la dejé.
- ¡Por favor! Si me quieres cancela eso, por favor no lo permitas.
- Lo hago porque te quiero, y te viene bien divertirte un rato.
- ¡No, tú y Sam son imposibles!
- Ja, ja, ja. También te quiero Cristie. Voy a trabajar un rato con unos papeles que aun no he firmado y luego me iré a la cama, no te acuestes tan tarde.
- Claro mamá.
Subí a mi habitación para dejarme caer en mi cama, ¡Qué día tan largo! Aunque divertido, me gustaba sentirme así, me sentía acompañada, no me sentía sola, aquella luz iluminaba toda mi vida, mostrándome en especial a las personas que tengo a mi lado, ¡Que suertuda soy! Pensé. Mi vida había cambiado, pero no para mal, si no para mejorar, todo lo que cabía en mi cabeza era lo mismo que en mi corazón, ellos.
Ellos, mi madre, mis amigos. Sam, Cris, Lucas, Scott, Charlotte, Verónica… todos y cada uno de ellos, los amaba, simplemente los amaba. Jugué un rato con las cosas que estaban a mi alrededor, como mi móvil de estrellas que colgaba en mi cuarto, lo hacía mover, bailar de un lado al otro, como las olas del mar, hice un teatro con mis peluches, los hacía bailar, saltar y moverse de un lado al otro, como títeres, solo que estos no tenían hilos.
Me cepillé mi cabello durante varios minutos sin usar mi mano, solo lo levitaba con magia, era algo tonto hacer eso, pero me agradaba sentirlo, el peine se quedó atascado en unos de mis mechones y me jaló el cabello.
- Mala idea – murmuré para mí misma.
Seguí acostada en mi cama, pensando en el día de hoy, las risas, los juegos, mis amigos. Extrañaba eso, y ahora era mejor, mucho mejor que antes. Ahora si podía pasar todo el día con ellos, sonreí ante esa idea, ya que los vería mañana, me reí un rato al ver la cara de Lucas cuando se acercó esa tarde a nosotras lleno de barro.
Esos recuerdos llenaban mi mente, Sami riendo a mi lado, Scott sonriéndome, Lucas tan payaso como siempre, y Cris, aun me sentía algo extrañada cuando me encontró en mi escondite en el claro, fue tan raro, pero me gustó, ¡Imposible! Solo debía ser la emoción, igualmente me reí al rato cuando vi a todos juntos, seguro que era eso, la alegría.
Me cambié de ropa y me aseé antes de irme a dormir, estaba algo cansada. Aun tenía esa tonta sonrisa que no quería salir de mi rostro, seguro que dormí con ella.
Esa noche dormí feliz, si hubiera recordado mis sueños, seguro serian las imágenes de viví ayer.
Desperté temprano, volví mi mirada por todo mi cuarto para buscar a Sam, no había estado esperándome, seguro estaría durmiendo, como si tuviera todo el tiempo libre para despertarme todos los días. Me lavé la cara, me cepillé y me desenredé el cabello antes de bajar a la cocina.
No me había equivocado del todo, Sam estaba esperándome con una sonrisa burlona que ocultaba algo, no había estado en mi cuarto, pero estaba en la cocina, cerca. Mi madre estaba preparando el desayuno antes de voltear a verme y sonreír, luego volvió a su tarea mientras yo miraba con recelo a Sam, para ver que ocultaba.
- ¿Ahora eres mi despertador? – pregunté mientras ella sonreía y miraba su reloj.
- Buenos días, con eso basta. Aunque son las 10: 07 a.m
- ¡Oh, que exacta! Aunque en los noticieros te dicen la hora y el clima.
- Entonces ve a la televisión y quédate viendo el clima – escuché como se encendía la televisión.
- Bueno…
- ¡Cristie! Me lastimas – fingió llorar.
- ¡Oh, tonta! Siempre serás mi reloj favorito.
- ¿En serio?
- Claro, eres el único reloj que me dice que todo me luce bien.
- ¡Por supuesto! ¡Come! – me ordenó mientras mi mamá ponía el plato en la mesa.
- Buenos días mamá – saludé
- Buenos días hija. Mejor desayuna antes de que la señorita te asesine, ya me contó sus planes.
- Oh. No queremos una asesina en serie en esta casa – comencé a tragar rápidamente mi comida antes de que Sam me apurara.
- Bueno, ¿ya terminaste? ¿sí? Veo el plato vacio, ¡Vamos!
- ¡Cálmate Sam! Si vamos a ir, pero espérate…
Subí a mi cuarto a arreglarme lo más rápido que pude, ya que mi amiga sería capaz de vestirme ella misma. Me estaba esperando en la sala caminando de un lado al otro, cuando me vio pegó un saltito y dijo:
- ¡Perfecto!
- Si, lo sé…. ¿Nos vamos? – le señale la puerta mientras la abría.
- ¿Qué? Eso es para los que no tienen prisa, además cuando se tiene magia…
- ¿Todo es posible? – enarqué una ceja.
- Ja, ja, ja ¡Así se habla! Sujeta mi mano
- ¿Para qué? – ya nos habíamos desaparecido.
Estábamos en unos de los baños del centro comercial, lo sabía. Esperamos a que una señora terminara de verse en el espejo para salir sin ser vistas, cuando salió mi amiga preguntó:
- ¿Sabías que tu fiesta es de Hallowen no?
- Si. Lo sé pero…
- No, no, no – me calló con un dedo sobre mi boca – solo hace falta conseguir…
- ¡Disfraces!
- ¡Qué buena idea!
- ¿Lo hiciste a propósito no?
- ¿Tú qué crees?
- ¡Qué sabías eres, amiga mía!
- Lo sé… sígueme!
Pasamos de tienda en tienda, algunas ya tenían pancartas de Halloween por todas partes. Samantha me jaló de la mano de pronto y corrió a un grupo de chicos que estaban sentados en las bancas.
- ¡Damián! – lo saludé. ¡Tenía tanto tiempo que no hablaba con él!
- Hola Cristie. ¿Cómo te va? Escuche que muy bien – le dio un codazo a Lucas que se encontraba a su derecha.
- ¿Qué onda niña?
- Hola bobo
- Hola – saludó Cristian cerca de mí con una mirada apenada.
- ¡Qué casualidad! Cristie y yo veníamos a comprar unos disfraces para Halloween. – dijo Sam.
- ¿En serio? ¡Igual nosotros! ¡Qué coincidencia! – no me gustaba el tono con el que hablo Lucas, y mucho menos esa sonrisita malvada.
- Aun no se qué disfraz puedo usar… pensaba en un médico de morgue, o en vampiro, o cantante, o…
- Abogado… ¡Que aburrido! Por favor Dam, ten más imaginación – exclamó Lucas.
- Pareces un niño en Navidad con esto del Hallowen – le dije.
- ¿Y tú no? Se supone que es tu cumpleaños.
- Sí, pero no soy muy fiestera – eso era cierto.
- ¡Ten más espíritu de Hallowen!
- Ah, ya te descubrí el disfraz, no tienes el factor de la sorpresa.
- ¡No! ¿En serio? A ver si sabes…
- De payaso, un zombie payaso, que no deja de molestar hasta la muerte.
- ¡Qué raro la chica cenicienta! – exclamo Lucas - ¿Y el príncipe azul? No veo que tenga tu zapatilla de cristal.
- ¿Por qué no te disfrazas de mimo y así te callas un buen rato?
- Me encanta esa idea, Cris – dije.
- Bueno… ¡me la tengo que llevar un rato! Nos vemos luego.
- ¿Pero qué? – le pregunté a mi amiga que no paraba de sonreír.
- Nada.
Caminamos hasta una tienda de disfraces, pero había muchas hadas, princesas, sirenas… Sam y yo queríamos vomitar.
- Le falta más… chispa a estos disfraces ¿no crees? – habló Sam mientras veía algunos de una esquina.
- Si. Así no tiene sentido el Halloween, con tanto rosa voy a vomitar. ¡Espera! – me acerqué a una sección que nadie veía. – Sam ¿Qué te parece si somos brujas por un rato?
- ¡Cristie! ¡Se supone que no se dice nada! – susurraba a mi lado ella, voltee los ojos y le enseñe los trajes de brujas que habían allí – Ah, lo siento.
Sam tomó uno estilo bruja de Las Vegas, yo me medí uno de bruja de siglo XVIII, me gustaba, el vestido era clásico, pero parecía que me llegaba casi a las rodillas, mientras tenía una larga capa negra, era ajustado en la parte de arriba como un corcel blanco con detalles y destellos plateados, y suelto hasta más arriba de las rodillas de color bronce, me gustaba los detalles finales. Tenía un sombrero puntiagudo que hacia juego, era negro con una cinta plateada. Tenía unas botas negras que me llegaban casi hasta las rodillas.
- ¿Qué te parece? – le pregunté a Sam mientras salía del probador para que ella me viera.
- ¡Es perfecto para ti! ¿Seguro que no es de princesa? ¡Es precioso!
- ¿Para ver el que escogiste? – me enseñó el traje, era un juego de sombrero cuadrado de color plateado, una camisa del mismo color con detalles dorados, unos shorts morados que combinaban con la cinta del sombrero junto a unas botas negras. - ¡Oh, está muy de Las Vegas!
- Si, ¿Genial no?
- Estupendo.
Antes de pagar vi un antifaz plateado con líneas negras y destellos dorados, tenía que ser mío, quedaría perfecto con el disfraz. Jalé a Sam para que lo viera, asintió sonriente y busco una para ella, tomó una morado con círculos plateados, ¡Estaba genial! Y pagamos juntas nuestros disfraces.
Salimos de la tienda sonriendo mientras discutíamos del maquillaje que iba con eso, tenían que ser colores llamativos, sin duda alguna. Habían un grupo de chicas vestidas iguales, con unos estúpidos ponchos encima, parecían de payasos, solo tenían una horrible etiqueta con el nombre de marca. ¿Qué le veían a eso? Ni si quiera era bonito.
- Creo que nos están mirando – dijo Sam sonriendo. – Gracias a Dios que no me dejo llevar por las influencias.
- Arg, la moda es la peor de las pestes – mascullé – Solo te pones algo que miles de personas ya tienen, no es lindo y dura un tiempo. ¿A caso les he imposible tener una personalidad propia?
- Así es la vida. – rió ella mientras las chicas nos miraban con petulancia, ambas reíamos esta vez.
- Y las personas – la corregí.
- Y el chisme la peor de las blasfemias – masculló Sam mientras las chicas murmuraban algo, las ignoramos y seguimos caminando.
Vimos a Cristian, Lucas y Damián a lo lejos con bolsas también, ya tenían sus disfraces al igual que el mío.
- Y ¿Qué haremos contigo brujita? – se me acercó Lucas.
- ¿Qué te pasa bobito?
- Era tan predecible saber tu disfraz…
- ¡Claro que no!
- ¿En serio? – el contenido de mi bolsa se movió un poco.
- ¿Cómo sabes?
- Se te olvida que tengo a mi lado a un amigo… “Chismoso” – hizo con las manos unas comillas imaginarias en el aire. Chismoso le quedaba perfecto a Cris, podía escuchar más que bien, pero era obvio que Lucas no iba a decir nada delante de Damián, el no sabía nada, y no podría saber nunca, el no era mago.
- Chismoso, ¿Por qué me arruinaste mi sorpresa? - llamé a Cris despectivamente.
- ¿Qué? Oh, lo siento, solo lo comente porque lo escuché y Lucas… - se volvió hacia Lucas y le dio un manotazo en la cabeza.
- ¿Cuándo vas a dejar de sacarme la cabeza?
- Cuando dejes de ser tan irritante.
- No soy irritante, solo estoy ayudando ¿Mas obvio no puede ser?
- Cállate – masculló Cris.
Caminamos a la casa de los Wittcher mientras hablábamos sobre las decoraciones de Halloween adelantadas que tenían algunas casas del vecindario.
Cuando llegamos Sami tocó el timbre y nos abrieron la puerta, pensé al momento que era la madre de Sam, pero nos atendió Verónica, que se hallaba dentro de la casa.
- Hola chicos, su madre salió un rato con Yessica y me pidió que los cuidara un rato.
- ¿Qué? ¿Una niñera? – exclamó Lucas.
- Si, para inmaduros como tu – le espetó Sam y Lucas se saco la lengua. Entramos mientras ella hablaba cortésmente con nosotros.
- Ya, pasen. Yo tengo que cuidarlos el día de hoy, ya que Yessica y Wittcher salieron por un asunto de negocio un rato.
- Ah. – contesté yo - ¿No sabes a la hora que llega?
- No. Solo sé que llegan tarde.
- Genial, ahora nos ven caras de bebes.
- Tampoco me agradó la idea. – Cristian gruñó – Ah tienen visitas.
- ¿Quiénes? – pregunté a Cristian que había sentido a las personas que estaban adentro. Miró al suelo y no respondió.
- Los Diamons, y Rachel.
- ¿Rachel?
- Si, por favor entren.
Entramos en la estancia, en la sala estaba Scott y Charlotte sentados en uno de los muebles, y una chica de cabello rubio claro estaba al final de la estancia sentada en el ultimo mueble. Era la misma chica que había visto el otro día con Verónica.
- Cristie me imagino que conocerás a los Diamons a estas alturas.
- Si. Hola Scott, hola Charlotte.
- ¡Hola Cristie! – me saludó Scott con una sonrisa radiante y se acercó a abrazarme en mi encuentro.
- Hola – saludó Charlotte mientras sonreía nerviosa.
- Bien – prosiguió Verónica – Te presento a Rachel Vivaldi, ella ya tiene tiempo aquí en Heauston, aunque asegura haberte conocido antes en Texas.
- Hola Cristine – saludó la chica. ¡Ahora la recordaba! Su padre fue una vez a visitarnos cuando vivíamos en Texas, ella y yo jugamos una temporada.
- Hola Rachel. Cuanto tiempo sin verte – sonreí.
- Ya que todos se conocen ¿Por qué no van a jugar afuera?
- ¡Futbol! – exclamó Lucas y Damián aplaudió. La mayoría de los chicos habían salido al jardín mientras Sam, Cris y yo miramos a Verónica que se sentaba en el centro de la sala.
- ¿Y qué vas a hacer tú? – preguntó Cristian.
- Ah, que descortés de mi parte. Me voy a quedar viendo tele si no les importa, a esta hora pasan mi novela favorita, son las 4:00 ¿no? Ah, excelente, como todos están de acuerdo, vayan, jueguen un rato.
Todos nos quedamos en silencio y salimos al jardín. Al parecer ya habían empezado a formar equipos, Lucas le lanzó el balón a Cris y le gritó:
- ¡Cris! Serás el capitán
- ¡Yo también! – saltó Sam a su lado. Vi que Rachel se sentaba bajo la sombra de un árbol, me acerqué a ella.
- ¿No vas a jugar?
- El futbol no se me da muy bien – hizo una sonrisa forzada.
- Si quieres me quedo contigo.
- Si, gracias.
- ¡Cristie! ¡Ven a mi equipo! – me llamó Sami dando saltitos.
- Me voy a quedar aquí con Rachel, lo siento Sami.
- ¡No será lo mismo sin ti! ¡Me llevo a Scott!
- Escojo a Charlotte
- Entonces me llevo a Damián. ¡Listo! A jugar.
- ¿Y las porterías? – preguntó Damián.
- Eh, son los entre esos dos árboles del fondo – señalo Cristian – y donde estoy yo. Soy el portero.
- Yo también – dijo Damián.
- ¡Empecemos! – gritó Sami.
Los chicos empezaron a jugar con emoción, Scott parecía estar en perfecta sincronía con Sami, me pareció algo exagerado, como si se leyeran las mentes, y trataba de meterle un gol a Cris, pero cada vez que lo intentaba, lo sentía cerca y lo detenía. Estaba reñido el juego, Charlotte corría muy rápido, y Damián pateaba fuerte, era obvio ya que el tenía practica de futbol todos los fines de semana, Lucas también corría rápido, y tenias sus técnicas, según el claro, solo trataba de variar cuando le pasaba el balón a Charlotte. Scott al fin pudo marcar un gol le sacó la lengua a su hermana quien le volteó los ojos y le enarco una ceja a Cristian, quien gruñó, Lucas se irritaba y pataleaba el suelo como un bebe y Sam brincaba como si el suelo fuera de lava o no quisiera tocarlo.
Me quedé conversando con Rachel, que al parecer después de su visita a Texas, volvió a Italia un par de años, donde vivía en ese entonces y luego vino aquí. Hablamos un rato sobre el colegio, ella estaba en otro año, ya que era solo un año menor que yo, aunque eran solo un par de meses, ella cumplía en enero. Sonreía al ver a los chicos jugar, me imaginaba lo triste que era para ella eso, porque vino sola de Italia, ya que sus padres no estaban, su madre murió enferma cuando ella era una niña y su padre falleció unos años después, ahora solo vivía con su nana, que era como su compañera, madre sustituta y soporte.
- Se divierten mucho – agregó mientras los miraba a todos.
- Si. El juego va reñido. – dije cuando Lucas anotó un gol y se burlaba se Scott, y este le dio un balonazo en la cabeza y el payaso se cayó al suelo. Ambas reímos.
- Van siete a cinco, a favor de Samantha.
- Oh, a Cristian lo están haciendo polvo – el chico escuchó mi comentario y me miró petulante. - ¡Ups! – sonrió y volvió al juego.
- Veo que son muy competitivos, ¿no?
- Si, se divierten así.
- Como has cambiado Cristine, bueno, como te recordaba de niña.
- Sí, eso creo. Pero por favor dime Cristie, estas en confianza.
- Oh, gracias – miró al suelo un momento y nos quedamos en silencio.
Seguimos viendo el juego, ya estaban casi terminando cuando estaban siete a siete, como esos momentos de suspenso en los partidos importantes, solo faltaba un punto. Lucas estaba decidido a no dejarse humillar por Sami o Scott, que le restregaban la victoria en cada gol, Damián en cambio, solo sonreía mucho y arrugaba la frente cuando el otro equipo anotaba un gol. Cristian solo estaba atento, al igual que Charlotte, no perdían la vista del balón, que lo tenía Lucas en ese momento, Scott iba a toda velocidad a quitárselo mientras lo seguía Sam.
Lucas tropezó y se cayó, yo me reí, Scott aprovechó el momento y le arrebató el balón. Lucas no se quedó así como así, le agarró un tobillo y Scott cayó también.
- ¡Hey! ¡Es trampa! – exclamó el mientras Sami se llevó el balón rápidamente.
Sam corría a toda velocidad, y Charllote no la perdía de vista mientras le bloqueaba el paso, pero mi amiga fue más inteligente y fingió comenzar a moverse a la izquierda y su intercalo hizo lo mismo, aprovechó y corrió con el balón hacia la derecha.
- Quisiera que ganara Scott – murmuré. Cristian volteó la cabeza en mi dirección y me miró ofendido, Sam aprovecho y marcó el último gol.
- ¡Gooool! – gritaba ella. - ¡Gane!
Se podía oír a lo lejos a Damián y Scott tosiendo en señal de desaprobación.
- Está bien. ¡Ganamos! – los chicos cargaban a Sam mientras me guiñaba el ojo y movía los labios, se interpretaba como un Gracias.
Lucas estaba molesto, solo regañaba a Cristian por no haber prestado atención, este solo se colocaba la mano en la cabeza, mientras Charlotte volteaba los ojos diciendo:
- Para la próxima me voy con la chica.
Al rato Damián se despidió de nosotros, al parecer tenía que ayudar a re decorar la casa, todos entendimos y lo despedimos.
Esperamos todos nos sentamos en el suelo, hablando sobre el partido, y Lucas todavía refunfuñando su derrota. Antes de que formaran un pleito llegó Verónica, y nos sonrió a todos.
- Buen partido. Lo vi desde la ventana – dijo ella. - ¿Qué tal si ponemos a esta señorita al tanto? – me señalo mientras miraba a los demás, ellos asintieron.
Movió un par de rocas y las colocó en forma de círculo, levitó algunos troncos y los puso adentro.
- Ya veo que tienen los disfraces. Entonces todos van a la fiesta de la escuela ¿no? – comentó Verónica para romper el hielo.
- No, vamos a la de Cristie, ya que cumple años en Halloween – dijo Sam.
- Además que las de la escuela son un asco – dijo Lucas.
- Yo organicé una de ellas – se defendió Verónica aludida.
- Todas menos la tuya, igualmente no habíamos llegado para esa fecha ¿Lo recuerdas?
- Oh, cierto.
- ¿Pensé que ustedes estudiaban aquí toda su vida?
- No, solo hace un año antes de que llegaras. Estaba planeado.
- ¿Planeado?
- ¿Aun no le han contado? – preguntó Verónica. Mis amigos negaron con la cabeza y ella volteó los ojos – Ven Cristine, creo que me toca a mi contarte las historias.
- ¡Yupi! ¿Con fogata como la vez pasada no?
- ¿Ves pasada?
Halo!! Oh! Al fin pude entrar! Me estaba muriendo! No quería entrar otra vez la pag!, al fin! Aquí les dejo este cap, por fis tengan paciencia con los dos otros blogs, cuando solucione todo les haré saber de inmediato!
Espero que les guste este cap
Xoxo mari R☆★
Aparecí en la cocina de mi casa, esperando a mi madre allí, la busqué en la sala. Estaba entablando una conversación con Verónica quien me sonreía penosamente.
- Hola Cristine – saludó cordialmente.
- Hola Verónica.
- Entonces… ya no hay gato encerrado. Lo sabes todo, estaba hablando con tu madre precisamente sobre eso.
- Si. Me costó un poco pero ya lo sé, igualmente también sé que es una bruja, no finja – traté de decirlo lo más calmada posible, aunque me costó mucho.
- ¡Qué astuta eres! ¡Por supuesto que lo soy! No sabes cuánto me alivia que sepas eso…
- A mí también….
- Igualmente sabes que no debes decírselo a nadie ¿Cierto?
- ¿Tendría alguna otra opción? – utilice el sarcasmo, ella y mi madre rieron.
- No, creo que no. Ahora somos muy pocos, y debemos cuídanos los unos a los otros, sin decir ni una palabra.
- Soy más callada que un baúl – hice el gesto de cerrar mi boca con una mano, como si fuera un cierre y después arrojar la llave.
- Así me gusta. Parece que nos entendemos perfectamente, sintonizados todos en el mismo canal, que son…
- Los libros – terminé su frase.
- Correcto. Si estuvieras en clase ya te hubiera puesto un 10, volviendo al tema. ¿Ya a estas alturas sabes que tenemos solo cuatro libros no?
- Sí, pero ¿No eran seis?
- Sí y no. Tú tienes uno, pero no sabemos dónde lo escondió tu padre. ¡Qué precavido es ese hombre! Aunque el problema es que no se conoce su paradero, otro que lo tiene el enemigo, no sabemos cómo conseguirlos y los otros libros no te los podemos entregar aun por…
- Porque es muy peligroso para mí y mi madre. Lo sé, y el último lo tiene…
- El enemigo, claro. Los Louge – tragué en seco.
- Sí, pero es peligroso aun conseguir ese libro. Por ahora solo hay que preocuparnos por el que tu padre escondió. Piensa un poco Cristie, donde lo podría haber dejado tu padre, y dado que ya te lo he dicho todo, creo… que me tengo que ir. Nos veremos luego Cristie – se despidió rápidamente mientras ella salía de la habitación con Yess.
Me quedé aun de pie donde estaba, pensando en lo que me dijo Verónica, no sabía nada donde podría estar ese libro, no tenía la menor duda. Solo pensar, era lo que tenía que hacer.
En es momento llegó Yess y me abrazó con ternura, mientras me besó la cabeza, me abrazaba tan fuerte que no podía respirar.
- Eh, mamá, creo que me voy a asfixiar. – le dije.
- Oh, lo siento. Estoy tan feliz de que sepas todo mi princesita.
- Pero… una pregunta… ¿Tu eres también, una… bruja?
- No. Solo tu padre. Nunca tuve esos dones que tienen ustedes.
- Oh, yo pensé…
- No tranquila, simplemente no están.
- ¿Sabes alguna pista de donde podría estar ese libro?
- No, pensé que tal vez tu padre te lo diría directamente.
- No. El pensaría que alguien se podría enterar muy fácil, al igual que nosotros.
- El enemigo – me estremecí. Se acarició el cabello al notar mi miedo.
- No te pasará nada cielo.
- No tengo miedo por mí, si no por ti.
- Nadie nos va a separar, eso te lo prometo.
- Gracias – mi madre siempre sabía que decir en todo momento.
Cenamos mientras veíamos la tele, ella puso documental de Animal Planet, nos gustaba a ambas el programa que pasaban a esa hora. Nos quedamos en silencio unos momentos mientras pasaban comerciales, ya había terminado el programa y empezaba uno nuevo, yo dije:
- ¿Mamá?
- ¿Si cielo?
- Me preguntaba si en mi cumpleaños mi amiga Samantha se puede quedar aquí – hice la pegunta algo formal
- Si, su madre llamó hace un par de horas. Si Cristie, al igual que la fiesta.
- ¿¡Fiesta!? – exclamé, miré a mi madre a los ojos mientras le rogaba casi en un susurro – no lo hagas, no dejes que Sami se salga con la suya.
- Ya la dejé.
- ¡Por favor! Si me quieres cancela eso, por favor no lo permitas.
- Lo hago porque te quiero, y te viene bien divertirte un rato.
- ¡No, tú y Sam son imposibles!
- Ja, ja, ja. También te quiero Cristie. Voy a trabajar un rato con unos papeles que aun no he firmado y luego me iré a la cama, no te acuestes tan tarde.
- Claro mamá.
Subí a mi habitación para dejarme caer en mi cama, ¡Qué día tan largo! Aunque divertido, me gustaba sentirme así, me sentía acompañada, no me sentía sola, aquella luz iluminaba toda mi vida, mostrándome en especial a las personas que tengo a mi lado, ¡Que suertuda soy! Pensé. Mi vida había cambiado, pero no para mal, si no para mejorar, todo lo que cabía en mi cabeza era lo mismo que en mi corazón, ellos.
Ellos, mi madre, mis amigos. Sam, Cris, Lucas, Scott, Charlotte, Verónica… todos y cada uno de ellos, los amaba, simplemente los amaba. Jugué un rato con las cosas que estaban a mi alrededor, como mi móvil de estrellas que colgaba en mi cuarto, lo hacía mover, bailar de un lado al otro, como las olas del mar, hice un teatro con mis peluches, los hacía bailar, saltar y moverse de un lado al otro, como títeres, solo que estos no tenían hilos.
Me cepillé mi cabello durante varios minutos sin usar mi mano, solo lo levitaba con magia, era algo tonto hacer eso, pero me agradaba sentirlo, el peine se quedó atascado en unos de mis mechones y me jaló el cabello.
- Mala idea – murmuré para mí misma.
Seguí acostada en mi cama, pensando en el día de hoy, las risas, los juegos, mis amigos. Extrañaba eso, y ahora era mejor, mucho mejor que antes. Ahora si podía pasar todo el día con ellos, sonreí ante esa idea, ya que los vería mañana, me reí un rato al ver la cara de Lucas cuando se acercó esa tarde a nosotras lleno de barro.
Esos recuerdos llenaban mi mente, Sami riendo a mi lado, Scott sonriéndome, Lucas tan payaso como siempre, y Cris, aun me sentía algo extrañada cuando me encontró en mi escondite en el claro, fue tan raro, pero me gustó, ¡Imposible! Solo debía ser la emoción, igualmente me reí al rato cuando vi a todos juntos, seguro que era eso, la alegría.
Me cambié de ropa y me aseé antes de irme a dormir, estaba algo cansada. Aun tenía esa tonta sonrisa que no quería salir de mi rostro, seguro que dormí con ella.
Esa noche dormí feliz, si hubiera recordado mis sueños, seguro serian las imágenes de viví ayer.
Desperté temprano, volví mi mirada por todo mi cuarto para buscar a Sam, no había estado esperándome, seguro estaría durmiendo, como si tuviera todo el tiempo libre para despertarme todos los días. Me lavé la cara, me cepillé y me desenredé el cabello antes de bajar a la cocina.
No me había equivocado del todo, Sam estaba esperándome con una sonrisa burlona que ocultaba algo, no había estado en mi cuarto, pero estaba en la cocina, cerca. Mi madre estaba preparando el desayuno antes de voltear a verme y sonreír, luego volvió a su tarea mientras yo miraba con recelo a Sam, para ver que ocultaba.
- ¿Ahora eres mi despertador? – pregunté mientras ella sonreía y miraba su reloj.
- Buenos días, con eso basta. Aunque son las 10: 07 a.m
- ¡Oh, que exacta! Aunque en los noticieros te dicen la hora y el clima.
- Entonces ve a la televisión y quédate viendo el clima – escuché como se encendía la televisión.
- Bueno…
- ¡Cristie! Me lastimas – fingió llorar.
- ¡Oh, tonta! Siempre serás mi reloj favorito.
- ¿En serio?
- Claro, eres el único reloj que me dice que todo me luce bien.
- ¡Por supuesto! ¡Come! – me ordenó mientras mi mamá ponía el plato en la mesa.
- Buenos días mamá – saludé
- Buenos días hija. Mejor desayuna antes de que la señorita te asesine, ya me contó sus planes.
- Oh. No queremos una asesina en serie en esta casa – comencé a tragar rápidamente mi comida antes de que Sam me apurara.
- Bueno, ¿ya terminaste? ¿sí? Veo el plato vacio, ¡Vamos!
- ¡Cálmate Sam! Si vamos a ir, pero espérate…
Subí a mi cuarto a arreglarme lo más rápido que pude, ya que mi amiga sería capaz de vestirme ella misma. Me estaba esperando en la sala caminando de un lado al otro, cuando me vio pegó un saltito y dijo:
- ¡Perfecto!
- Si, lo sé…. ¿Nos vamos? – le señale la puerta mientras la abría.
- ¿Qué? Eso es para los que no tienen prisa, además cuando se tiene magia…
- ¿Todo es posible? – enarqué una ceja.
- Ja, ja, ja ¡Así se habla! Sujeta mi mano
- ¿Para qué? – ya nos habíamos desaparecido.
Estábamos en unos de los baños del centro comercial, lo sabía. Esperamos a que una señora terminara de verse en el espejo para salir sin ser vistas, cuando salió mi amiga preguntó:
- ¿Sabías que tu fiesta es de Hallowen no?
- Si. Lo sé pero…
- No, no, no – me calló con un dedo sobre mi boca – solo hace falta conseguir…
- ¡Disfraces!
- ¡Qué buena idea!
- ¿Lo hiciste a propósito no?
- ¿Tú qué crees?
- ¡Qué sabías eres, amiga mía!
- Lo sé… sígueme!
Pasamos de tienda en tienda, algunas ya tenían pancartas de Halloween por todas partes. Samantha me jaló de la mano de pronto y corrió a un grupo de chicos que estaban sentados en las bancas.
- ¡Damián! – lo saludé. ¡Tenía tanto tiempo que no hablaba con él!
- Hola Cristie. ¿Cómo te va? Escuche que muy bien – le dio un codazo a Lucas que se encontraba a su derecha.
- ¿Qué onda niña?
- Hola bobo
- Hola – saludó Cristian cerca de mí con una mirada apenada.
- ¡Qué casualidad! Cristie y yo veníamos a comprar unos disfraces para Halloween. – dijo Sam.
- ¿En serio? ¡Igual nosotros! ¡Qué coincidencia! – no me gustaba el tono con el que hablo Lucas, y mucho menos esa sonrisita malvada.
- Aun no se qué disfraz puedo usar… pensaba en un médico de morgue, o en vampiro, o cantante, o…
- Abogado… ¡Que aburrido! Por favor Dam, ten más imaginación – exclamó Lucas.
- Pareces un niño en Navidad con esto del Hallowen – le dije.
- ¿Y tú no? Se supone que es tu cumpleaños.
- Sí, pero no soy muy fiestera – eso era cierto.
- ¡Ten más espíritu de Hallowen!
- Ah, ya te descubrí el disfraz, no tienes el factor de la sorpresa.
- ¡No! ¿En serio? A ver si sabes…
- De payaso, un zombie payaso, que no deja de molestar hasta la muerte.
- ¡Qué raro la chica cenicienta! – exclamo Lucas - ¿Y el príncipe azul? No veo que tenga tu zapatilla de cristal.
- ¿Por qué no te disfrazas de mimo y así te callas un buen rato?
- Me encanta esa idea, Cris – dije.
- Bueno… ¡me la tengo que llevar un rato! Nos vemos luego.
- ¿Pero qué? – le pregunté a mi amiga que no paraba de sonreír.
- Nada.
Caminamos hasta una tienda de disfraces, pero había muchas hadas, princesas, sirenas… Sam y yo queríamos vomitar.
- Le falta más… chispa a estos disfraces ¿no crees? – habló Sam mientras veía algunos de una esquina.
- Si. Así no tiene sentido el Halloween, con tanto rosa voy a vomitar. ¡Espera! – me acerqué a una sección que nadie veía. – Sam ¿Qué te parece si somos brujas por un rato?
- ¡Cristie! ¡Se supone que no se dice nada! – susurraba a mi lado ella, voltee los ojos y le enseñe los trajes de brujas que habían allí – Ah, lo siento.
Sam tomó uno estilo bruja de Las Vegas, yo me medí uno de bruja de siglo XVIII, me gustaba, el vestido era clásico, pero parecía que me llegaba casi a las rodillas, mientras tenía una larga capa negra, era ajustado en la parte de arriba como un corcel blanco con detalles y destellos plateados, y suelto hasta más arriba de las rodillas de color bronce, me gustaba los detalles finales. Tenía un sombrero puntiagudo que hacia juego, era negro con una cinta plateada. Tenía unas botas negras que me llegaban casi hasta las rodillas.
- ¿Qué te parece? – le pregunté a Sam mientras salía del probador para que ella me viera.
- ¡Es perfecto para ti! ¿Seguro que no es de princesa? ¡Es precioso!
- ¿Para ver el que escogiste? – me enseñó el traje, era un juego de sombrero cuadrado de color plateado, una camisa del mismo color con detalles dorados, unos shorts morados que combinaban con la cinta del sombrero junto a unas botas negras. - ¡Oh, está muy de Las Vegas!
- Si, ¿Genial no?
- Estupendo.
Antes de pagar vi un antifaz plateado con líneas negras y destellos dorados, tenía que ser mío, quedaría perfecto con el disfraz. Jalé a Sam para que lo viera, asintió sonriente y busco una para ella, tomó una morado con círculos plateados, ¡Estaba genial! Y pagamos juntas nuestros disfraces.
Salimos de la tienda sonriendo mientras discutíamos del maquillaje que iba con eso, tenían que ser colores llamativos, sin duda alguna. Habían un grupo de chicas vestidas iguales, con unos estúpidos ponchos encima, parecían de payasos, solo tenían una horrible etiqueta con el nombre de marca. ¿Qué le veían a eso? Ni si quiera era bonito.
- Creo que nos están mirando – dijo Sam sonriendo. – Gracias a Dios que no me dejo llevar por las influencias.
- Arg, la moda es la peor de las pestes – mascullé – Solo te pones algo que miles de personas ya tienen, no es lindo y dura un tiempo. ¿A caso les he imposible tener una personalidad propia?
- Así es la vida. – rió ella mientras las chicas nos miraban con petulancia, ambas reíamos esta vez.
- Y las personas – la corregí.
- Y el chisme la peor de las blasfemias – masculló Sam mientras las chicas murmuraban algo, las ignoramos y seguimos caminando.
Vimos a Cristian, Lucas y Damián a lo lejos con bolsas también, ya tenían sus disfraces al igual que el mío.
- Y ¿Qué haremos contigo brujita? – se me acercó Lucas.
- ¿Qué te pasa bobito?
- Era tan predecible saber tu disfraz…
- ¡Claro que no!
- ¿En serio? – el contenido de mi bolsa se movió un poco.
- ¿Cómo sabes?
- Se te olvida que tengo a mi lado a un amigo… “Chismoso” – hizo con las manos unas comillas imaginarias en el aire. Chismoso le quedaba perfecto a Cris, podía escuchar más que bien, pero era obvio que Lucas no iba a decir nada delante de Damián, el no sabía nada, y no podría saber nunca, el no era mago.
- Chismoso, ¿Por qué me arruinaste mi sorpresa? - llamé a Cris despectivamente.
- ¿Qué? Oh, lo siento, solo lo comente porque lo escuché y Lucas… - se volvió hacia Lucas y le dio un manotazo en la cabeza.
- ¿Cuándo vas a dejar de sacarme la cabeza?
- Cuando dejes de ser tan irritante.
- No soy irritante, solo estoy ayudando ¿Mas obvio no puede ser?
- Cállate – masculló Cris.
Caminamos a la casa de los Wittcher mientras hablábamos sobre las decoraciones de Halloween adelantadas que tenían algunas casas del vecindario.
Cuando llegamos Sami tocó el timbre y nos abrieron la puerta, pensé al momento que era la madre de Sam, pero nos atendió Verónica, que se hallaba dentro de la casa.
- Hola chicos, su madre salió un rato con Yessica y me pidió que los cuidara un rato.
- ¿Qué? ¿Una niñera? – exclamó Lucas.
- Si, para inmaduros como tu – le espetó Sam y Lucas se saco la lengua. Entramos mientras ella hablaba cortésmente con nosotros.
- Ya, pasen. Yo tengo que cuidarlos el día de hoy, ya que Yessica y Wittcher salieron por un asunto de negocio un rato.
- Ah. – contesté yo - ¿No sabes a la hora que llega?
- No. Solo sé que llegan tarde.
- Genial, ahora nos ven caras de bebes.
- Tampoco me agradó la idea. – Cristian gruñó – Ah tienen visitas.
- ¿Quiénes? – pregunté a Cristian que había sentido a las personas que estaban adentro. Miró al suelo y no respondió.
- Los Diamons, y Rachel.
- ¿Rachel?
- Si, por favor entren.
Entramos en la estancia, en la sala estaba Scott y Charlotte sentados en uno de los muebles, y una chica de cabello rubio claro estaba al final de la estancia sentada en el ultimo mueble. Era la misma chica que había visto el otro día con Verónica.
- Cristie me imagino que conocerás a los Diamons a estas alturas.
- Si. Hola Scott, hola Charlotte.
- ¡Hola Cristie! – me saludó Scott con una sonrisa radiante y se acercó a abrazarme en mi encuentro.
- Hola – saludó Charlotte mientras sonreía nerviosa.
- Bien – prosiguió Verónica – Te presento a Rachel Vivaldi, ella ya tiene tiempo aquí en Heauston, aunque asegura haberte conocido antes en Texas.
- Hola Cristine – saludó la chica. ¡Ahora la recordaba! Su padre fue una vez a visitarnos cuando vivíamos en Texas, ella y yo jugamos una temporada.
- Hola Rachel. Cuanto tiempo sin verte – sonreí.
- Ya que todos se conocen ¿Por qué no van a jugar afuera?
- ¡Futbol! – exclamó Lucas y Damián aplaudió. La mayoría de los chicos habían salido al jardín mientras Sam, Cris y yo miramos a Verónica que se sentaba en el centro de la sala.
- ¿Y qué vas a hacer tú? – preguntó Cristian.
- Ah, que descortés de mi parte. Me voy a quedar viendo tele si no les importa, a esta hora pasan mi novela favorita, son las 4:00 ¿no? Ah, excelente, como todos están de acuerdo, vayan, jueguen un rato.
Todos nos quedamos en silencio y salimos al jardín. Al parecer ya habían empezado a formar equipos, Lucas le lanzó el balón a Cris y le gritó:
- ¡Cris! Serás el capitán
- ¡Yo también! – saltó Sam a su lado. Vi que Rachel se sentaba bajo la sombra de un árbol, me acerqué a ella.
- ¿No vas a jugar?
- El futbol no se me da muy bien – hizo una sonrisa forzada.
- Si quieres me quedo contigo.
- Si, gracias.
- ¡Cristie! ¡Ven a mi equipo! – me llamó Sami dando saltitos.
- Me voy a quedar aquí con Rachel, lo siento Sami.
- ¡No será lo mismo sin ti! ¡Me llevo a Scott!
- Escojo a Charlotte
- Entonces me llevo a Damián. ¡Listo! A jugar.
- ¿Y las porterías? – preguntó Damián.
- Eh, son los entre esos dos árboles del fondo – señalo Cristian – y donde estoy yo. Soy el portero.
- Yo también – dijo Damián.
- ¡Empecemos! – gritó Sami.
Los chicos empezaron a jugar con emoción, Scott parecía estar en perfecta sincronía con Sami, me pareció algo exagerado, como si se leyeran las mentes, y trataba de meterle un gol a Cris, pero cada vez que lo intentaba, lo sentía cerca y lo detenía. Estaba reñido el juego, Charlotte corría muy rápido, y Damián pateaba fuerte, era obvio ya que el tenía practica de futbol todos los fines de semana, Lucas también corría rápido, y tenias sus técnicas, según el claro, solo trataba de variar cuando le pasaba el balón a Charlotte. Scott al fin pudo marcar un gol le sacó la lengua a su hermana quien le volteó los ojos y le enarco una ceja a Cristian, quien gruñó, Lucas se irritaba y pataleaba el suelo como un bebe y Sam brincaba como si el suelo fuera de lava o no quisiera tocarlo.
Me quedé conversando con Rachel, que al parecer después de su visita a Texas, volvió a Italia un par de años, donde vivía en ese entonces y luego vino aquí. Hablamos un rato sobre el colegio, ella estaba en otro año, ya que era solo un año menor que yo, aunque eran solo un par de meses, ella cumplía en enero. Sonreía al ver a los chicos jugar, me imaginaba lo triste que era para ella eso, porque vino sola de Italia, ya que sus padres no estaban, su madre murió enferma cuando ella era una niña y su padre falleció unos años después, ahora solo vivía con su nana, que era como su compañera, madre sustituta y soporte.
- Se divierten mucho – agregó mientras los miraba a todos.
- Si. El juego va reñido. – dije cuando Lucas anotó un gol y se burlaba se Scott, y este le dio un balonazo en la cabeza y el payaso se cayó al suelo. Ambas reímos.
- Van siete a cinco, a favor de Samantha.
- Oh, a Cristian lo están haciendo polvo – el chico escuchó mi comentario y me miró petulante. - ¡Ups! – sonrió y volvió al juego.
- Veo que son muy competitivos, ¿no?
- Si, se divierten así.
- Como has cambiado Cristine, bueno, como te recordaba de niña.
- Sí, eso creo. Pero por favor dime Cristie, estas en confianza.
- Oh, gracias – miró al suelo un momento y nos quedamos en silencio.
Seguimos viendo el juego, ya estaban casi terminando cuando estaban siete a siete, como esos momentos de suspenso en los partidos importantes, solo faltaba un punto. Lucas estaba decidido a no dejarse humillar por Sami o Scott, que le restregaban la victoria en cada gol, Damián en cambio, solo sonreía mucho y arrugaba la frente cuando el otro equipo anotaba un gol. Cristian solo estaba atento, al igual que Charlotte, no perdían la vista del balón, que lo tenía Lucas en ese momento, Scott iba a toda velocidad a quitárselo mientras lo seguía Sam.
Lucas tropezó y se cayó, yo me reí, Scott aprovechó el momento y le arrebató el balón. Lucas no se quedó así como así, le agarró un tobillo y Scott cayó también.
- ¡Hey! ¡Es trampa! – exclamó el mientras Sami se llevó el balón rápidamente.
Sam corría a toda velocidad, y Charllote no la perdía de vista mientras le bloqueaba el paso, pero mi amiga fue más inteligente y fingió comenzar a moverse a la izquierda y su intercalo hizo lo mismo, aprovechó y corrió con el balón hacia la derecha.
- Quisiera que ganara Scott – murmuré. Cristian volteó la cabeza en mi dirección y me miró ofendido, Sam aprovecho y marcó el último gol.
- ¡Gooool! – gritaba ella. - ¡Gane!
Se podía oír a lo lejos a Damián y Scott tosiendo en señal de desaprobación.
- Está bien. ¡Ganamos! – los chicos cargaban a Sam mientras me guiñaba el ojo y movía los labios, se interpretaba como un Gracias.
Lucas estaba molesto, solo regañaba a Cristian por no haber prestado atención, este solo se colocaba la mano en la cabeza, mientras Charlotte volteaba los ojos diciendo:
- Para la próxima me voy con la chica.
Al rato Damián se despidió de nosotros, al parecer tenía que ayudar a re decorar la casa, todos entendimos y lo despedimos.
Esperamos todos nos sentamos en el suelo, hablando sobre el partido, y Lucas todavía refunfuñando su derrota. Antes de que formaran un pleito llegó Verónica, y nos sonrió a todos.
- Buen partido. Lo vi desde la ventana – dijo ella. - ¿Qué tal si ponemos a esta señorita al tanto? – me señalo mientras miraba a los demás, ellos asintieron.
Movió un par de rocas y las colocó en forma de círculo, levitó algunos troncos y los puso adentro.
- Ya veo que tienen los disfraces. Entonces todos van a la fiesta de la escuela ¿no? – comentó Verónica para romper el hielo.
- No, vamos a la de Cristie, ya que cumple años en Halloween – dijo Sam.
- Además que las de la escuela son un asco – dijo Lucas.
- Yo organicé una de ellas – se defendió Verónica aludida.
- Todas menos la tuya, igualmente no habíamos llegado para esa fecha ¿Lo recuerdas?
- Oh, cierto.
- ¿Pensé que ustedes estudiaban aquí toda su vida?
- No, solo hace un año antes de que llegaras. Estaba planeado.
- ¿Planeado?
- ¿Aun no le han contado? – preguntó Verónica. Mis amigos negaron con la cabeza y ella volteó los ojos – Ven Cristine, creo que me toca a mi contarte las historias.
- ¡Yupi! ¿Con fogata como la vez pasada no?
- ¿Ves pasada?
Halo!! Oh! Al fin pude entrar! Me estaba muriendo! No quería entrar otra vez la pag!, al fin! Aquí les dejo este cap, por fis tengan paciencia con los dos otros blogs, cuando solucione todo les haré saber de inmediato!
Espero que les guste este cap
Xoxo mari R☆★
lunes, 4 de enero de 2010
Escondidas
Capítulo 14
- Hola – saludé primero.
- ¡Cristine! – exclamaba Lucas mientras corrió a abrazarme cuando llegaba.
- Yo también te extrañe. ¿Cómo está mi payaso favorito?
- Perfecto. ¿Dónde estaban?
- De compras – respondimos Sami y yo al unisonó.
- Oh. Espero que me hayan comprado algo, o no las pienso dejar entrar
- No, no pensamos en eso. Lo siento Lucas
- Ya veo – nos cerró de golpe la puerta.
- Que bobo – dijo Sam y desapareció.
Me concentré lo suficiente para aparecerme en su casa, y lo logré ya estaba en la sala. Todos me miraron impresionados mientras Cristian sonreía.
- ¿Cómo lo hiciste? – preguntó Lucas.
- Con magia. Obvio.
- Si, ya lo sé, pero es la primera vez que te apareces ¿no?
- Si.
- ¡Vaya, eres todo un fenómeno!
- ¡Lucas! ¿Qué te pasa?
- Lo que trata de decir es que avanzas muy rápido, te enteraste de tus condiciones hace poco. Además, está celoso solo porque a él aun le cuesta aparecerse. – Explicó Cristian.
- Celoso – susurré.
- ¡Tenían que ver lo que hizo Cristie en el centro comercial! – decía Sam – Activó una de las alarmas de seguridad de una tienda, y un guardia se llevó a Regina que iba saliendo de la tienda.
Cristian y Lucas se quedaron serios durante unos segundos, después estallaron en risas, sin control. Sam sacudía a Lucas que no paraba de reír.
- ¡Te alabo Cristine! ¡Nunca se me había ocurrido eso! – carcajeaba Lucas mientras Sam seguía zarandeándolo.
- Gracias, fue pura inspiración. – respondí.
- ¿Qué tal si jugamos afuera? – sugirió Cris quien ya había recuperado el control
- Sí, me parece perfecto.
- Buscaré el disco para jugar Freesbe – corrió Sam mientras salía de la habitación.
- Esperémosla afuera.
Seguí a los chicos por el pasillo hasta que Lucas se detuvo, me miro con cara de decepción, me sacó la lengua y se desaparecido.
- Celoso.
- ¡Te escuché! – gritó él desde afuera.
Salí con Cristian a la parte trasera de su casa, era muy hermosa, el suelo era de piedra, mas adelante había una piscina en el medio y a su izquierda había un patio libre de pasto y flores donde esperamos a que Sam viniera con el disco.
Mi amiga venía corriendo a toda velocidad y lanzó el disco con fuerza mientras volaba por los aires en nuestra dirección, Cristian lo atrapó con una increíble agilidad que no conocía de él. Se lo lanzó a Lucas quien lo atrapó y me lo lanzó en mi dirección mientras reía, venía tan rápido que no reaccione correctamente y solo lo reduje con mi mente mientras lo atrapaba.
- Tramposa – susurró Lucas.
Se lo lancé a Sam guiñándole un ojo, ella sonrió en señal de entendimiento. Y le gritó a Cris:
- ¡Atrápalo!
Cristian ya había empezado a correr cuando Sami se lo arrojó a Lucas y le cayó en plena frente. El solo grito ¡Auch! Mientras todos reíamos, el tomó el disco y desapareció. ¿Dónde estaría ese payaso? Cuando iba a formular mi pregunta en voz alta vi a Lucas cerca de mi mientras lanzaba el disco velozmente en mi dirección, no pude pararlo por el susto y me oculté con las manos para protegerme, pero por suerte Cris lo paró justo a tiempo. Yo solo lo mire y sonreí, el asintió mientras se acercaba y agarró el disco.
- Idiota – murmuró en dirección de Lucas.
- Claro, me dices idiota porque se lo lancé a tu…
- ¡Cállate! ¿Quieres? ¡Sam! – gritó y le lanzo el disco a Sami muy alto y ella lo siguió.
Pensé que Sami se iba a caer en la piscina, pero para mi asombro ella solo pisó la superficie del agua ¡Caminaba sobre ella!
- ¡Genial! – se me soltó.
- Ven y te enseño.
Me acerqué a mi amiga mientras salía de la piscina, mientras me decía:
- No es muy complicado. Solo tienes que pisar más fuerte de lo normal mientras piensas en la forma del agua firme.
- ¿Firme? – pregunté confundida.
- Si, el agua cambia su forma que es firme, serena por movimientos, ondulaciones y turbulencias cuando algo hace que esta cambie, como el viento, o el contacto con algo. Imagínate ser más ligera y el agua más dura cuando entres en contacto con ella, eso también ayuda.
- Oh, gracias. Déjame intentarlo.
- ¡Chica al agua! – gritaba Lucas que se encontraba detrás de mi y me empujó a la piscina.
Reaccioné a tiempo y apliqué las instrucciones que me dijo mi amiga, eran fáciles. Antes de darme cuenta ya estaba caminando sobre el agua.
- ¡Ja! – exclamé gloriosa mientras le sacaba la lengua a Lucas.
- Aprendes rápido.
- Lo sé.
- ¡Maldición! Lucas necesito que me acompañes a la entrada, tenemos visitas. – dijo Cristian.
- ¿Visitas? – en ese momento sonó el timbre.
Cristian y Lucas salieron de la estancia mientras Sam y yo nos sentábamos en la piscina.
- ¿Cómo supo Cris que tenían visitas? – pregunté confundida.
- Ah, se me olvidó contarte esa parte. Los magos y brujas siempre tenemos un sentido más desarrollado que otro, como las personas, solo que es el sexto sentido.
- ¿Sexto sentido?
- Si, es aquel que no solo une a todos los demás sentidos, sino que también nos da más ventajas mentales.
- ¿Cómo cuales?
- Eso depende, puede variar. Como por ejemplo Cristian, el puede percibir mejor su entorno, sintió movimiento de personas cerca de la casa y por eso salió.
- ¿Y tú qué haces?
- Puedo aparecerme más fácil de lo normal, una vez aparecí en Francia, aunque me costó mucho, mientras más larga la distancia, más difícil se me hace.
- ¡Fascinante! ¿Y Lucas?
- Bueno, como verás es un cabeza hueca, así que dudo que tenga poder mental.
- Si es cierto – reímos ambas.
- Eh, se le hace mucho más fácil interactuar con la personas, me refiero a utilizar sus poderes en alguien y que den mejores resultados.
- Ah, ya veo… ¿Cuál sería mi especialidad entonces?
- ¡La tuya es genial!
- ¿En serio? ¿Cuál es?
- Es más que obvio, puedes ver el futuro.
- ¿El futuro? ¿Pero no he visto nada aun?
- ¡Si, si lo has hecho. En tus sueños!
- ¿En mis sueños?
- Si, tienes una gran capacidad mental. Las personas imaginan o piensan cosas en su mente cuando duermen, y a eso algunas veces se le llama sueño, lo tuyo algunas veces son visiones, ya que tu mente trabaja aun más cuando estás en trance o dormida y puedes tener visiones, es genial.
- No sabía eso ¿Por qué no me contaste?
- No había surgido el tema y se me olvido. Lo siento.
- Te perdono tonta.
En ese momento oímos gritos desde la casa, al parecer estaban discutiendo:
- ¡Déjame verla, solo quiero saber si está bien! – gritó una voz familiar.
- Ya basta, después puedes verla. Ahora no – dijo Cris.
- Hey, ya deja que la vea y después que se largue. – dijo Lucas.
- ¡No! ¡Vete Diamons!
¡Diamons! ¿Sería Scott?
- ¡Scott! – exclamé
- ¿Cristie? ¡Cristie! – era él, mientras aparecía corriendo con Charlotte que miraba muy nerviosa a Cristian y a Lucas.
- ¡Qué bueno verte! ¿Qué te trae por aquí? – dije mientras corría a abrazarlo.
- Solo quería verte, y como sabía que ya pensabas en mi quería ir a visitarte.
- Gracias.
- Entonces ya lo sabes ¿No?
- Si
- Apenas me enteré fui a tu casa pero no estabas y pensé que debías estar en otro lado. Decidí aparecerme recordando mi promesa.
- Oh, es muy lindo de tu parte Scott. Gracias, estoy bien. – dije con dulzura recordando la promesa que me había hecho.
- Y… ¿Qué haces?
- Estaba jugando con mis amigos. ¿Quieres jugar? – le pregunté mientras tomaba el disco en mis manos.
- ¡Claro!
- ¿Y tu Charlotte?
- No. – se sentó bajo un árbol.
- Oh, bueno ahí va… - y le arrojé el disco a Scott.
Antes de que Scott lo atrapara el disco giró como si fuera un boomerang en dirección a Cris y lo atrapo mientras dijo:
- Creo que ya la viste Diamons, lo siento pero…
- No. Entiendo, me tendré que ir, vámonos Charlotte. Adiós Cristie.
- ¡No! Por favor no te vayas – le supliqué.
- Lo siento, pero creo que no soy grato aquí – murmuraba mientras le lanzó una mirada a Cris.
- Oh. ¿Cuándo vendrás a visitarme?
- Solo cuando tú quieras, solo tienes que pensar ahí y estaré allí para ti.
- Gracias. Adiós Scott.
- Adiós.
- Adiós Charlotte – la despedí pero no hubo respuesta, Scott la miró fulminante mientras salía y luego me dirigió una mirada tierna en señal de Disculpa.
Cristian y Lucas los acompañaron a la salida, y me quedé a solas con Sam, miraba en dirección de la salida y a mí, varias veces, entonces me frustré y le dije:
- ¡Sí! ¡Scott Diamons es mi amigo! ¿Tiene algo de malo?
- No, pero me parece que hay algo mas – canturreaba mi amiga.
- Por favor no empieces con eso, pensé que eras mi amiga.
- Si. Pero él no quiere ser tu amigo…. – susurraba Sam.
- ¿Qué quieres decir? - entrecerré los ojos.
- ¡Le gustas!
- Sí, pero solo somos amigos.
- ¡Por favor Cristine! Así se empieza
- Pero yo no estoy empezando nada
- ¿Te gusta?
- ¡No! Es mi mejor amigo. Solo eso.
- Si pero el…
- ¡Ya basta! si vuelves a decir algo me iré de aquí.
- Pero…
- ¡Y me iré de compras con Charlotte! – la amenacé. Sabía que eso la calmaría, lo hizo y se estremeció.
- No te atreverías – susurró.
- ¿Quieres ver?
- ¡No! No te vuelvo a hablar de eso, lo prometo.
- Así es.
Llegaron Lucas y Cristian hablando bajo entre ellos, al parecer Lucas sonreía por el comentario que le había dicho a Cristian, y este se detuvo asustado, lo miro serio y le pegó un manotazo en la cabeza.
- ¡Cállate!
- ¡Caracoles! Que miedo Cristian
- Te lo suplico.
- Mejor de rodillas.
- No me humilles así. Solo guarda silencio, y te prometo que lo haré.
- Me parece bien.
- ¿Qué pasa? – me paré de donde estaba mientras esperaba respuesta, los dos solo se miraron a la cara y después a mí.
- Nada – contestaron a unisonó y Sam rio.
- No entendí el chiste Sam – dijo Cristian.
- ¿Quieres que lo explique? – sonrió con mirada picarona.
- ¡Piedad! ¡Ya paren! ¡Eres mi hermana! ¿Cómo me haces esto?
- Solo decía…
En ese instante entró una mujer que debía ser la madre de Cristian y Sam en la estancia con una bandeja con bebidas. La mujer era alta, delgada, Sam era idéntica a ella, tenían las mismas facciones, sonreía cuando me miró, y dijo:
- Hola Cristine, soy la mamá de Cristian y Samantha, Simone Wichtter – me estrechó la mano por cortesía.
- Mucho gusto Sr. Wichtter.
- El gusto es mío Cielo. Les traje algo de beber, si necesitan algo estaré en la cocina.
- Gracias – dijimos todos al unisonó.
Nos sentamos en el pasto mientras tomamos las bebidas, Cris me miraba de reojo, ¿Acaso te pasaba algo?
- ¿A ti que te pasa?
- ¿A mí? Nada – respondió fingiendo inocencia, que obvio era.
- Estas de lo más raro hoy, quería que se quedaran Scott y Charlotte.
- Igual yo, hubiera sido divertido – intervino Lucas cuando Cris bebía otro sorbo de té frio, y se ahogó con aquel comentario. Lucas fingió inocencia mientras tomaba otro sorbo de té.
- Solo no me simpatiza, es todo. – tosía aun ahogado por la bebida.
Nos quedamos un rato en silencio acostados en el pasto, solo observando las nubes, mientras discutíamos por que forman tenían. Me parecía absurdo el tiempo que las personas solo miran al suelo, pensando en la realidad, en vez de observar un rato el cielo, que siempre cambia, ir más allá solo un momento, a mí me relajaba.
- Oigan, esa tiene forma de un trébol de cuatro hojas – comentó Lucas.
- No, parece una margarita – lo contradije.
- Además, tu trébol tiene como seis hojas ahora. – intervino Sami. - ¡Cristie! ¡Tengo una idea!
- ¿Cuál?
- ¿Qué tal una fiesta de pijamas?
- ¡Si me encanta!
- ¡Qué alegría! ¡También voy! Necesito un nuevo color de barniz en mis uñas – canturreó Lucas.
- ¡No bobo! Solo para chicas
- Ah claro, ya comenzó el club del horror de las BFF’s. Pues mi mejor amigo es Cristian, ¿Verdad Cris?
- No – respondió el con amargura mientras Sami y yo reíamos.
- ¿Qué tal un día antes de tu cumpleaños?
- ¿Mi cumpleaños? Falta mucho ¿no?
- Solo seis días ¡Tengo que conseguirte el regalo ideal!
- No te preocupes por eso, no quiero nada.
- ¡Bah! Todos queremos algo en cumpleaños.
- Sí, pero yo no quiero nada. En serio no se molesten.
- ¡Te haré un regalo sorpresa! ¡Con este regalo si que me voy a divertir! – reía Lucas malvado.
- Si, inténtalo y te vuelo la cabeza – amenacé.
- Oh, que susceptible. ¿Eso es un sí?
- ¡No! Es un no
- No dijo exactamente que no – susurró el - ¿Y qué le vas a regalar tu Cris?
- Algún pasaje para que pueda estar lejos de ti – respondió Cris.
- No es mala idea – dije yo mientras le sonreía a Cris, para después mirar con malicia a Lucas.
- ¡Juguemos a las escondidas! – saltó Sami contenta - ¿Por favor si?
- ¡Cuenta Cris! – gritó Lucas antes de correr – Las reglas son que no hay reglas – carcajeaba mientras desapareció.
- Solo se puede desaparecer 2 km a la redonda – dijo Sam. – Comienza Cris.
Cristian se posó en un árbol mientras Sami y yo salimos corriendo en direcciones opuestas, yo sabía perfectamente cual lugar escogería, el escondite perfecto, mi escondite. Me desaparecí pensando en mi escondite, abrí los ojos, no aparecí allí, cerca pero no estaba allí, cerré los ojos con fuerza para concentrarme, esperé un momento hasta sentir el cambio y los abrí de nuevo.
Esta vez lo logré, había llegado. Llegué a el claro donde estuve ayer, donde encontré a Cris, estaba perfecto, como siempre, con aquella luz que me gustaba, esperé un buen rato antes de comenzar a correr por algunos lados antes de llegar de vuelta, sin que nadie me viera claro.
Comencé a correr con energía mientras me alejaba del lugar, aunque no quería, voltee atrás para verlo de nuevo como una despedida, aunque volvería, eso era seguro. Giré mi cabeza hacia adelante pero fue tarde, choqué contra algo, contra alguien, traté de ver con quien había impactado pero me aferró en sus brazos y no me pude soltar.
- Te atrapé – susurró Cris en mi oído. Di un respingo ante tanta proximidad.
- No puedo respirar.
- Oh, disculpa – aflojó sus brazos pero aun así no me soltó.
- ¿Me puedes soltar?
- ¿Para qué? Ya te encontré, no te dejaré escapar.
- Tramposo – murmuré
- ¿Quieres que te suelte no?
- Si
- Entonces corre, te daré ventaja – me soltó y aproveché para salir corriendo en el claro, mi claro, me corregí a mí misma.
Corrí lo mas que pude mientras reía, pero el se apareció en frente de mi y aunque frené a tiempo para no chocar me envolvió en sus brazos, tenía una sonrisa angelical en su rostro, me dejó sin aliento. Estaba muy cerca de mí, otra vez.
- Me estas incomodando Cris – traté de hablar.
- ¿Por qué? – susurró él.
- Eres un tramposo, solo tenías que correr, ¿Para qué me das ventaja si después apareces de esa forma?
- Ja, ja, ja. Lo sé. No te pienso dejar ir – me acunó en su pecho, yo seguía atónita, aun sin entender, rozó su mejilla contra la mía. De pronto me soltó y exclamo - ¡Rayos!
- ¡Libre! ¿Así que estaban jugando y no me invitaron? – apareció Lucas por uno de los arboles.
- ¡Te mataré Lucas Jason! – gritó Cristian mientras corría en su dirección.
- Por supuesto, ¡Atrápame lentito! – escapó Lucas mientras volaba por los arboles - ¡Harry Potter pueda besarme el…!
- ¡Lucas cállate! – gritó Cristian antes de desaparecer por los arboles.
Aproveché la situación, tal vez llegaría a tiempo. Me aparecí en la casa de los Wittcher otra vez, lo logré con éxito. Vi a Sam sentada en un árbol esperándome mientras jugaba con su cabello.
- Tardaste mucho ¿Dónde estabas? – preguntó mi amiga.
- Por algún lugar.
- ¿Dónde están Cris y Lucas?
- Creo que matándose el uno al otro – le dije mientras reíamos.
Después de un par de minutos apareció Cristian y se acercó a nosotras mientras reía, me miró y sonrió tan radiante como cuando estábamos en el lago.
- ¿Por qué tanta risa? – preguntó Sam – Tardaste años.
- Estuve ocupado – miraba a mi dirección mientras reía.
- ¿Pero cuál es la gracia?
- Ya verán. Oh, justo ahora.
Apareció Lucas molesto, Estaba cubierto de barro y hojas de pies a cabeza, solo caminaba y nos miraba esperando una respuesta. Sami y yo lo miramos durante 3 segundos, luego estallamos en risa, lo mirábamos y reíamos mientras veíamos a Lucas que chorreaba barro en la cara.
- ¡Pareces un mounstro de barro! – carcajeaba sin control.
- Ja, ja, ja ¡Ya verás! – exclamó el mientras me levitaba y caía en la piscina.
- ¡Lucas! – exclamó Cris.
- ¡Tú también bobo! – y lo lanzó a la piscina mientras yo tragaba agua.
- ¡Cristie! Déjame ayudarte – dijo Sami
- Tranquila puedo sola.
- Dame la mano – dijo Cristian que ya había salido de la piscina. Asentí y me ayudó a salir.
- Acompáñame, te daré algo de ropa – me dijo Sam y la acompañe a su habitación.
- ¡Ya se! Voy a probarme algo que compré – mientras sacaba un camisa rosa sin tiras con unos jeans blancos.
- Me gusta, te queda excelente
- Gracias
- Déjame poner a secar tu ropa. Espérame solo un segundo. – salió corriendo con mi ropa mientras yo desenredaba mi cabello.
Ya estaba por terminar cuando tocaron la puerta. Debía ser Sam con la ropa, a lo mejor tenía las manos ocupadas así que le abrí.
- Oye, Sam si quieres esperas y… Oh – me sorprendí al ver a Cristian en la puerta en vez de Sam, aun tenía el cabello mojado.
- Lo siento, por como Lucas te lanzó a la piscina. – se disculpó, parecía de verdad apenado.
- Fue divertido. Aunque ese tonto me las pagará.
- Ya me encargué de eso.
- ¿Qué le hiciste?
- Es mejor que no sepas aun. – se rio.
Yo me reí también un rato, no había nada más gracioso que ver a Lucas enojado
.
- ¿Te divertiste? – preguntó de nuevo.
- Sí, me divertí mucho. Aunque me divertiré más cuando vea que le hiciste a Lucas.
- Me alegra oír eso, estaré abajo, creo que no querrás escuchar a Lucas durante un rato.
- Si, estuvo muy raro hoy, no sé cuantas boberías dijo.
- Ja, ja, ja. Si, raro. Estaré abajo. – y salió de la habitación.
Esperé a Sam paciente un par de minutos en su cuarto. En ese momento escuché un grito que venía desde abajo ¡Me las vas a pagar idiota!, seguro era Lucas, reí, aunque no sabía cuál era el chiste. Sami entró en la habitación carcajeando mientras me dio la ropa seca.
- ¿Qué le hizo? – le pregunté
- Digamos que Cristian lavó la ropa de Lucas y… ¡La pintó toda de rosa!
- Oh, entonces ese era el escándalo.
- Si. Esta como loco, pero ya se acaba de ir.
- ¿Salió a la calle así? – comencé a reír de nuevo.
- No, se desapareció.
- Ah, que lastima. Eso sería un verdadero espectáculo.
Ambas reímos un buen rato mienta
Bajamos a la sala donde ahora solo se encontraba Cris viendo Televisión, muy tranquilo, nos vio bajar y nos sonrió, parecía divertido.
- ¿Se fue así como así? ¿No se vengó? – pregunté yo asustada, esperando que Lucas me elevara a la piscina o apareciera detrás de mí.
- No, con ese aspecto que tenia, dudo que lo veamos por un rato – carcajeó Cris, mientras nos invitaba a Sami y a mí a sentarnos.
Cristian hizo un recorrido por los canales de la tele, no habían programas buenos a esa hora, como que escaseaban. Encontró uno muy gracioso que seguro le hubiera encantado a Lucas, era un concurso donde le hacían bromas a los participantes, se veía divertido.
- ¿Oigan qué hora es? – pregunté rompiendo el silencio. Debía ser bastante tarde, debido a la hora que salí de mi casa.
- En, son las 6: 13 p.m – respondió mi amiga con exactitud.
- ¡Oh, me tengo que ir, se está siendo tarde! – me paré del sillón mientras los gemelos me miraban con diferentes expresiones, Sami con sorpresa, y Cris con resignación ¿Por qué?
- ¡No te vayas! – fue esta vez Cris quien habló
- Lo siento, quisiera hablar con mi madre un rato. Ya entenderán, quisiera aclarar algunas cosas.
- ¡Qué cruel eres Cristine Brians! ¡Y te haces llamar mi amiga! – comenzó a pelear Sam.
- Volveré mañana contigo, ¿Si? – me derretí, esa mirada de lastima que ponía ella era insoportable, era inevitable.
- ¡Sí! Con eso me acompañas a comprar un vestido para la fiesta, ah y una piyama linda – aplaudía ella.
- ¿Qué fiesta? ¿Piyama?
- ¡Si, tu fiesta de cumpleaños! ¡También de Hallowen! ¡Y no olvides la piyamada!
- ¡Sam, no acordamos esto!
- Será genial, ¿A que si Cris? – dijo mientras le daba un codazo a su hermano.
- Si, genial. Tu iras vestida de mounstro, ah ya estas lista para eso, irritante como siempre… - masculló él.
- ¡Pues tu de ogro, por amargado! – le sacó la lengua.
- Concuerdo con los dos….
- ¡Cristine! – exclamaron los dos. Reí.
- ¡Qué osadía! Jamás pensé ver a mi mejor amiga en mi contra.
- Me siento ofendido, pero lo tomaré como un cumplido si así lo dices.
- Bien, dicho. Deberías portarte como tu hermano, aprende rápido.
- ¡Traición! Igualmente te buscaré mañana en la mañana para que me ayudes a conseguir el vestido perfecto - me giño un ojo mientras desapareció. Que loca.
- Entonces me iré, adiós Cristian. Creo que nos veremos mañana gracias a… - le dejé la duda, no era difícil de adivinar.
- Sam – volteo los ojos hacia arriba mientras hacia una mueca fingida de dolor – Que tengas suerte, la vas a necesitar.
- Que Dios me ayude – dije.
- Por supuesto. Adiós Cristine – dijo mientras me beso en la mejilla. Me sonrojé ante ese contacto.
- Adiós Cris, vigila la ventana de tu cuarto.
- ¿Por qué? – preguntó aunque parecía divertirle, seguía mi chiste.
- Por si algún psicópata llamado Lucas aparece en tu ventana mientras duermes – ambos reímos.
- Ni si quiera lo nombres a ese metiche– masculló – Aun siento como si me estuviera espiando…
- Ni lo digas, adiós – y me desaparecí.
Hola bloggers!!! ¡Los extrañaba! ¡Que bien se siente volver a escribir! Se que tenía que escribir ayer, pero he tenido problemas con mi pc, igualmente les dejo este cap! Espero que les guste... ¡El primer cap del año! Cuando vuelva a publicar les dejaré los blogs de Albus, y de Lily y James.
Oh! casi se me olvida! ayer comencé de leer un libro, ehh y lo terminé el mismo día, jeje. Estaba super, se llama La Emperatriz de lo Etéreos, ¡me encanta! la historia es un poco corta, pero esta original!
xoxo mari R☆★
- Hola – saludé primero.
- ¡Cristine! – exclamaba Lucas mientras corrió a abrazarme cuando llegaba.
- Yo también te extrañe. ¿Cómo está mi payaso favorito?
- Perfecto. ¿Dónde estaban?
- De compras – respondimos Sami y yo al unisonó.
- Oh. Espero que me hayan comprado algo, o no las pienso dejar entrar
- No, no pensamos en eso. Lo siento Lucas
- Ya veo – nos cerró de golpe la puerta.
- Que bobo – dijo Sam y desapareció.
Me concentré lo suficiente para aparecerme en su casa, y lo logré ya estaba en la sala. Todos me miraron impresionados mientras Cristian sonreía.
- ¿Cómo lo hiciste? – preguntó Lucas.
- Con magia. Obvio.
- Si, ya lo sé, pero es la primera vez que te apareces ¿no?
- Si.
- ¡Vaya, eres todo un fenómeno!
- ¡Lucas! ¿Qué te pasa?
- Lo que trata de decir es que avanzas muy rápido, te enteraste de tus condiciones hace poco. Además, está celoso solo porque a él aun le cuesta aparecerse. – Explicó Cristian.
- Celoso – susurré.
- ¡Tenían que ver lo que hizo Cristie en el centro comercial! – decía Sam – Activó una de las alarmas de seguridad de una tienda, y un guardia se llevó a Regina que iba saliendo de la tienda.
Cristian y Lucas se quedaron serios durante unos segundos, después estallaron en risas, sin control. Sam sacudía a Lucas que no paraba de reír.
- ¡Te alabo Cristine! ¡Nunca se me había ocurrido eso! – carcajeaba Lucas mientras Sam seguía zarandeándolo.
- Gracias, fue pura inspiración. – respondí.
- ¿Qué tal si jugamos afuera? – sugirió Cris quien ya había recuperado el control
- Sí, me parece perfecto.
- Buscaré el disco para jugar Freesbe – corrió Sam mientras salía de la habitación.
- Esperémosla afuera.
Seguí a los chicos por el pasillo hasta que Lucas se detuvo, me miro con cara de decepción, me sacó la lengua y se desaparecido.
- Celoso.
- ¡Te escuché! – gritó él desde afuera.
Salí con Cristian a la parte trasera de su casa, era muy hermosa, el suelo era de piedra, mas adelante había una piscina en el medio y a su izquierda había un patio libre de pasto y flores donde esperamos a que Sam viniera con el disco.
Mi amiga venía corriendo a toda velocidad y lanzó el disco con fuerza mientras volaba por los aires en nuestra dirección, Cristian lo atrapó con una increíble agilidad que no conocía de él. Se lo lanzó a Lucas quien lo atrapó y me lo lanzó en mi dirección mientras reía, venía tan rápido que no reaccione correctamente y solo lo reduje con mi mente mientras lo atrapaba.
- Tramposa – susurró Lucas.
Se lo lancé a Sam guiñándole un ojo, ella sonrió en señal de entendimiento. Y le gritó a Cris:
- ¡Atrápalo!
Cristian ya había empezado a correr cuando Sami se lo arrojó a Lucas y le cayó en plena frente. El solo grito ¡Auch! Mientras todos reíamos, el tomó el disco y desapareció. ¿Dónde estaría ese payaso? Cuando iba a formular mi pregunta en voz alta vi a Lucas cerca de mi mientras lanzaba el disco velozmente en mi dirección, no pude pararlo por el susto y me oculté con las manos para protegerme, pero por suerte Cris lo paró justo a tiempo. Yo solo lo mire y sonreí, el asintió mientras se acercaba y agarró el disco.
- Idiota – murmuró en dirección de Lucas.
- Claro, me dices idiota porque se lo lancé a tu…
- ¡Cállate! ¿Quieres? ¡Sam! – gritó y le lanzo el disco a Sami muy alto y ella lo siguió.
Pensé que Sami se iba a caer en la piscina, pero para mi asombro ella solo pisó la superficie del agua ¡Caminaba sobre ella!
- ¡Genial! – se me soltó.
- Ven y te enseño.
Me acerqué a mi amiga mientras salía de la piscina, mientras me decía:
- No es muy complicado. Solo tienes que pisar más fuerte de lo normal mientras piensas en la forma del agua firme.
- ¿Firme? – pregunté confundida.
- Si, el agua cambia su forma que es firme, serena por movimientos, ondulaciones y turbulencias cuando algo hace que esta cambie, como el viento, o el contacto con algo. Imagínate ser más ligera y el agua más dura cuando entres en contacto con ella, eso también ayuda.
- Oh, gracias. Déjame intentarlo.
- ¡Chica al agua! – gritaba Lucas que se encontraba detrás de mi y me empujó a la piscina.
Reaccioné a tiempo y apliqué las instrucciones que me dijo mi amiga, eran fáciles. Antes de darme cuenta ya estaba caminando sobre el agua.
- ¡Ja! – exclamé gloriosa mientras le sacaba la lengua a Lucas.
- Aprendes rápido.
- Lo sé.
- ¡Maldición! Lucas necesito que me acompañes a la entrada, tenemos visitas. – dijo Cristian.
- ¿Visitas? – en ese momento sonó el timbre.
Cristian y Lucas salieron de la estancia mientras Sam y yo nos sentábamos en la piscina.
- ¿Cómo supo Cris que tenían visitas? – pregunté confundida.
- Ah, se me olvidó contarte esa parte. Los magos y brujas siempre tenemos un sentido más desarrollado que otro, como las personas, solo que es el sexto sentido.
- ¿Sexto sentido?
- Si, es aquel que no solo une a todos los demás sentidos, sino que también nos da más ventajas mentales.
- ¿Cómo cuales?
- Eso depende, puede variar. Como por ejemplo Cristian, el puede percibir mejor su entorno, sintió movimiento de personas cerca de la casa y por eso salió.
- ¿Y tú qué haces?
- Puedo aparecerme más fácil de lo normal, una vez aparecí en Francia, aunque me costó mucho, mientras más larga la distancia, más difícil se me hace.
- ¡Fascinante! ¿Y Lucas?
- Bueno, como verás es un cabeza hueca, así que dudo que tenga poder mental.
- Si es cierto – reímos ambas.
- Eh, se le hace mucho más fácil interactuar con la personas, me refiero a utilizar sus poderes en alguien y que den mejores resultados.
- Ah, ya veo… ¿Cuál sería mi especialidad entonces?
- ¡La tuya es genial!
- ¿En serio? ¿Cuál es?
- Es más que obvio, puedes ver el futuro.
- ¿El futuro? ¿Pero no he visto nada aun?
- ¡Si, si lo has hecho. En tus sueños!
- ¿En mis sueños?
- Si, tienes una gran capacidad mental. Las personas imaginan o piensan cosas en su mente cuando duermen, y a eso algunas veces se le llama sueño, lo tuyo algunas veces son visiones, ya que tu mente trabaja aun más cuando estás en trance o dormida y puedes tener visiones, es genial.
- No sabía eso ¿Por qué no me contaste?
- No había surgido el tema y se me olvido. Lo siento.
- Te perdono tonta.
En ese momento oímos gritos desde la casa, al parecer estaban discutiendo:
- ¡Déjame verla, solo quiero saber si está bien! – gritó una voz familiar.
- Ya basta, después puedes verla. Ahora no – dijo Cris.
- Hey, ya deja que la vea y después que se largue. – dijo Lucas.
- ¡No! ¡Vete Diamons!
¡Diamons! ¿Sería Scott?
- ¡Scott! – exclamé
- ¿Cristie? ¡Cristie! – era él, mientras aparecía corriendo con Charlotte que miraba muy nerviosa a Cristian y a Lucas.
- ¡Qué bueno verte! ¿Qué te trae por aquí? – dije mientras corría a abrazarlo.
- Solo quería verte, y como sabía que ya pensabas en mi quería ir a visitarte.
- Gracias.
- Entonces ya lo sabes ¿No?
- Si
- Apenas me enteré fui a tu casa pero no estabas y pensé que debías estar en otro lado. Decidí aparecerme recordando mi promesa.
- Oh, es muy lindo de tu parte Scott. Gracias, estoy bien. – dije con dulzura recordando la promesa que me había hecho.
- Y… ¿Qué haces?
- Estaba jugando con mis amigos. ¿Quieres jugar? – le pregunté mientras tomaba el disco en mis manos.
- ¡Claro!
- ¿Y tu Charlotte?
- No. – se sentó bajo un árbol.
- Oh, bueno ahí va… - y le arrojé el disco a Scott.
Antes de que Scott lo atrapara el disco giró como si fuera un boomerang en dirección a Cris y lo atrapo mientras dijo:
- Creo que ya la viste Diamons, lo siento pero…
- No. Entiendo, me tendré que ir, vámonos Charlotte. Adiós Cristie.
- ¡No! Por favor no te vayas – le supliqué.
- Lo siento, pero creo que no soy grato aquí – murmuraba mientras le lanzó una mirada a Cris.
- Oh. ¿Cuándo vendrás a visitarme?
- Solo cuando tú quieras, solo tienes que pensar ahí y estaré allí para ti.
- Gracias. Adiós Scott.
- Adiós.
- Adiós Charlotte – la despedí pero no hubo respuesta, Scott la miró fulminante mientras salía y luego me dirigió una mirada tierna en señal de Disculpa.
Cristian y Lucas los acompañaron a la salida, y me quedé a solas con Sam, miraba en dirección de la salida y a mí, varias veces, entonces me frustré y le dije:
- ¡Sí! ¡Scott Diamons es mi amigo! ¿Tiene algo de malo?
- No, pero me parece que hay algo mas – canturreaba mi amiga.
- Por favor no empieces con eso, pensé que eras mi amiga.
- Si. Pero él no quiere ser tu amigo…. – susurraba Sam.
- ¿Qué quieres decir? - entrecerré los ojos.
- ¡Le gustas!
- Sí, pero solo somos amigos.
- ¡Por favor Cristine! Así se empieza
- Pero yo no estoy empezando nada
- ¿Te gusta?
- ¡No! Es mi mejor amigo. Solo eso.
- Si pero el…
- ¡Ya basta! si vuelves a decir algo me iré de aquí.
- Pero…
- ¡Y me iré de compras con Charlotte! – la amenacé. Sabía que eso la calmaría, lo hizo y se estremeció.
- No te atreverías – susurró.
- ¿Quieres ver?
- ¡No! No te vuelvo a hablar de eso, lo prometo.
- Así es.
Llegaron Lucas y Cristian hablando bajo entre ellos, al parecer Lucas sonreía por el comentario que le había dicho a Cristian, y este se detuvo asustado, lo miro serio y le pegó un manotazo en la cabeza.
- ¡Cállate!
- ¡Caracoles! Que miedo Cristian
- Te lo suplico.
- Mejor de rodillas.
- No me humilles así. Solo guarda silencio, y te prometo que lo haré.
- Me parece bien.
- ¿Qué pasa? – me paré de donde estaba mientras esperaba respuesta, los dos solo se miraron a la cara y después a mí.
- Nada – contestaron a unisonó y Sam rio.
- No entendí el chiste Sam – dijo Cristian.
- ¿Quieres que lo explique? – sonrió con mirada picarona.
- ¡Piedad! ¡Ya paren! ¡Eres mi hermana! ¿Cómo me haces esto?
- Solo decía…
En ese instante entró una mujer que debía ser la madre de Cristian y Sam en la estancia con una bandeja con bebidas. La mujer era alta, delgada, Sam era idéntica a ella, tenían las mismas facciones, sonreía cuando me miró, y dijo:
- Hola Cristine, soy la mamá de Cristian y Samantha, Simone Wichtter – me estrechó la mano por cortesía.
- Mucho gusto Sr. Wichtter.
- El gusto es mío Cielo. Les traje algo de beber, si necesitan algo estaré en la cocina.
- Gracias – dijimos todos al unisonó.
Nos sentamos en el pasto mientras tomamos las bebidas, Cris me miraba de reojo, ¿Acaso te pasaba algo?
- ¿A ti que te pasa?
- ¿A mí? Nada – respondió fingiendo inocencia, que obvio era.
- Estas de lo más raro hoy, quería que se quedaran Scott y Charlotte.
- Igual yo, hubiera sido divertido – intervino Lucas cuando Cris bebía otro sorbo de té frio, y se ahogó con aquel comentario. Lucas fingió inocencia mientras tomaba otro sorbo de té.
- Solo no me simpatiza, es todo. – tosía aun ahogado por la bebida.
Nos quedamos un rato en silencio acostados en el pasto, solo observando las nubes, mientras discutíamos por que forman tenían. Me parecía absurdo el tiempo que las personas solo miran al suelo, pensando en la realidad, en vez de observar un rato el cielo, que siempre cambia, ir más allá solo un momento, a mí me relajaba.
- Oigan, esa tiene forma de un trébol de cuatro hojas – comentó Lucas.
- No, parece una margarita – lo contradije.
- Además, tu trébol tiene como seis hojas ahora. – intervino Sami. - ¡Cristie! ¡Tengo una idea!
- ¿Cuál?
- ¿Qué tal una fiesta de pijamas?
- ¡Si me encanta!
- ¡Qué alegría! ¡También voy! Necesito un nuevo color de barniz en mis uñas – canturreó Lucas.
- ¡No bobo! Solo para chicas
- Ah claro, ya comenzó el club del horror de las BFF’s. Pues mi mejor amigo es Cristian, ¿Verdad Cris?
- No – respondió el con amargura mientras Sami y yo reíamos.
- ¿Qué tal un día antes de tu cumpleaños?
- ¿Mi cumpleaños? Falta mucho ¿no?
- Solo seis días ¡Tengo que conseguirte el regalo ideal!
- No te preocupes por eso, no quiero nada.
- ¡Bah! Todos queremos algo en cumpleaños.
- Sí, pero yo no quiero nada. En serio no se molesten.
- ¡Te haré un regalo sorpresa! ¡Con este regalo si que me voy a divertir! – reía Lucas malvado.
- Si, inténtalo y te vuelo la cabeza – amenacé.
- Oh, que susceptible. ¿Eso es un sí?
- ¡No! Es un no
- No dijo exactamente que no – susurró el - ¿Y qué le vas a regalar tu Cris?
- Algún pasaje para que pueda estar lejos de ti – respondió Cris.
- No es mala idea – dije yo mientras le sonreía a Cris, para después mirar con malicia a Lucas.
- ¡Juguemos a las escondidas! – saltó Sami contenta - ¿Por favor si?
- ¡Cuenta Cris! – gritó Lucas antes de correr – Las reglas son que no hay reglas – carcajeaba mientras desapareció.
- Solo se puede desaparecer 2 km a la redonda – dijo Sam. – Comienza Cris.
Cristian se posó en un árbol mientras Sami y yo salimos corriendo en direcciones opuestas, yo sabía perfectamente cual lugar escogería, el escondite perfecto, mi escondite. Me desaparecí pensando en mi escondite, abrí los ojos, no aparecí allí, cerca pero no estaba allí, cerré los ojos con fuerza para concentrarme, esperé un momento hasta sentir el cambio y los abrí de nuevo.
Esta vez lo logré, había llegado. Llegué a el claro donde estuve ayer, donde encontré a Cris, estaba perfecto, como siempre, con aquella luz que me gustaba, esperé un buen rato antes de comenzar a correr por algunos lados antes de llegar de vuelta, sin que nadie me viera claro.
Comencé a correr con energía mientras me alejaba del lugar, aunque no quería, voltee atrás para verlo de nuevo como una despedida, aunque volvería, eso era seguro. Giré mi cabeza hacia adelante pero fue tarde, choqué contra algo, contra alguien, traté de ver con quien había impactado pero me aferró en sus brazos y no me pude soltar.
- Te atrapé – susurró Cris en mi oído. Di un respingo ante tanta proximidad.
- No puedo respirar.
- Oh, disculpa – aflojó sus brazos pero aun así no me soltó.
- ¿Me puedes soltar?
- ¿Para qué? Ya te encontré, no te dejaré escapar.
- Tramposo – murmuré
- ¿Quieres que te suelte no?
- Si
- Entonces corre, te daré ventaja – me soltó y aproveché para salir corriendo en el claro, mi claro, me corregí a mí misma.
Corrí lo mas que pude mientras reía, pero el se apareció en frente de mi y aunque frené a tiempo para no chocar me envolvió en sus brazos, tenía una sonrisa angelical en su rostro, me dejó sin aliento. Estaba muy cerca de mí, otra vez.
- Me estas incomodando Cris – traté de hablar.
- ¿Por qué? – susurró él.
- Eres un tramposo, solo tenías que correr, ¿Para qué me das ventaja si después apareces de esa forma?
- Ja, ja, ja. Lo sé. No te pienso dejar ir – me acunó en su pecho, yo seguía atónita, aun sin entender, rozó su mejilla contra la mía. De pronto me soltó y exclamo - ¡Rayos!
- ¡Libre! ¿Así que estaban jugando y no me invitaron? – apareció Lucas por uno de los arboles.
- ¡Te mataré Lucas Jason! – gritó Cristian mientras corría en su dirección.
- Por supuesto, ¡Atrápame lentito! – escapó Lucas mientras volaba por los arboles - ¡Harry Potter pueda besarme el…!
- ¡Lucas cállate! – gritó Cristian antes de desaparecer por los arboles.
Aproveché la situación, tal vez llegaría a tiempo. Me aparecí en la casa de los Wittcher otra vez, lo logré con éxito. Vi a Sam sentada en un árbol esperándome mientras jugaba con su cabello.
- Tardaste mucho ¿Dónde estabas? – preguntó mi amiga.
- Por algún lugar.
- ¿Dónde están Cris y Lucas?
- Creo que matándose el uno al otro – le dije mientras reíamos.
Después de un par de minutos apareció Cristian y se acercó a nosotras mientras reía, me miró y sonrió tan radiante como cuando estábamos en el lago.
- ¿Por qué tanta risa? – preguntó Sam – Tardaste años.
- Estuve ocupado – miraba a mi dirección mientras reía.
- ¿Pero cuál es la gracia?
- Ya verán. Oh, justo ahora.
Apareció Lucas molesto, Estaba cubierto de barro y hojas de pies a cabeza, solo caminaba y nos miraba esperando una respuesta. Sami y yo lo miramos durante 3 segundos, luego estallamos en risa, lo mirábamos y reíamos mientras veíamos a Lucas que chorreaba barro en la cara.
- ¡Pareces un mounstro de barro! – carcajeaba sin control.
- Ja, ja, ja ¡Ya verás! – exclamó el mientras me levitaba y caía en la piscina.
- ¡Lucas! – exclamó Cris.
- ¡Tú también bobo! – y lo lanzó a la piscina mientras yo tragaba agua.
- ¡Cristie! Déjame ayudarte – dijo Sami
- Tranquila puedo sola.
- Dame la mano – dijo Cristian que ya había salido de la piscina. Asentí y me ayudó a salir.
- Acompáñame, te daré algo de ropa – me dijo Sam y la acompañe a su habitación.
- ¡Ya se! Voy a probarme algo que compré – mientras sacaba un camisa rosa sin tiras con unos jeans blancos.
- Me gusta, te queda excelente
- Gracias
- Déjame poner a secar tu ropa. Espérame solo un segundo. – salió corriendo con mi ropa mientras yo desenredaba mi cabello.
Ya estaba por terminar cuando tocaron la puerta. Debía ser Sam con la ropa, a lo mejor tenía las manos ocupadas así que le abrí.
- Oye, Sam si quieres esperas y… Oh – me sorprendí al ver a Cristian en la puerta en vez de Sam, aun tenía el cabello mojado.
- Lo siento, por como Lucas te lanzó a la piscina. – se disculpó, parecía de verdad apenado.
- Fue divertido. Aunque ese tonto me las pagará.
- Ya me encargué de eso.
- ¿Qué le hiciste?
- Es mejor que no sepas aun. – se rio.
Yo me reí también un rato, no había nada más gracioso que ver a Lucas enojado
.
- ¿Te divertiste? – preguntó de nuevo.
- Sí, me divertí mucho. Aunque me divertiré más cuando vea que le hiciste a Lucas.
- Me alegra oír eso, estaré abajo, creo que no querrás escuchar a Lucas durante un rato.
- Si, estuvo muy raro hoy, no sé cuantas boberías dijo.
- Ja, ja, ja. Si, raro. Estaré abajo. – y salió de la habitación.
Esperé a Sam paciente un par de minutos en su cuarto. En ese momento escuché un grito que venía desde abajo ¡Me las vas a pagar idiota!, seguro era Lucas, reí, aunque no sabía cuál era el chiste. Sami entró en la habitación carcajeando mientras me dio la ropa seca.
- ¿Qué le hizo? – le pregunté
- Digamos que Cristian lavó la ropa de Lucas y… ¡La pintó toda de rosa!
- Oh, entonces ese era el escándalo.
- Si. Esta como loco, pero ya se acaba de ir.
- ¿Salió a la calle así? – comencé a reír de nuevo.
- No, se desapareció.
- Ah, que lastima. Eso sería un verdadero espectáculo.
Ambas reímos un buen rato mienta
Bajamos a la sala donde ahora solo se encontraba Cris viendo Televisión, muy tranquilo, nos vio bajar y nos sonrió, parecía divertido.
- ¿Se fue así como así? ¿No se vengó? – pregunté yo asustada, esperando que Lucas me elevara a la piscina o apareciera detrás de mí.
- No, con ese aspecto que tenia, dudo que lo veamos por un rato – carcajeó Cris, mientras nos invitaba a Sami y a mí a sentarnos.
Cristian hizo un recorrido por los canales de la tele, no habían programas buenos a esa hora, como que escaseaban. Encontró uno muy gracioso que seguro le hubiera encantado a Lucas, era un concurso donde le hacían bromas a los participantes, se veía divertido.
- ¿Oigan qué hora es? – pregunté rompiendo el silencio. Debía ser bastante tarde, debido a la hora que salí de mi casa.
- En, son las 6: 13 p.m – respondió mi amiga con exactitud.
- ¡Oh, me tengo que ir, se está siendo tarde! – me paré del sillón mientras los gemelos me miraban con diferentes expresiones, Sami con sorpresa, y Cris con resignación ¿Por qué?
- ¡No te vayas! – fue esta vez Cris quien habló
- Lo siento, quisiera hablar con mi madre un rato. Ya entenderán, quisiera aclarar algunas cosas.
- ¡Qué cruel eres Cristine Brians! ¡Y te haces llamar mi amiga! – comenzó a pelear Sam.
- Volveré mañana contigo, ¿Si? – me derretí, esa mirada de lastima que ponía ella era insoportable, era inevitable.
- ¡Sí! Con eso me acompañas a comprar un vestido para la fiesta, ah y una piyama linda – aplaudía ella.
- ¿Qué fiesta? ¿Piyama?
- ¡Si, tu fiesta de cumpleaños! ¡También de Hallowen! ¡Y no olvides la piyamada!
- ¡Sam, no acordamos esto!
- Será genial, ¿A que si Cris? – dijo mientras le daba un codazo a su hermano.
- Si, genial. Tu iras vestida de mounstro, ah ya estas lista para eso, irritante como siempre… - masculló él.
- ¡Pues tu de ogro, por amargado! – le sacó la lengua.
- Concuerdo con los dos….
- ¡Cristine! – exclamaron los dos. Reí.
- ¡Qué osadía! Jamás pensé ver a mi mejor amiga en mi contra.
- Me siento ofendido, pero lo tomaré como un cumplido si así lo dices.
- Bien, dicho. Deberías portarte como tu hermano, aprende rápido.
- ¡Traición! Igualmente te buscaré mañana en la mañana para que me ayudes a conseguir el vestido perfecto - me giño un ojo mientras desapareció. Que loca.
- Entonces me iré, adiós Cristian. Creo que nos veremos mañana gracias a… - le dejé la duda, no era difícil de adivinar.
- Sam – volteo los ojos hacia arriba mientras hacia una mueca fingida de dolor – Que tengas suerte, la vas a necesitar.
- Que Dios me ayude – dije.
- Por supuesto. Adiós Cristine – dijo mientras me beso en la mejilla. Me sonrojé ante ese contacto.
- Adiós Cris, vigila la ventana de tu cuarto.
- ¿Por qué? – preguntó aunque parecía divertirle, seguía mi chiste.
- Por si algún psicópata llamado Lucas aparece en tu ventana mientras duermes – ambos reímos.
- Ni si quiera lo nombres a ese metiche– masculló – Aun siento como si me estuviera espiando…
- Ni lo digas, adiós – y me desaparecí.
Hola bloggers!!! ¡Los extrañaba! ¡Que bien se siente volver a escribir! Se que tenía que escribir ayer, pero he tenido problemas con mi pc, igualmente les dejo este cap! Espero que les guste... ¡El primer cap del año! Cuando vuelva a publicar les dejaré los blogs de Albus, y de Lily y James.
Oh! casi se me olvida! ayer comencé de leer un libro, ehh y lo terminé el mismo día, jeje. Estaba super, se llama La Emperatriz de lo Etéreos, ¡me encanta! la historia es un poco corta, pero esta original!
xoxo mari R☆★
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Luz
Capitulo 13.
No pasaba nada aun, los abrí lentamente para verlo, cuando se acercó lo suficiente para que la luz del crepúsculo lo iluminara vi a Cris, perfectamente iluminado bajo esa hermosa luz, todo lo que tocaba la luz lo convertía en algo hermoso, y él se veía tan bello bajo su manto, tan misterioso. Solo se quedó parado observándome, sin pestañear si quiera, solo me veía, me dolía devolverle la mirada, aun no podía creer que era él quien precisamente estaba allí, en frente de mi.
Una pequeña lágrima se deslizo por mi mejilla, ardía como fuego. Eso era el dolor entonces, fuego. Cristian solo pestañeo una vez y vi un gran rayo de luz, ya no estaba, había desaparecido. Alguien tomó mi mano por detrás y lo encontré a mi lado.
- Lo siento – fue lo único que dijo. Su voz se oía diferente, al parecer le dolía casi tanto como a mí.
- Sí, yo también lo siento.
- Debí habértelo contado. Tu confiaste en todos nosotros, y yo no confié en ti.
- ¿Por qué? ¿Por qué no me contaste? ¿Acaso crees que cuando me enteraría saldría corriendo?
- No, solo pensé que si no te contábamos y solucionábamos todo nosotros no tendrías que exponerte al peligro que te asechará.
- Lo sé, pero te equivocaste. Ese peligro ya me está asechando, y casi me atrapa.
- ¿Cómo dices? – dijo sorprendido y abrió sus ojos celestes como platos.
- Es una larga historia.
- Tengo mucho tiempo libre – y esbozó una sonrisa.
Le conté la sombra que aparecía en mi casa, los sueños, y la aparición de hoy, junto con la carta de mi padre. No le conté sobre la nota de Sam porque seguro la regañaría después de eso. Se quedó callado unos momentos, y luego dijo:
- Lo siento, otra vez. No sé de qué vale la pena decirlo, si igualmente te lastimé solo porque quería protegerte. ¡Ja! ¡Qué ironía!
- Sé que lo hacías por mi bien, me costó mucho tratar de saber que ocurría.
- Lo sé. Así que comprendí cuánto daño te hacia eso, decidí ayudarte a saber y te lo facilité un poco.
- ¿Cómo?
- Te vi con un chico hace un rato, y me quedé esperando a que entraras a tu casa para subir a tu alcoba y decirte. Pero como saliste con tu madre, esperé paciente sentado en un banco de la calle, esperando a que llegaras para contarte la verdad.
- ¡Oye! ¿Por qué me seguías? – dije interrumpiéndolo.
- No era nada malo, solo quería asegurarme de que estabas bien, y como estabas con ese chico Diamons supuse que estaban saliendo. – agregó con amargura.
- Si te refieres a Scott, es un amigo, en realidad el único que tuve cuando mis otros amigos ya no podían verme. – se lo restregué en pleno rostro.
- Otra vez disculpa. Déjame terminar de explicarte. Cuando te vi de regreso a tu casa era momento de actuar, así que me aparecí en tu alcoba, y moví los libros de Samantha en tu cama, y si, se que ella te dejo una carta en uno de ellos, no trates de cubrirla, no pienso regañarla por eso, en cambio, estoy feliz gracias que fue de gran ayuda. Oí tus pasos subiendo las escaleras y hui, me acobardé y no sé como tomarías que me apareciera en tu casa a explicarte eso.
- Te creo, ¿Pero cómo me encontraste aquí?
- En realidad después de salir de tu casa, vine aquí para pensar, ya que me había gustado mucho el lugar, y podía estar solo un rato, es horrible estar cerca de tus amigos cuando te tratan con tanto desprecio por no haberte dicho nada.
- Oh. Vaya, pensé que era la única que se lo pasaba mal.
- No. No sabes lo horrible que era todo esto, Sam y Lucas no me dirigían la palabra, Verónica no me dejaba de dar órdenes…
- ¿Verónica? – pregunté asombrada recordando la carta que había recibido ella. - ¡Ya entendí, mi padre le envió una carta hace años y yo la conseguí un día que a ella se le extravió!
- Si, fue Lucas quien hizo volar todos sus Libros para que tomara su carta, el ya lo sabía.
- Ese tonto, lo quiero tanto.
Ahora todo encajaba perfectamente, parecía estar destinado como un rompecabezas que se unía por magnetismo. Al fin entendía, la verdad en ese momento era tan hermosa, solo reflejaba luz. No estaba sola en esto, mis amigos también, y Cris no me odiaba, solo se preocupaba por mí, no podía estar más aliviada. No me importaba si tenía una estúpida sombra detrás, podía enfrentarla fácilmente, la luz era todo lo que necesitaba, la verdad. No pude soportar más esconder mi felicidad, y abracé a Cris fuertemente mientras escondí mi rostro en su pecho.
- Lo siento. No llores.
Alcé mi rostro para verlo a los ojos, cuando el vio mi cara se sorprendió de verme feliz, esbozando mi mayor sonrisa. Su rostro parecía el de un ángel, confundido ante la hermosa luz de la luna que había oscurecido el claro, ahora si se parecía al lugar que recordaba, solo que mas hermoso, ya que se iluminaba con esa hermosa luz, la verdad.
- Estoy feliz, ya te perdoné, no tienes que pedir perdón. Me siento feliz porque ahora sé la verdad, y también porque no me odias.
- ¿Odiarte? ¿A ti? Jamás te he odiado y Jamás te odiaré Cristie. Solo te prometo nunca más hacerte daño, no volveré a lastimarte.
- Gracias Cristian, no sabes cuánto alivio me da escuchar la voz de mi verdadero amigo de nuevo.
- Te llevaré a casa. Toma mi mano y cierra los ojos.
Me acerqué, tomé su mano y cerré los ojos. Aunque tenía los ojos cerrados podía sentir como la estancia se iluminaba y como si alguien me empujara fuertemente hacia delante, y Cris me soltó de la mano. Abrí los ojos y ya estaba en el salón de mi casa, y el se encontraba a mi lado.
- Será mejor que me vaya – dijo – Los demás ya deben estar preocupados, si quieres ven mañana a mi casa, todos te estaremos esperando, solo te tienes que aparecer.
- Oh, ya puedo ahora que soy maga. ¡Aun suena raro decirlo!
- Si, con el tiempo te acostumbraras, te lo aseguro.
Corrí a abrasarlo de nuevo, y él me devolvió el abrazo, yo solo cerré los ojos y sonreí, ante lo verdadero que era ese momento.
- Adiós Cristine – dijo mientras se soltaba de mi abrazo y retrocedió unos pasos.
- Adiós.
Solo vi la luz blanca y su mano despidiéndose antes de desaparecer de mi casa…
Estaba agotada y busqué señales de mi madre, aun no había llegado. Seguro que Verónica la llevo a pasear porque sabía que yo estaría con Cristian. Fui a la cocina a tomar algo de agua y sentarme, en ese momento sonó el teléfono:
- Hola cielo, ya veo que estas en casa. Vengo en media hora ¿Todo bien? – dijo Yess en el teléfono.
- De maravilla, no te extrañes encontrarme dormida en mi cuarto, estoy exhausta, la película del cine era algo mala.
- Si, te entiendo. Adiós cielo.
- Adiós – y colgué el teléfono.
Subí a mi cuarto a asearme y vestirme con mi piyama azul con nubecitas, siempre me hacia dormir bien. Me acosté en mi cama recordando todo lo que pasó hoy, la salida con Scott, la carta de mi padre, Cristian en el claro…
Esa noche me costó conciliar el sueño, ya que tenía tantas cosas en la mente, me puse a jugar con algunas cosas en mi cuarto como mis peluches, los hacía levitar y bailar por todos lados, que divertido era eso. Comencé a sentir un poco de sueño, así que apagué mi luz con tan solo usar magia, solo sonreír ante eso. Me puse a mirar mi calendario, estábamos a 26 de Octubre, ya llevaba más de un mes en Heauston, como había cambiado mi vida. En ese momento me sumergí ante el más tranquilo sueño, pude dormir perfectamente sin pesadillas en mis sueños…
Me desperté de lo más tranquila, sintiéndome relajada al fin. No tenía porque preocuparme, ya sabía toda la verdad, y podía ver a mis amigos de nuevo. ¡Sam! Ya la quería ver de nuevo, la extrañaba más que nunca. Bostece un poco antes de levantarme y dirigirme al baño, pero caí sentada al suelo cuando vi a mi amiga en mi ventana observándome mientras reía.
- ¡Despertaste al fin dormilona! – exclamó.
- ¡Sami!
Me paré y corrí a abrazarla con toda la alegría posible, no quedamos saltando y gritando un rato. La solté y le dije:
- Espera un momento, mi madre. ¿Yess sabe que estas aquí?
- Si, ya Verónica y Cristian le explicaron todo en la mañana.
- ¿En la mañana?
- Si.
- ¿Qué hora es?
- Son las 2:00 p.m
- ¡Madre mía! ¿Por qué no me despertaste?
- Es que te veías tan linda durmiendo. Y bien… ¿Qué quiere hacer ahora la bella durmiente?
- Primero terminar de levantarme y después lo que tú quieras.
- ¿Ir de compras?
- Solo si tú quieres.
- ¡Yupi! – aplaudió Sami contenta mientras daba saltitos de emoción.
Samantha me esperó paciente mientras jugaba con mi psp y suspiraba cada vez que perdía, eso me causo gracia. Me bañe, y me cambié mientras me ponía unos jeans negros con una hermosa camisa blanca que dejaba escotado los hombros y era suelta, solo tenía un ajuste en la cadera. Cuando ya estaba casi lista Sam sostenía un cepillo y me sentó en mi silla.
- Yo te peino. Vas a quedar lindísima. – me dijo ella.
Esperé paciente sin mirarme al espejo, ya que cada vez que volteaba a verme ella me reprendía. Me alisó el cabello, y le hizo unas pequeñas ondulaciones en las puntas, cuando terminó exclamo:
- ¡Ta raa! ¿Qué te parece?
- Quedé linda, gracias Sami. – le dije mientras me miraba al espejo.
- De nada. ¿En serio te gusto? – dijo mientras ponían cara de perrito bajo la lluvia.
- Claro tonta, gracias.
Bajamos contentas a la cocina donde me esperaba Yess sonriendo con dos platos de comida para Sam y para mí. Era estofado caliente con un poco de pan francés al lado, olía excelente. Mi amiga y yo comimos como nunca mientras mi mamá nos contaba las novedades que le había contado Verónica sobre mis amigos y yo, sobre el libro que faltaba, el que tenía que encontrar.
- Y ¿Qué piensan hacer hoy las señoritas? – preguntó Yess cambiando de tema.
- Vamos de compras.
- ¿Pensabas ir sin decirme?
- ¡Claro que no!, si quieres no voy y me quedo aquí, sin nada que hacer, sola, sola, sola… - dije fingiendo tristeza.
- Que melodramática Cristine.
- ¿Me la presta sol unas horas? – preguntó Sami.
- Claro, yo las llevo. – dijo Yess mientras sacaba las llaves de su auto.
Mi madre nos llevo hasta el centro comercial y nos dio dinero para comprar ropa
Caminamos al centro comercial llenas de alegría mientras decidíamos en que tienda nos metíamos. Íbamos a entrar a una tienda muy linda, donde vendían ropa de marca pero no nos gustó nada de la ropa, y casi todas las chicas de adentro se llevaban exactamente lo mismo, eso me irrito mucho. Más adelante Sam y yo vimos una tienda muy bonita llamada Ecologic World, me gustaba el titulo, las telas de las ropas seguro eran de fibras naturales, que lindo.
- ¿Qué tal si entramos a esa Sam? – le pregunté a mi amiga mientras la jalaba por el brazo.
- Si. Hace tanta falta que me preguntes.
Tomé un montón de ropa, y aun así me habían gustado otras más, vi una linda camisa gris y rosado perfecta para mi, en cuanto la iba a tomar Sam hizo lo mismo. Nos miramos un momento y después estallamos en risas.
- Mejor yo la tomo en morado y tú en este color – reía Sam.
- Claro, tampoco somos gemelas o algo así – odiaba las BFF’s que se vestían exactamente del mismo color, se peinaban exactamente igual, parecían copias.
A Sami y a mí nos gustaban muchas cosas iguales, pero no éramos esas chicas que parecen hermanas solo por vestirse igual, o porque supuestamente son almas gemelas. Éramos como hermanas porque nos congeniábamos tan bien como si fuéramos eso, hermanas, nos entendíamos en todo, era genial.
Pasamos a los vestidores mientras yo me probaba todo lo que tomé, descarté un par de camisas que no me gustaban, o no me quedaban.
- ¿Qué te parece esto? – le enseñé a mi amiga una combinación de camisa y jean que me había probado mientras salía del vestidor.
- Se ve genial ¡Me encanta! Yo ya tengo lo mío aunque… ¿Estos pantalones no me hacen ver gorda? – reí ante su comentario, aunque no sé porque pero eso me hizo acordarme del chiste de Scott.
- Están perfectos, espérame mientras busco toda mi ropa.
Me cambié de nuevo a mi ropa de antes y fui con Sam a la caja para pagar. Salimos de la tienda comentando nuestras buenas decisiones respecto a la ropa, nos gustaban mucho. Sam se detuvo cuando vio cerca a un grupo de chicas que iba cerca, eran Regina y sus amigas.
- ¿Qué pasa Sam? – le pregunté.
- No nada. Que superficial, van saliendo de esa molesta tienda que entramos al principio.
- ¡Oh, tengo una idea!
Traté de esforzarme para activar la alarma de la tienda, y lo logré. La alarma resonó en todo el centro comercial y Regina se asustó asiendo caer sus bolsas, atrás de ella se encontraba el guardia de seguridad de la tienda que la sujetaba de un brazo, Sam y yo estallamos en carcajadas viéndola entrar de nuevo en la tienda junto al guardia.
- ¿Cristie, tu…? – comenzó a preguntar Sami.
- Si. Genial ¿no?
- Estupendo. Muy gracioso en realidad.
- Admítelo, soy una genio
- Si… ¡Oh gran dama de la sabiduría! Tonta.
- Yo también te quiero amiga
- ¡Que linda! Vamos a ver donde están los chicos – y salimos del centro comercial.
Tomamos un taxi hacia la casa de Sam, era extraño volver otra vez, hace cuatro días pensé que nunca más pisaría esa casa. Qué lindo cambio había ocurrido, salimos del taxi mientras Sam tocó el timbre de su casa.
- ¿Quién? – preguntó Cristian a través del timbre.
- Soy yo bobo, ábrenos a Cristie y a mí.
- Ah, espera un momento
En menos de tres segundos ya estaba el portón abriéndose de par en par en frente de nosotras. Nos dirigimos en la entrada donde nos esperaban Cristian y Lucas sonriendo…
Hola!! Esta es mi ultima publicación POR ESTE AÑOO CLAROO, aunque les dejo una super intriga para el siguiente cap! que bello!, se acabo el año, quien diria... Tengo tantas sorpresas para ustedes el año que viene!! voy a actualizar la página y cambiar los colores, Ah, claro, noo se me puede olvidar los blogs de los Potter claro, pero es sorpresa. Comenzaré a escribir a partir del 3 de Enero, esperen mientras!!
Los amaré siempre, gracias por visitar mi blog a diario, para mi es como si me estuvieran visitando, no saben lo importante que es para mi!! Les dejo una canción que estoy escuxando en estos momento, que me identifiqué muxo con ella por esta estrofa...
I'm not a princes,
this ain't a fairytale
I'm not the one you’ll sweep off her feet,
Lead her up the stair
well This ain't Hollywood;
this is a small town,
I was a dreamer before you went and let me down
Now it's too late for youAnd your white horse,
to come around
White Horse - Taylor Swift
Tal vez ustedes también se han sentido así... Feliz año nuevo para ustedes!! que la pasen super bien el 31 y cumplan sus promesas de año nuevo, yo ya hice la mia ;) Los amo
xoxo 4ever mari R☆★
No pasaba nada aun, los abrí lentamente para verlo, cuando se acercó lo suficiente para que la luz del crepúsculo lo iluminara vi a Cris, perfectamente iluminado bajo esa hermosa luz, todo lo que tocaba la luz lo convertía en algo hermoso, y él se veía tan bello bajo su manto, tan misterioso. Solo se quedó parado observándome, sin pestañear si quiera, solo me veía, me dolía devolverle la mirada, aun no podía creer que era él quien precisamente estaba allí, en frente de mi.
Una pequeña lágrima se deslizo por mi mejilla, ardía como fuego. Eso era el dolor entonces, fuego. Cristian solo pestañeo una vez y vi un gran rayo de luz, ya no estaba, había desaparecido. Alguien tomó mi mano por detrás y lo encontré a mi lado.
- Lo siento – fue lo único que dijo. Su voz se oía diferente, al parecer le dolía casi tanto como a mí.
- Sí, yo también lo siento.
- Debí habértelo contado. Tu confiaste en todos nosotros, y yo no confié en ti.
- ¿Por qué? ¿Por qué no me contaste? ¿Acaso crees que cuando me enteraría saldría corriendo?
- No, solo pensé que si no te contábamos y solucionábamos todo nosotros no tendrías que exponerte al peligro que te asechará.
- Lo sé, pero te equivocaste. Ese peligro ya me está asechando, y casi me atrapa.
- ¿Cómo dices? – dijo sorprendido y abrió sus ojos celestes como platos.
- Es una larga historia.
- Tengo mucho tiempo libre – y esbozó una sonrisa.
Le conté la sombra que aparecía en mi casa, los sueños, y la aparición de hoy, junto con la carta de mi padre. No le conté sobre la nota de Sam porque seguro la regañaría después de eso. Se quedó callado unos momentos, y luego dijo:
- Lo siento, otra vez. No sé de qué vale la pena decirlo, si igualmente te lastimé solo porque quería protegerte. ¡Ja! ¡Qué ironía!
- Sé que lo hacías por mi bien, me costó mucho tratar de saber que ocurría.
- Lo sé. Así que comprendí cuánto daño te hacia eso, decidí ayudarte a saber y te lo facilité un poco.
- ¿Cómo?
- Te vi con un chico hace un rato, y me quedé esperando a que entraras a tu casa para subir a tu alcoba y decirte. Pero como saliste con tu madre, esperé paciente sentado en un banco de la calle, esperando a que llegaras para contarte la verdad.
- ¡Oye! ¿Por qué me seguías? – dije interrumpiéndolo.
- No era nada malo, solo quería asegurarme de que estabas bien, y como estabas con ese chico Diamons supuse que estaban saliendo. – agregó con amargura.
- Si te refieres a Scott, es un amigo, en realidad el único que tuve cuando mis otros amigos ya no podían verme. – se lo restregué en pleno rostro.
- Otra vez disculpa. Déjame terminar de explicarte. Cuando te vi de regreso a tu casa era momento de actuar, así que me aparecí en tu alcoba, y moví los libros de Samantha en tu cama, y si, se que ella te dejo una carta en uno de ellos, no trates de cubrirla, no pienso regañarla por eso, en cambio, estoy feliz gracias que fue de gran ayuda. Oí tus pasos subiendo las escaleras y hui, me acobardé y no sé como tomarías que me apareciera en tu casa a explicarte eso.
- Te creo, ¿Pero cómo me encontraste aquí?
- En realidad después de salir de tu casa, vine aquí para pensar, ya que me había gustado mucho el lugar, y podía estar solo un rato, es horrible estar cerca de tus amigos cuando te tratan con tanto desprecio por no haberte dicho nada.
- Oh. Vaya, pensé que era la única que se lo pasaba mal.
- No. No sabes lo horrible que era todo esto, Sam y Lucas no me dirigían la palabra, Verónica no me dejaba de dar órdenes…
- ¿Verónica? – pregunté asombrada recordando la carta que había recibido ella. - ¡Ya entendí, mi padre le envió una carta hace años y yo la conseguí un día que a ella se le extravió!
- Si, fue Lucas quien hizo volar todos sus Libros para que tomara su carta, el ya lo sabía.
- Ese tonto, lo quiero tanto.
Ahora todo encajaba perfectamente, parecía estar destinado como un rompecabezas que se unía por magnetismo. Al fin entendía, la verdad en ese momento era tan hermosa, solo reflejaba luz. No estaba sola en esto, mis amigos también, y Cris no me odiaba, solo se preocupaba por mí, no podía estar más aliviada. No me importaba si tenía una estúpida sombra detrás, podía enfrentarla fácilmente, la luz era todo lo que necesitaba, la verdad. No pude soportar más esconder mi felicidad, y abracé a Cris fuertemente mientras escondí mi rostro en su pecho.
- Lo siento. No llores.
Alcé mi rostro para verlo a los ojos, cuando el vio mi cara se sorprendió de verme feliz, esbozando mi mayor sonrisa. Su rostro parecía el de un ángel, confundido ante la hermosa luz de la luna que había oscurecido el claro, ahora si se parecía al lugar que recordaba, solo que mas hermoso, ya que se iluminaba con esa hermosa luz, la verdad.
- Estoy feliz, ya te perdoné, no tienes que pedir perdón. Me siento feliz porque ahora sé la verdad, y también porque no me odias.
- ¿Odiarte? ¿A ti? Jamás te he odiado y Jamás te odiaré Cristie. Solo te prometo nunca más hacerte daño, no volveré a lastimarte.
- Gracias Cristian, no sabes cuánto alivio me da escuchar la voz de mi verdadero amigo de nuevo.
- Te llevaré a casa. Toma mi mano y cierra los ojos.
Me acerqué, tomé su mano y cerré los ojos. Aunque tenía los ojos cerrados podía sentir como la estancia se iluminaba y como si alguien me empujara fuertemente hacia delante, y Cris me soltó de la mano. Abrí los ojos y ya estaba en el salón de mi casa, y el se encontraba a mi lado.
- Será mejor que me vaya – dijo – Los demás ya deben estar preocupados, si quieres ven mañana a mi casa, todos te estaremos esperando, solo te tienes que aparecer.
- Oh, ya puedo ahora que soy maga. ¡Aun suena raro decirlo!
- Si, con el tiempo te acostumbraras, te lo aseguro.
Corrí a abrasarlo de nuevo, y él me devolvió el abrazo, yo solo cerré los ojos y sonreí, ante lo verdadero que era ese momento.
- Adiós Cristine – dijo mientras se soltaba de mi abrazo y retrocedió unos pasos.
- Adiós.
Solo vi la luz blanca y su mano despidiéndose antes de desaparecer de mi casa…
Estaba agotada y busqué señales de mi madre, aun no había llegado. Seguro que Verónica la llevo a pasear porque sabía que yo estaría con Cristian. Fui a la cocina a tomar algo de agua y sentarme, en ese momento sonó el teléfono:
- Hola cielo, ya veo que estas en casa. Vengo en media hora ¿Todo bien? – dijo Yess en el teléfono.
- De maravilla, no te extrañes encontrarme dormida en mi cuarto, estoy exhausta, la película del cine era algo mala.
- Si, te entiendo. Adiós cielo.
- Adiós – y colgué el teléfono.
Subí a mi cuarto a asearme y vestirme con mi piyama azul con nubecitas, siempre me hacia dormir bien. Me acosté en mi cama recordando todo lo que pasó hoy, la salida con Scott, la carta de mi padre, Cristian en el claro…
Esa noche me costó conciliar el sueño, ya que tenía tantas cosas en la mente, me puse a jugar con algunas cosas en mi cuarto como mis peluches, los hacía levitar y bailar por todos lados, que divertido era eso. Comencé a sentir un poco de sueño, así que apagué mi luz con tan solo usar magia, solo sonreír ante eso. Me puse a mirar mi calendario, estábamos a 26 de Octubre, ya llevaba más de un mes en Heauston, como había cambiado mi vida. En ese momento me sumergí ante el más tranquilo sueño, pude dormir perfectamente sin pesadillas en mis sueños…
Me desperté de lo más tranquila, sintiéndome relajada al fin. No tenía porque preocuparme, ya sabía toda la verdad, y podía ver a mis amigos de nuevo. ¡Sam! Ya la quería ver de nuevo, la extrañaba más que nunca. Bostece un poco antes de levantarme y dirigirme al baño, pero caí sentada al suelo cuando vi a mi amiga en mi ventana observándome mientras reía.
- ¡Despertaste al fin dormilona! – exclamó.
- ¡Sami!
Me paré y corrí a abrazarla con toda la alegría posible, no quedamos saltando y gritando un rato. La solté y le dije:
- Espera un momento, mi madre. ¿Yess sabe que estas aquí?
- Si, ya Verónica y Cristian le explicaron todo en la mañana.
- ¿En la mañana?
- Si.
- ¿Qué hora es?
- Son las 2:00 p.m
- ¡Madre mía! ¿Por qué no me despertaste?
- Es que te veías tan linda durmiendo. Y bien… ¿Qué quiere hacer ahora la bella durmiente?
- Primero terminar de levantarme y después lo que tú quieras.
- ¿Ir de compras?
- Solo si tú quieres.
- ¡Yupi! – aplaudió Sami contenta mientras daba saltitos de emoción.
Samantha me esperó paciente mientras jugaba con mi psp y suspiraba cada vez que perdía, eso me causo gracia. Me bañe, y me cambié mientras me ponía unos jeans negros con una hermosa camisa blanca que dejaba escotado los hombros y era suelta, solo tenía un ajuste en la cadera. Cuando ya estaba casi lista Sam sostenía un cepillo y me sentó en mi silla.
- Yo te peino. Vas a quedar lindísima. – me dijo ella.
Esperé paciente sin mirarme al espejo, ya que cada vez que volteaba a verme ella me reprendía. Me alisó el cabello, y le hizo unas pequeñas ondulaciones en las puntas, cuando terminó exclamo:
- ¡Ta raa! ¿Qué te parece?
- Quedé linda, gracias Sami. – le dije mientras me miraba al espejo.
- De nada. ¿En serio te gusto? – dijo mientras ponían cara de perrito bajo la lluvia.
- Claro tonta, gracias.
Bajamos contentas a la cocina donde me esperaba Yess sonriendo con dos platos de comida para Sam y para mí. Era estofado caliente con un poco de pan francés al lado, olía excelente. Mi amiga y yo comimos como nunca mientras mi mamá nos contaba las novedades que le había contado Verónica sobre mis amigos y yo, sobre el libro que faltaba, el que tenía que encontrar.
- Y ¿Qué piensan hacer hoy las señoritas? – preguntó Yess cambiando de tema.
- Vamos de compras.
- ¿Pensabas ir sin decirme?
- ¡Claro que no!, si quieres no voy y me quedo aquí, sin nada que hacer, sola, sola, sola… - dije fingiendo tristeza.
- Que melodramática Cristine.
- ¿Me la presta sol unas horas? – preguntó Sami.
- Claro, yo las llevo. – dijo Yess mientras sacaba las llaves de su auto.
Mi madre nos llevo hasta el centro comercial y nos dio dinero para comprar ropa
Caminamos al centro comercial llenas de alegría mientras decidíamos en que tienda nos metíamos. Íbamos a entrar a una tienda muy linda, donde vendían ropa de marca pero no nos gustó nada de la ropa, y casi todas las chicas de adentro se llevaban exactamente lo mismo, eso me irrito mucho. Más adelante Sam y yo vimos una tienda muy bonita llamada Ecologic World, me gustaba el titulo, las telas de las ropas seguro eran de fibras naturales, que lindo.
- ¿Qué tal si entramos a esa Sam? – le pregunté a mi amiga mientras la jalaba por el brazo.
- Si. Hace tanta falta que me preguntes.
Tomé un montón de ropa, y aun así me habían gustado otras más, vi una linda camisa gris y rosado perfecta para mi, en cuanto la iba a tomar Sam hizo lo mismo. Nos miramos un momento y después estallamos en risas.
- Mejor yo la tomo en morado y tú en este color – reía Sam.
- Claro, tampoco somos gemelas o algo así – odiaba las BFF’s que se vestían exactamente del mismo color, se peinaban exactamente igual, parecían copias.
A Sami y a mí nos gustaban muchas cosas iguales, pero no éramos esas chicas que parecen hermanas solo por vestirse igual, o porque supuestamente son almas gemelas. Éramos como hermanas porque nos congeniábamos tan bien como si fuéramos eso, hermanas, nos entendíamos en todo, era genial.
Pasamos a los vestidores mientras yo me probaba todo lo que tomé, descarté un par de camisas que no me gustaban, o no me quedaban.
- ¿Qué te parece esto? – le enseñé a mi amiga una combinación de camisa y jean que me había probado mientras salía del vestidor.
- Se ve genial ¡Me encanta! Yo ya tengo lo mío aunque… ¿Estos pantalones no me hacen ver gorda? – reí ante su comentario, aunque no sé porque pero eso me hizo acordarme del chiste de Scott.
- Están perfectos, espérame mientras busco toda mi ropa.
Me cambié de nuevo a mi ropa de antes y fui con Sam a la caja para pagar. Salimos de la tienda comentando nuestras buenas decisiones respecto a la ropa, nos gustaban mucho. Sam se detuvo cuando vio cerca a un grupo de chicas que iba cerca, eran Regina y sus amigas.
- ¿Qué pasa Sam? – le pregunté.
- No nada. Que superficial, van saliendo de esa molesta tienda que entramos al principio.
- ¡Oh, tengo una idea!
Traté de esforzarme para activar la alarma de la tienda, y lo logré. La alarma resonó en todo el centro comercial y Regina se asustó asiendo caer sus bolsas, atrás de ella se encontraba el guardia de seguridad de la tienda que la sujetaba de un brazo, Sam y yo estallamos en carcajadas viéndola entrar de nuevo en la tienda junto al guardia.
- ¿Cristie, tu…? – comenzó a preguntar Sami.
- Si. Genial ¿no?
- Estupendo. Muy gracioso en realidad.
- Admítelo, soy una genio
- Si… ¡Oh gran dama de la sabiduría! Tonta.
- Yo también te quiero amiga
- ¡Que linda! Vamos a ver donde están los chicos – y salimos del centro comercial.
Tomamos un taxi hacia la casa de Sam, era extraño volver otra vez, hace cuatro días pensé que nunca más pisaría esa casa. Qué lindo cambio había ocurrido, salimos del taxi mientras Sam tocó el timbre de su casa.
- ¿Quién? – preguntó Cristian a través del timbre.
- Soy yo bobo, ábrenos a Cristie y a mí.
- Ah, espera un momento
En menos de tres segundos ya estaba el portón abriéndose de par en par en frente de nosotras. Nos dirigimos en la entrada donde nos esperaban Cristian y Lucas sonriendo…
Hola!! Esta es mi ultima publicación POR ESTE AÑOO CLAROO, aunque les dejo una super intriga para el siguiente cap! que bello!, se acabo el año, quien diria... Tengo tantas sorpresas para ustedes el año que viene!! voy a actualizar la página y cambiar los colores, Ah, claro, noo se me puede olvidar los blogs de los Potter claro, pero es sorpresa. Comenzaré a escribir a partir del 3 de Enero, esperen mientras!!
Los amaré siempre, gracias por visitar mi blog a diario, para mi es como si me estuvieran visitando, no saben lo importante que es para mi!! Les dejo una canción que estoy escuxando en estos momento, que me identifiqué muxo con ella por esta estrofa...
I'm not a princes,
this ain't a fairytale
I'm not the one you’ll sweep off her feet,
Lead her up the stair
well This ain't Hollywood;
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I was a dreamer before you went and let me down
Now it's too late for youAnd your white horse,
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Tal vez ustedes también se han sentido así... Feliz año nuevo para ustedes!! que la pasen super bien el 31 y cumplan sus promesas de año nuevo, yo ya hice la mia ;) Los amo
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martes, 29 de diciembre de 2009
La verdad
Capítulo 12.
¡Cristie despierta! Pensé rápidamente y giré mi rostro justo a tiempo para que Scott besara mi mejilla solamente, el aludido abrió los ojos como platos y se distanció de manera formal.
- Lo siento – dijo – me dejé llevar por el momento.
- Descuida, te perdono – solo llegué a decirle.
- Cristie, se que te incomodé y creo que me merezco una bofetada, ya que me pasé de fresco. Lo siento, entiendo que estés molesta conmigo pero…pensé que me querías – dijo con tristeza.
Me partía el corazón verlo así, pero no sabía si podía corresponderle, si lo tratara lo suficientemente bien como para merecerlo. Aunque Scott era mi mejor amigo, no quería perderlo, pero tampoco quería hacerle daño, y no estaba segura de lo que sentía por el.
- Scott, quiero que sepas antes que nada que eres mi mejor amigo y que te quiero, y de una u otra forma eso no va a cambiar, siempre te querré. Sé qué esperas una respuesta exacta de lo que siento por ti, pero estoy hecha un lio, y no sé exactamente lo que siento en estos momentos. Solo quisiera tener un tiempo a solas y pensar, meditar, ya que lo necesito porque ando sumamente confundida – Escogí esas palabras con la mayor sinceridad posible, no quería lastimarlo, pero tampoco le iba a mentir.
- Gracias por ser honesta Cristie, es lo único que quiero en estos momentos. Si necesitas pensar te dejaré sola, y si quieres esperar para saber que sientes por mí, no te presionaré y solo te esperaré el tiempo que sea necesario, no pienso rendirme. – dijo él con dulzura.
- Muchas gracias, es todo lo que pido. Eres un chico muy especial Scott Diamons – dije repitiendo las palabras que antes él había dicho.
- Y aunque ya sabes que siento por ti esto no cambiará nada si no quieres, podrás contar conmigo siempre, seré tu amigo y estaré a tu lado hasta que ya no quieras verme.
- ¡Scott!. Siempre me alegro de verte. – exclamé.
- Gracias, tengo que irme. Cuando quieras verme solo piensa en mí, te prometo estar allí siempre para ti. Adiós Cristine – dijo y me besó la mejilla.
- Adiós Scott – dije mientras lo veía alejarse.
Me quedé un rato en la puerta de mi casa observando a la gente, algunas me miraban con curiosidad y otras con antipatía. Entré y me dirigí al salón, donde se encontraba mi piano blanco en una esquina cerca de la ventana que estaba cerrada por las cortinas.
Me senté en el piano y me quedé un tiempo admirándolo, era tan hermoso. Tenía alrededor de 1 año sin tocar el piano, pero en ese momento la soledad clamaba en gritos dentro de mí. Comencé a tocar una tonada suave que siempre me gustaba The Meadow de Alexandre Desplat, era triste, pero no me dolía esa canción, por alguna extraña razón me hacía sentir mejor. Cuando terminé la melodía, Toqué la favorita de Sam, no pensé en ella cuando comencé a deslizar mis dedos entre las teclas del piano, solo pensaba en esa canción, trasmitía muchos sentimientos con tan solo oírla, alegría, tristeza, melancolía y amor.
Sin darme cuenta de que unas lágrimas habían escapado por mi rostro, las sequé con mi mano, pero no pude contenerme más y lloré, lloré como si no había llorado antes, como si mis lágrimas nunca se secaran. En ese momento llegó mi madre y me encontró y en mi escondite solitario, se sentó a mi lado en el piano y beso mi frente.
- ¿Vas a contarme que te pasó hoy? – preguntó.
Asentí y le relaté el perfecto día que pasé con Scott, solo me salté la parte de la sombra y en especial, la del beso. Ella solo me miró con cautela, suspiró y dijo:
- Entonces Scott Diamons es el afamado admirador secreto que tenias, aunque de secreto solo le duró unas horas, yo ya lo imaginé desde un principio. Que dulce es ese chico.
- ¡Hey! ¿Tú también lo apoyas? – pregunté indignada de su traición.
- Solo digo que es un lindo chico, caballeroso y lo más importante, te quiere. – dijo con ojos melosos Yess.
- Me traicionas madre, pensé que nunca llegaría este día – dije fingiendo ira.
- Solo quiero que seas feliz, cielo.
- Sí, pero pensé que me apoyarías.
- Te apoyo hija, solo que deberías darle una oportunidad, tal vez te llegarías a sorprender tu misma y no sé, puedas sentir lo mismo que él siente por ti, se ve que te quiere mucho.
- Aunque al final yo soy la que decide, así que necesito pensar un tiempo. – dije.
- Claro. Te puedo dejar sola si quieres, o prefieres ir de compras conmigo y Verónica, que prometió darnos una vuelta por las mejores tiendas del pueblo. – dijo Yess emocionada.
- Si, no tengo nada mejor que hacer.
Subí a mi habitación a cambiarme y colocarme algo más cómodo, una camiseta verde claro, unos jeans azules y mis converse. Me quedé un rato viendo el cielo en mi ventana, siempre me gustaba admirarlo, de pequeña soñaba con estar volando en las nubes, ese día estuve muy cerca, tan cerca, solo que tal vez ya no debía ser más así. Ante esa verdad me quitó las ganas de ver las nubes, y volví a la sala, donde me encontré a Yess ya cambiada tocando una canción en su guitarra negra, era preciosa, las canciones de mi madre siempre eran las mejores.
Me senté a su lado para escucharla un rato, unos minutos más tarde llamó Verónica a la puerta, y mi madre salió a recibirla a mi lado. Verónica ese día andaba feliz con una sonrisa dibujada en su rostro, aunque en sus ojos reflejaba algo diferente, solo esperé para saludarla después que mi madre. Cuando me vio su sonrisa se disminuyó un poco.
- Hola Cristine – saludó ella - ¿Cómo estás?
- Hola profesora, muy bien – mentí otra vez.
- Me alegra, aunque fuera del colegio llámame solo Verónica ¿Si?
- Si.
- ¿Qué tal si vamos al centro comercial? – sugirió de repente Verónica.
- ¡Por supuesto! – dijo Yess alegre.
Salimos de la casa y nos montamos en su convertible rojo, mi madre en el asiento del copiloto que no dejaba de hablar con la profesora, y yo en el asiento trasero, algo incomoda. Vimos pasar por las ventanillas los autos, casas, tiendas y personas. Me quedé pensando en todo lo que había hablado con Scott, se me hizo un nudo en la garganta y volvió el mismo cosquilleo cuando recordé su nombré, me dolía pensar en el, ya que solo tenía dos opciones: La primera era decirle que podíamos ser solo amigos, y lastimarlo por puro egoísmo, porque aunque no lo quisiera como él a mí, no quería que él se fuera, era egoísta, lo sabía. La segunda opción era darle una oportunidad y esperar alguna sorpresa de esto, tal vez lo llegaría a querer igual con el paso del tiempo…
- ¿Qué tal la idea Cristie? – dijo Verónica.
- ¿Qué cosa? – dije despertándome de mis pensamientos.
- Tengo que comprar algunas cosas, y quiero llevarme prestada a tu madre al centro comercial. ¿Quieres ver una película para no aburrirte?
- Ah, sí me parece bien.
Verónica se estacionó al frente de un cinema para que yo me bajara, me despedí de ellas y entre a escoger una película. Había una de terror, pero no quería ver esa, ya estaba lo suficientemente asustada para querer ver una sombra detrás de mi otra vez. Estaba un gran cartel a mi derecha que aparecían dos jóvenes abrazados, estaba más que segura que no vería esa, no quería sentirme peor de lo que estaba. Elegí una de comedia, tal vez me haría reír, aunque lo dudaba mucho, compré unos kisse’s en la entrada y me caminé hasta mi sala de cine.
La película estaba un poco aburrida y algunos chistes no tenían sentido, ¿Por qué la protagonista se iba a enamorar del hermano de su novio? No tenía sentido, ¡Solo tenía que terminar con su novio para no lastimarlo más! A la mitad de la película decidí irme porque no me había gustado para nada.
Caminé un rato por las calles y decidí llamar a un taxi para irme a casa. Sabía que estaría sola cuando llegaría pero no me importaba. Subí a mi alcoba y vi los cuadernos de Sam en mi cama, no recordaba haberlos dejado allí, tomé su libro de Literatura, ya que era el primero, lo abrí para observar su letra y los pequeños dibujos que colocaba en las esquinas de los cuadernos, cuando pasé de página había una nota que decía Cristine. Era para mí. Abrí con cuidado la nota para leerla:
Lo siento tanto por no haberte dicho nada. Pero Cris no me deja y si te lo digo se molestará mucho. Espero que me perdones, siempre seré tu amiga aunque en estos momentos no podré estar contigo.
Te quiere
Samantha
PD: Deberías leer cuentos de Merlín para estar mejor informada. Es la mejor llave.
Cuando termine de leerla lloré de nuevo, solo que esta vez era de alivio al pensar que Sami aun me quería, aunque su hermano no. Volví a verla pero no había entendido muy bien la postdata que me había dejado en la carta. ¿Cuentos de Merlín? ¿A qué se refería con eso? La mejor llave…
- ¡Lo tengo! – pensé – Al fin la verdad.
Atravesé mi habitación para encontrar mi cofre de labrado de madera. Lo abrí para sacar lo que buscaba y entonces encontré lo que buscaba. Mi libro de cuentos favoritos de Merlín el Mago.
Lo abrí para leerlo a ver si encontraba algo sobre una llave, pero en vez de los dibujos de colores y las letras divertidas de mi libro se encontraba otro que decía:
La magia a través de las eras
El hipnotismo y control
Escrito por Adrian Brians
Reconocí la letra de mi padre en cada página del libro. Aparentemente hablaba sobre magia, me entro mucha curiosidad así que leí el primer capítulo:
Capítulo 1. Como hipnotizar humanos.
El hipnotismo es un arte complicado, ya que su objetivo es crear un trance en la persona que se desea hechizar, en este caso humanos. Para hipnotizar magos se requiere un gran potencial y mucha concentración, ya que se tiene que hechizar al enemigo que posee los mismos dones que nosotros y tienen la posibilidad de repelerlo y defenderse, como dice mis colegas Giovanni Diamons y Alexander Wittcher en Ataque y escape del enemigo y Defensa y astucia en momentos de muerte.
En las siguientes paginas se encontraban los pasos para hipnotizar solo usando la mente, como controlar a cualquier ser humano y como matarlo. Eso me puso los pelos de punta.
Al terminar de leer solo un capítulo me quedé sorprendida ante la información que tenía ese libro. No era mi libro, pero en cambio este lo había escrito mi padre. Mi padre… vi el libro y lo abrace, de él se cayó una nota con su letra y la leí:
Querida Cristine. Espero que esta carta haya caído en tus manos, con el secreto que tiene guardado. Lo siento por no decirte esto en vida, pero espero que sepas entenderlo: Eres maga, puedes realizar magia, siempre has podido, no te molestes con tu madre por no haberte dicho, ya que yo le dije que era lo mejor para ti. Escondí en tu libro de cuentos algo de suma importancia, un libro que escribí, habla sobre trucos y hechizos que descubrí, por favor no dejes que caigan en malas manos. Te he encomendado una misión:
He escrito otros 5 libros similares a este con unos colegas, claro, unos mas peligrosos que otros. Los he ocultado con unos amigos de la familia que pronto conocerás, cada familia tiene uno. Tu deber es encontrarlos y esconderlos. Las 5 familias te darán los libros cuando se los pidas a mi nombre, todas excepto una, la familia Louge, vinieron de Francia cuando se enteraron que yo tenía los libros, y por esa razón los escondí, ya que a diferencia de nosotros ellos los quieren para otro fin, torturar y matar. No dejes que caigan en sus manos, y trata con ayuda de las familias Wittcher, Diamons, Gómez y Vivaldi de apoderarte del libro de los Louge. Cuando cumplas 16 años pasará mi abogado unos bienes a tu nombre gracias al testamento que escribí, legándote no solo estos libros sino una pequeña sorpresa de parte de mi familia que no podía darte ahora, ya que llamaría la atención y crearía sospechas. Espero que hayas entendido la poca información que te pude dejar, y que nos perdones a tu madre y a mi por no haberte dicho esto antes, era por tu seguridad.
Te amará por siempre
Tu padre Adrian Brians
AB
Me arrodillé en el suelo aun con la carta en mis manos, tal vez una de las últimas cartas que habría escrito, para mí. Comencé a llorar sin control, no me importó llorar, pensé que mis lágrimas se habían secado completamente, pero solo era para darles paso a otras. ¡Cuánto quisiera que estuvieras aquí! – Pensé - ¿Por qué te fuiste dejándome una estúpida misión de la que no sabía?
Mi mente seguía pasando escenas de mis amigos, de mi familia, de todos, me habían ocultado que era en realidad y nunca me habían dicho, por eso Sam me quería contar al igual que Lucas porque me querían, pero Cristian no.
Esto no tenía ni pies ni cabeza, ¿Por qué no me quería contar Cristian la verdad, pero los demás si? ¿Acaso era tan grave? O la otra opción que quedaba era simple, no me quería, nunca fui su amiga y no quiso confiar en mí. ¡Qué drama se había formado! ¡Parecía extraño todo el cambio que había en mi vida en tan solo tres días!
No me reconocía a mí misma, quería escapar, irme a un lugar donde nada cambiara. Tomé de nuevo mi suéter gris y bajé corriendo las escaleras, solo le dejé una nota a mi madre diciendo: Salí un rato a caminar, vuelvo pronto.
Los carros y la gente parecían ir más rápido de lo normal, o era mi corazón y mi cerebro quienes lo hacían parecer así. Caminaba apresuradamente en dirección contraria de las personas, que tropezaban sin mirarme si quiera.
De pronto sentí ganas de ir al lugar donde todo había empezado, aquel claro de mi primer sueño. Mi primer día en Heauston Seattle, aquel sueño con la sombra, aquella sombra que ya no me hacía sentir miedo, si no rabia. Corrí al bosque tratando de recordar los caminos por donde había pasado antes de encontrarlo. Debía estar cerca del río, ya que el camino era muy similar. Seguí caminando durante un tiempo, dando vueltas en círculo hasta que lo vi, más hermoso de lo que recordaba.
La luz del crepúsculo se asomaba en el claro, y se reflejaba en el agua, dándole ese aspecto tan mágico, de luz. Los arboles mostraban formas y siluetas mientras más te adentrabas a verlos, le daba un aspecto sombrío. Luz y oscuridad juntos, era perfecto. Sentí que una sombra se movía y me puse a la defensiva buscando LA cosa que se movía se esa manera, entonces la vi, era una sombra que caminaba lentamente hacia mí al otro lado del lago, me entró pánico, pero sobre todo surgió la misma cólera que sentía hace rato por la sombra que me perseguía.
¡Hey soy maga!, recordé. Me concentré en arrojarle una roca pesada que se encontraba cerca de la sombra y esta salió volando por los aires velozmente en su dirección, pero la sombra la detuvo con tan solo alzar el brazo y la roca despego hacía el otro lado del bosque.
Estaba aterrada, ya no tenía más ideas en mi cabeza, ¿Qué iba a hacer ahora?, caminaba despacio en mi dirección sin ningún movimiento brusco, yo esperé aterrada su ataque cerrando los ojos….
Hello!! Casi 400 visitas!! Yes!!! Lo siento por no har publicado este cap, mi hermano cumplió año ayer, en el día de los inocentes, pasamos rato de la tarde inventando bromas! Espero que les guste este cap, le da un giro completo a la historia!! Me esforcé muxo en escribirlo, comenten a ver que tal!!
xoxoxoxoxoxoxo mari R☆★
¡Cristie despierta! Pensé rápidamente y giré mi rostro justo a tiempo para que Scott besara mi mejilla solamente, el aludido abrió los ojos como platos y se distanció de manera formal.
- Lo siento – dijo – me dejé llevar por el momento.
- Descuida, te perdono – solo llegué a decirle.
- Cristie, se que te incomodé y creo que me merezco una bofetada, ya que me pasé de fresco. Lo siento, entiendo que estés molesta conmigo pero…pensé que me querías – dijo con tristeza.
Me partía el corazón verlo así, pero no sabía si podía corresponderle, si lo tratara lo suficientemente bien como para merecerlo. Aunque Scott era mi mejor amigo, no quería perderlo, pero tampoco quería hacerle daño, y no estaba segura de lo que sentía por el.
- Scott, quiero que sepas antes que nada que eres mi mejor amigo y que te quiero, y de una u otra forma eso no va a cambiar, siempre te querré. Sé qué esperas una respuesta exacta de lo que siento por ti, pero estoy hecha un lio, y no sé exactamente lo que siento en estos momentos. Solo quisiera tener un tiempo a solas y pensar, meditar, ya que lo necesito porque ando sumamente confundida – Escogí esas palabras con la mayor sinceridad posible, no quería lastimarlo, pero tampoco le iba a mentir.
- Gracias por ser honesta Cristie, es lo único que quiero en estos momentos. Si necesitas pensar te dejaré sola, y si quieres esperar para saber que sientes por mí, no te presionaré y solo te esperaré el tiempo que sea necesario, no pienso rendirme. – dijo él con dulzura.
- Muchas gracias, es todo lo que pido. Eres un chico muy especial Scott Diamons – dije repitiendo las palabras que antes él había dicho.
- Y aunque ya sabes que siento por ti esto no cambiará nada si no quieres, podrás contar conmigo siempre, seré tu amigo y estaré a tu lado hasta que ya no quieras verme.
- ¡Scott!. Siempre me alegro de verte. – exclamé.
- Gracias, tengo que irme. Cuando quieras verme solo piensa en mí, te prometo estar allí siempre para ti. Adiós Cristine – dijo y me besó la mejilla.
- Adiós Scott – dije mientras lo veía alejarse.
Me quedé un rato en la puerta de mi casa observando a la gente, algunas me miraban con curiosidad y otras con antipatía. Entré y me dirigí al salón, donde se encontraba mi piano blanco en una esquina cerca de la ventana que estaba cerrada por las cortinas.
Me senté en el piano y me quedé un tiempo admirándolo, era tan hermoso. Tenía alrededor de 1 año sin tocar el piano, pero en ese momento la soledad clamaba en gritos dentro de mí. Comencé a tocar una tonada suave que siempre me gustaba The Meadow de Alexandre Desplat, era triste, pero no me dolía esa canción, por alguna extraña razón me hacía sentir mejor. Cuando terminé la melodía, Toqué la favorita de Sam, no pensé en ella cuando comencé a deslizar mis dedos entre las teclas del piano, solo pensaba en esa canción, trasmitía muchos sentimientos con tan solo oírla, alegría, tristeza, melancolía y amor.
Sin darme cuenta de que unas lágrimas habían escapado por mi rostro, las sequé con mi mano, pero no pude contenerme más y lloré, lloré como si no había llorado antes, como si mis lágrimas nunca se secaran. En ese momento llegó mi madre y me encontró y en mi escondite solitario, se sentó a mi lado en el piano y beso mi frente.
- ¿Vas a contarme que te pasó hoy? – preguntó.
Asentí y le relaté el perfecto día que pasé con Scott, solo me salté la parte de la sombra y en especial, la del beso. Ella solo me miró con cautela, suspiró y dijo:
- Entonces Scott Diamons es el afamado admirador secreto que tenias, aunque de secreto solo le duró unas horas, yo ya lo imaginé desde un principio. Que dulce es ese chico.
- ¡Hey! ¿Tú también lo apoyas? – pregunté indignada de su traición.
- Solo digo que es un lindo chico, caballeroso y lo más importante, te quiere. – dijo con ojos melosos Yess.
- Me traicionas madre, pensé que nunca llegaría este día – dije fingiendo ira.
- Solo quiero que seas feliz, cielo.
- Sí, pero pensé que me apoyarías.
- Te apoyo hija, solo que deberías darle una oportunidad, tal vez te llegarías a sorprender tu misma y no sé, puedas sentir lo mismo que él siente por ti, se ve que te quiere mucho.
- Aunque al final yo soy la que decide, así que necesito pensar un tiempo. – dije.
- Claro. Te puedo dejar sola si quieres, o prefieres ir de compras conmigo y Verónica, que prometió darnos una vuelta por las mejores tiendas del pueblo. – dijo Yess emocionada.
- Si, no tengo nada mejor que hacer.
Subí a mi habitación a cambiarme y colocarme algo más cómodo, una camiseta verde claro, unos jeans azules y mis converse. Me quedé un rato viendo el cielo en mi ventana, siempre me gustaba admirarlo, de pequeña soñaba con estar volando en las nubes, ese día estuve muy cerca, tan cerca, solo que tal vez ya no debía ser más así. Ante esa verdad me quitó las ganas de ver las nubes, y volví a la sala, donde me encontré a Yess ya cambiada tocando una canción en su guitarra negra, era preciosa, las canciones de mi madre siempre eran las mejores.
Me senté a su lado para escucharla un rato, unos minutos más tarde llamó Verónica a la puerta, y mi madre salió a recibirla a mi lado. Verónica ese día andaba feliz con una sonrisa dibujada en su rostro, aunque en sus ojos reflejaba algo diferente, solo esperé para saludarla después que mi madre. Cuando me vio su sonrisa se disminuyó un poco.
- Hola Cristine – saludó ella - ¿Cómo estás?
- Hola profesora, muy bien – mentí otra vez.
- Me alegra, aunque fuera del colegio llámame solo Verónica ¿Si?
- Si.
- ¿Qué tal si vamos al centro comercial? – sugirió de repente Verónica.
- ¡Por supuesto! – dijo Yess alegre.
Salimos de la casa y nos montamos en su convertible rojo, mi madre en el asiento del copiloto que no dejaba de hablar con la profesora, y yo en el asiento trasero, algo incomoda. Vimos pasar por las ventanillas los autos, casas, tiendas y personas. Me quedé pensando en todo lo que había hablado con Scott, se me hizo un nudo en la garganta y volvió el mismo cosquilleo cuando recordé su nombré, me dolía pensar en el, ya que solo tenía dos opciones: La primera era decirle que podíamos ser solo amigos, y lastimarlo por puro egoísmo, porque aunque no lo quisiera como él a mí, no quería que él se fuera, era egoísta, lo sabía. La segunda opción era darle una oportunidad y esperar alguna sorpresa de esto, tal vez lo llegaría a querer igual con el paso del tiempo…
- ¿Qué tal la idea Cristie? – dijo Verónica.
- ¿Qué cosa? – dije despertándome de mis pensamientos.
- Tengo que comprar algunas cosas, y quiero llevarme prestada a tu madre al centro comercial. ¿Quieres ver una película para no aburrirte?
- Ah, sí me parece bien.
Verónica se estacionó al frente de un cinema para que yo me bajara, me despedí de ellas y entre a escoger una película. Había una de terror, pero no quería ver esa, ya estaba lo suficientemente asustada para querer ver una sombra detrás de mi otra vez. Estaba un gran cartel a mi derecha que aparecían dos jóvenes abrazados, estaba más que segura que no vería esa, no quería sentirme peor de lo que estaba. Elegí una de comedia, tal vez me haría reír, aunque lo dudaba mucho, compré unos kisse’s en la entrada y me caminé hasta mi sala de cine.
La película estaba un poco aburrida y algunos chistes no tenían sentido, ¿Por qué la protagonista se iba a enamorar del hermano de su novio? No tenía sentido, ¡Solo tenía que terminar con su novio para no lastimarlo más! A la mitad de la película decidí irme porque no me había gustado para nada.
Caminé un rato por las calles y decidí llamar a un taxi para irme a casa. Sabía que estaría sola cuando llegaría pero no me importaba. Subí a mi alcoba y vi los cuadernos de Sam en mi cama, no recordaba haberlos dejado allí, tomé su libro de Literatura, ya que era el primero, lo abrí para observar su letra y los pequeños dibujos que colocaba en las esquinas de los cuadernos, cuando pasé de página había una nota que decía Cristine. Era para mí. Abrí con cuidado la nota para leerla:
Lo siento tanto por no haberte dicho nada. Pero Cris no me deja y si te lo digo se molestará mucho. Espero que me perdones, siempre seré tu amiga aunque en estos momentos no podré estar contigo.
Te quiere
Samantha
PD: Deberías leer cuentos de Merlín para estar mejor informada. Es la mejor llave.
Cuando termine de leerla lloré de nuevo, solo que esta vez era de alivio al pensar que Sami aun me quería, aunque su hermano no. Volví a verla pero no había entendido muy bien la postdata que me había dejado en la carta. ¿Cuentos de Merlín? ¿A qué se refería con eso? La mejor llave…
- ¡Lo tengo! – pensé – Al fin la verdad.
Atravesé mi habitación para encontrar mi cofre de labrado de madera. Lo abrí para sacar lo que buscaba y entonces encontré lo que buscaba. Mi libro de cuentos favoritos de Merlín el Mago.
Lo abrí para leerlo a ver si encontraba algo sobre una llave, pero en vez de los dibujos de colores y las letras divertidas de mi libro se encontraba otro que decía:
La magia a través de las eras
El hipnotismo y control
Escrito por Adrian Brians
Reconocí la letra de mi padre en cada página del libro. Aparentemente hablaba sobre magia, me entro mucha curiosidad así que leí el primer capítulo:
Capítulo 1. Como hipnotizar humanos.
El hipnotismo es un arte complicado, ya que su objetivo es crear un trance en la persona que se desea hechizar, en este caso humanos. Para hipnotizar magos se requiere un gran potencial y mucha concentración, ya que se tiene que hechizar al enemigo que posee los mismos dones que nosotros y tienen la posibilidad de repelerlo y defenderse, como dice mis colegas Giovanni Diamons y Alexander Wittcher en Ataque y escape del enemigo y Defensa y astucia en momentos de muerte.
En las siguientes paginas se encontraban los pasos para hipnotizar solo usando la mente, como controlar a cualquier ser humano y como matarlo. Eso me puso los pelos de punta.
Al terminar de leer solo un capítulo me quedé sorprendida ante la información que tenía ese libro. No era mi libro, pero en cambio este lo había escrito mi padre. Mi padre… vi el libro y lo abrace, de él se cayó una nota con su letra y la leí:
Querida Cristine. Espero que esta carta haya caído en tus manos, con el secreto que tiene guardado. Lo siento por no decirte esto en vida, pero espero que sepas entenderlo: Eres maga, puedes realizar magia, siempre has podido, no te molestes con tu madre por no haberte dicho, ya que yo le dije que era lo mejor para ti. Escondí en tu libro de cuentos algo de suma importancia, un libro que escribí, habla sobre trucos y hechizos que descubrí, por favor no dejes que caigan en malas manos. Te he encomendado una misión:
He escrito otros 5 libros similares a este con unos colegas, claro, unos mas peligrosos que otros. Los he ocultado con unos amigos de la familia que pronto conocerás, cada familia tiene uno. Tu deber es encontrarlos y esconderlos. Las 5 familias te darán los libros cuando se los pidas a mi nombre, todas excepto una, la familia Louge, vinieron de Francia cuando se enteraron que yo tenía los libros, y por esa razón los escondí, ya que a diferencia de nosotros ellos los quieren para otro fin, torturar y matar. No dejes que caigan en sus manos, y trata con ayuda de las familias Wittcher, Diamons, Gómez y Vivaldi de apoderarte del libro de los Louge. Cuando cumplas 16 años pasará mi abogado unos bienes a tu nombre gracias al testamento que escribí, legándote no solo estos libros sino una pequeña sorpresa de parte de mi familia que no podía darte ahora, ya que llamaría la atención y crearía sospechas. Espero que hayas entendido la poca información que te pude dejar, y que nos perdones a tu madre y a mi por no haberte dicho esto antes, era por tu seguridad.
Te amará por siempre
Tu padre Adrian Brians
AB
Me arrodillé en el suelo aun con la carta en mis manos, tal vez una de las últimas cartas que habría escrito, para mí. Comencé a llorar sin control, no me importó llorar, pensé que mis lágrimas se habían secado completamente, pero solo era para darles paso a otras. ¡Cuánto quisiera que estuvieras aquí! – Pensé - ¿Por qué te fuiste dejándome una estúpida misión de la que no sabía?
Mi mente seguía pasando escenas de mis amigos, de mi familia, de todos, me habían ocultado que era en realidad y nunca me habían dicho, por eso Sam me quería contar al igual que Lucas porque me querían, pero Cristian no.
Esto no tenía ni pies ni cabeza, ¿Por qué no me quería contar Cristian la verdad, pero los demás si? ¿Acaso era tan grave? O la otra opción que quedaba era simple, no me quería, nunca fui su amiga y no quiso confiar en mí. ¡Qué drama se había formado! ¡Parecía extraño todo el cambio que había en mi vida en tan solo tres días!
No me reconocía a mí misma, quería escapar, irme a un lugar donde nada cambiara. Tomé de nuevo mi suéter gris y bajé corriendo las escaleras, solo le dejé una nota a mi madre diciendo: Salí un rato a caminar, vuelvo pronto.
Los carros y la gente parecían ir más rápido de lo normal, o era mi corazón y mi cerebro quienes lo hacían parecer así. Caminaba apresuradamente en dirección contraria de las personas, que tropezaban sin mirarme si quiera.
De pronto sentí ganas de ir al lugar donde todo había empezado, aquel claro de mi primer sueño. Mi primer día en Heauston Seattle, aquel sueño con la sombra, aquella sombra que ya no me hacía sentir miedo, si no rabia. Corrí al bosque tratando de recordar los caminos por donde había pasado antes de encontrarlo. Debía estar cerca del río, ya que el camino era muy similar. Seguí caminando durante un tiempo, dando vueltas en círculo hasta que lo vi, más hermoso de lo que recordaba.
La luz del crepúsculo se asomaba en el claro, y se reflejaba en el agua, dándole ese aspecto tan mágico, de luz. Los arboles mostraban formas y siluetas mientras más te adentrabas a verlos, le daba un aspecto sombrío. Luz y oscuridad juntos, era perfecto. Sentí que una sombra se movía y me puse a la defensiva buscando LA cosa que se movía se esa manera, entonces la vi, era una sombra que caminaba lentamente hacia mí al otro lado del lago, me entró pánico, pero sobre todo surgió la misma cólera que sentía hace rato por la sombra que me perseguía.
¡Hey soy maga!, recordé. Me concentré en arrojarle una roca pesada que se encontraba cerca de la sombra y esta salió volando por los aires velozmente en su dirección, pero la sombra la detuvo con tan solo alzar el brazo y la roca despego hacía el otro lado del bosque.
Estaba aterrada, ya no tenía más ideas en mi cabeza, ¿Qué iba a hacer ahora?, caminaba despacio en mi dirección sin ningún movimiento brusco, yo esperé aterrada su ataque cerrando los ojos….
Hello!! Casi 400 visitas!! Yes!!! Lo siento por no har publicado este cap, mi hermano cumplió año ayer, en el día de los inocentes, pasamos rato de la tarde inventando bromas! Espero que les guste este cap, le da un giro completo a la historia!! Me esforcé muxo en escribirlo, comenten a ver que tal!!
xoxoxoxoxoxoxo mari R☆★
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