Mi verso favorito: Escribir es nacer de Luis cernuda

...desde el polvo
me atrevo a
murmurar
tristes
palabras.
Escribir es
nacer,
dejar la
cristalina
morada de
inocencia
donde ya no
estoy.
Mi verso tiene formas
maternales,
es nube sobre el
mar
y una gota de l
luvia,

es niño que en la arena se entretiene

con las espumas y las caracolas.

Un saludo para todos los lectores, si ya seguías esta historia, lamento no haber escrito más y dejar la historia a la deriva, y si eres nuevo espera el nuevo giro de mi historia, traerá nuevas sorpresas, personajes nuevos, tramas nuevas y una nueva forma de dejarte fijo en la pantalla por mucho tiempo. Proximamente publicaré los primeros capítulos nuevamente (sí, los mismos) pero quiero volver a retomar la historia de cero para cambiar algunas cosas, no muchas. Espero que sean pacientes y les guste esta nueva historia que me complace tanto compartir con ustedes.

Espero que me hayan perdonado y que sigan la historia tanto como yo. Dentro de unas semanas cambiaré la dirección de la página conforme a como decida llamar a este libro.

¡Nos leemos pronto!

lunes, 11 de enero de 2010

Solo Luz

Capitulo 17


Bajé a gatas en la oscuridad del pasillo, vi a Cristian tocando el piano, la misma canción que estaba tocando hace rato, a su lado tenía una hoja de papel, y cada cinco segundos escribía y tachaba algo.

- Hola – volteó hacia mí, di un respingo, ya me había escuchado venir, so boba.
- Pensé que estabas dormido.
- Es difícil cuando estalla la tercera guerra mundial cerca de tu habitación. – sonrió.
- Lo siento.
- Descuida ¿Qué tienes en el brazo?
- Sabía que no me había quitado todo el barniz – murmuré.
- ¿No se supone que la pintura iba en las uñas?
- Si, pero nos aburrimos al rato y comenzamos a bañarnos con pintura.
- Ya veo… Menos mal que no fui gemela… - murmuró.
- Que cruel, fue divertido. ¿Qué haces? – miré la hoja cerca de su piano, al parecer era una lista de nombres en otros idiomas.
- Eh, no mucho, solo le busco nombre a la canción pasada, mientras toco.
- ¿Te ayudo?
- No creo que seas la persona indicada para ayudarme a buscarle un nombre, igualmente no importa – habló por lo bajo.
- Pero si es muy bonita.
- Gracias. Creo que Sam ya te está buscando – solo una risotada.
- ¿Por qué te ríes?
- Ya verás…
- Buenas noches Cristie – se sentaba en el piano mientras me veía subir.
- Que descanses Cris.

Aparecí en el cuarto de Sam, y estaba ella esperándome sentada en el suelo, con un juego de mesa.

- ¿Jugamos?
- ¿Tengo otra opción?
- No.
- Claro, ¿Por qué no? – bromeé - ¿De que se trata?
- Solo dime un verbo – tomó una libreta y comenzó a escribir algo con una pluma azul peluda.
- Um… ¿Volar? ¿Está bien?
- Perfecto. ¿Una persona?
- ¿Tu?
- ¡Sí!

Seguí diciendo para Sam un montón de nombres, colores, adjetivos y cosas que me pasaran por la mente. Ella estalló en risa cuando terminó y me lo mostró. Lo leí mientras reía también:

Hola Sam El fin de semana pasado fui a Londres y me encontré a Madonna . Nos invitó a Pink y a mí a comer en un restaurante de Sushi . Nos divertimos mucho, después fuimos a Volar por Canadá mientras traíamos ropa interior. Llevamos de recuerdo un gato siamés y casé con Orlando Bloom y nuestra luna de miel fue en Alaska.

Ahora estoy en Alemania y paso todo el día durmiendo y Orlando es Rockstar. Te mandó mi más sentido fastidio y te deseo mala suerte en tu vida. Nos veremos pronto en el entierro de tu elefante.

Te adora
Cristine El (La) Bruja psicópata

- Este gracioso, aunque yo solo dije bruja – la miré curiosa.
- Lo de psicópata sabes que es cariño ¿no?
- Claro, tonta.

Guardamos el juego mientras apagamos la luz, yo iba a dormir en la cama pequeña, pero mi amiga se negó porque yo era su visita. Nos quedamos un rato hablando sobre varias cosas, tratando de conciliar el sueño.

- Sam ¿Tu madre, lo sabe?
- Si.
- ¿Y ella también es una bruja?
- Si.
- Nunca la había visto usando magia.
- Porque no sabias nada Cristine .Recuerda un poco.
- Es cierto. Gracias, Sam.
- ¿Por qué?
- Por ser mi amiga, y por haber confiado en mí.
- No hay de que, gracias por ser mi mejor amiga
- ¿Lo soy?
- Si – sentí una pisca de orgullo – Eres mi primera amiga para ser honesta. Las amistades que hemos tenido Cristian y yo, siempre han sido lejanas, ocultando el secreto, el único es el idiota de Lucas y Verónica, a Damián no sabemos si decírselo, aunque creo que no. Y como te darás cuenta, apenas conocemos a Rachel, aunque es muy tímida, respecto a Los Diamons, a Cris no le cae muy bien Scott que digamos – rió por lo bajo – y Charlotte, es algo… hostil, y no teníamos los mismos gustos. Me sentí algo sola, hasta que llegaste, nos alejábamos de ti un poco al principio, porque no sabíamos que eras tú la chica nueva que esperábamos, te quería decir apenas me enteré, pero no me dejaban y te dejamos pistas para que te enteraras un poco, casi las mismas que nos dejó tu padre, y ahora heme aquí, al lado de mi mejor amiga.
- Gracias Sam. Buenas noches.
- Buenas noches bruja psicópata.
- Que sueñes bien tonta.

Me quedé dormida al instante, pensando aun en la historia de Verónica, en sus relatos, toda la verdadera historia, y en mi padre.

Me quedé dormida como cinco minutos después de haber hablado con Sam. Solo empezó otro sueño…

Estaba en mi casa en Texas, montada de pie en mi columpio, salté encima de una montaña de hojas, que salieron volando por todas partes, aunque se confundían con las que la suave viento desprendía de los arboles. A mi lado estaba sentado mi padre, entretenido con mi alegría, sonreí al verlo otra vez, estaba allí otra vez conmigo, a mi lado.

- ¡Hola! – corrí a abrazarlo mientras saltaba en su espalda, me cargaba como si aun fuera una niña, siempre me divertía eso, aunque no creciera.
- No sabes lo feliz que me hace verte feliz otra vez, con esa sonrisita que siempre recordaré. Eres muy inteligente, te enteraste fácil.
- Me costó un poco. Pero sé que me ayudaste, gracias.
- Ahora sabes que hacer.
- ¿Me puedes ayudar?
- Tienes que descubrirlo tu sola, aunque te he dejado una ayuda. Solo recuerda – me guiñó un ojo, ese era su dicho en un momento feliz, solo recuerda.
- Te amo, gracias por darme tu sonrisa. – lo abracé aun mas fuerte.
- Mi princesita favorita, no te quedes aquí.
- ¿Por qué?
- Corre. – salió huyendo disparado, solo reía y yo lo perseguí. Caímos los dos en el pasto, que estaba alto, el sol quemaba nuestras caras con sus rayos cuando atravesaban algún lugar libre entre ese follaje de arboles de otoño.
- Tengo frío –dije, mi padre me pasó mi abrigo blanco, había sido mi favorito, cuando era niña, claro ¿Cómo me quedaba si ya había crecido? Se veía más grande, a mi medida, me puse mi abrigo mientras mi papá se levantó a seguir jugando.

Corrí y corrí, mientras el reía, me alegraba verlo sonreír, siempre lo había hecho. Llegamos donde estaba mi columpio otra vez. El me cargaba en brazos y me puso en mi columpio, el que había hecho para mí, me senté mientras en me mecía, alto, como siempre me gustaba.

- Solo recuerda, Luz. – me dijo.
- No te entiendo…
- Ten fe, Cristine, en las personas, y en ti. No olvides que aunque te sumas en completa oscuridad, sin un ricon o salida, la luz siempre podrá encontrar una salida, guiándote.
- Eres mi luz.
- Tu madre y tu, la mía. – me besó en la frente. – Me tengo que ir.
- ¿Por qué me dejas sola?
- Siempre estaré a tu lado, no estás sola. Adiós. – caminó hacia un prado iluminado por el sol, mientras desaparecía entre la luz del sol.

Esa mañana los rayos del sol se asomaban por la ventana de Sam. Me levanté concentrándome en aquel sueño, para no olvidarlo nunca. Recordé cada palabra que me dijo mi padre, ya había entendido bien su dicho, solo recuerda. Me encontraba feliz por despertarme con aquel sueño tan lindo, era un mensaje, lo sabía.

Una palabra resonó en mi cabeza durante un rato, luz. Era lo que tenia, lo que necesitaba cuando estaba sola, solo luz.

Vi, los rayos del sol que entraban de nuevo en la ventana de Sam, no eran tan cálidos como los de mi sueño. Recordé una plática que tuve con mi padre hace años, aquella caminata que habíamos hecho en mi cumpleaños, cuando cumplí siete.
Caminé con mi padre por uno de los senderos de la casa, donde habían grandes calabazas, miré mi casita del árbol, que visitaba cada mañana, tenía muchas hojas secas, por los arboles que cambiaban en esta estación, otoño, eran muy bonitos, pero me gustaban mas verdes, mas llenos de vida.
- ¿Papi?
- ¿Si princesa?
- ¿Por qué los arboles cambian en otoño?
- Um… porqué necesitan protegerse por el frío del invierno.
Formé una pequeña arruga entre mis cejas, tratando de comprender.
- ¿Y las hojas mueren?
- Sí, pero renacen otra vez, gracias a la luz del sol.
- Son tan bonitas de color verde. Me gustan asi.
- A mí también me gustan así, las veremos en primavera de nuevo.
- ¡Sí! – aplaudía con mis manitas sonriendo.
- Siempre la luz es tan bonita ¿no crees?
- Si, aunque ya está anocheciendo.
- Es verdad. Pero la veremos mañana de nuevo.

Observaba a los arboles, esperando algún otro cambio, pero estaban igual, los vería de nuevo en primavera, renovados, cambiados por la luz del sol. Miré a mi padre quien me sonreía de nuevo, los veríamos en primavera, eso me hizo sentirme mejor.

Me moví con cuidado para buscar a Samantha, ya se había despertado. Miré el reloj de pared de Sam, eran las siete ¿Hoy no tenia clases? ¡La escuela! Se me había olvidado, me levanté y busqué mis cosas para lavarme y cambiarme de ropa antes de bajar.

Cuando ya había terminado bajé a la cocina, y estaban la Sr Wittcher, Sam y Cris desayunando.

- Buenos días, ya te iba a despertar, floja.
- Buenos días, ¿Por qué no me llamaste? No me acordaba de que había colegio hoy…
- Si lo se, ya me cerciore de eso, y en la sala está tu mochila.
- ¿Pensaste en todo no?
- Tu qué crees – sonrió.
- Come algo antes de ir a clases, Cristine – me dijo la Sr Wittcher mientras me entregaba un plato con Waffles. Asentí y comencé a desayunar.
Cuando todos terminamos nos llevó la mamá de Sam al colegio. Esperamos a que sonara el timbre mientras nos sentábamos en una de las bancas.

- Como roncas Cris – dije.
- ¿Yo? Si tú eras la que no dejaba dormir con el alboroto de tus ronquidos.
- ¡Yo ni ronco!
- Lo sé, es broma.
- Igualmente.
- En realidad la del alboroto era Sam.
- Quisieras tú, bobo. – reíamos. A lo lejos se acercaban Lucas y Damián, y el ultimo nos saludaba con la mano.
- Hola, ¿Qué cuentan? – cantó Lucas.
- No mucho. Bueno tu entenderás, no pudimos dormir bien porque Sam roncaba demasiado.
- ¡Ya sabía yo! Pobre, lo compadezco – como siempre Lucas no se resistía a seguir una broma.
- ¡Claro que no! – se exasperó Sam – Ven, vamos a clases.

Sam me jaló cuando sonó el timbre, entramos por la puerta, con Damián, Cris y Lucas pisándonos los talones. Me encontré a Scott con Charlotte, al verme se fue en mi dirección y su hermana solo volteó los ojos. Ella era un año mayor que el, por eso no estudiábamos juntas, pero eso me alegraba, seria incomodo estudiar con alguien que se comporta tan raro contigo.

- Hola ¿Cómo te sientes? – se dirigió a mi Scott.
- Hola, mucho mejor.
- Me alegra, por lo de ayer. Ya sabes…
- Si, no hay problema. Vamos a clases

Seguimos el día con la mayor normalidad posible, pero estaba bastante aburrido, eso a lo mejor se debía a que era el primer día de la semana para ir a clases, casi siempre era asi. Salimos al mediodía a la cafetería a comer, y allí estaba Regina, como siempre acaparando la atención, junto a una chica de cabello negro muy largo, varias veces ya la había visto con ella, pero no sabía quien era.

- ¿Quién es ella?
- Se llama Mandy Thompson. Es algo así como Sam y tu – me explicó Damián.
- ¡Ni se te ocurra decir eso! – exclamó Sam y después me explicó molesta – Es la mejor amiga de Regina, supuestamente, lo que me disgusta es que se le ocurra compararnos con ellas, ¡Es la peor de las blasfemias!
- Lo siento. Solo me refería a que era muy amigas.
- Pero no las mejores – lo corregí.
- Bien dicho – canturreó Sam


- Mandy Thompson – repetí mientras la miraba un momento.

Era alta y delgada, de tez blanca y cabello negro, bastante largo y lustroso, sus facciones eran tranquilas, como si estuviera pensando todo el tiempo, su sonrisa era de autosuficiencia, al parecer se sentía importante allí junto a Regina. Bufé.

- ¿Han visto a Scott? – pregunté olvidándome de mis pensamientos.
- Creo que está con Charlotte, siempre almuerza con ella.
- Voy a hacerle compañía un rato, ¿Quién viene?
- Yo te sigo – dijo Sam mientras les volteaba los ojos a los chicos.

Caminamos hasta encontrar a tres chicos, ¿Tres? Vi una chica en la esquina de la mesa, comiendo a lo lejos, era Rachel, casi no la veía, estudiaba un curso menos que yo, a Charlotte igual.

- Hola – saludé. Scott estaba resplandeciente, Rachel compuso una sonrisa nerviosa, y Charlotte, como era de esperarse, no me miró.
- Hola Cristie, Hola Sam – ahora el tenia más confianza en mi amiga, desde ayer.
- Hola – se escuchó a Rachel.
- ¿Nos podemos sentar aquí?
- ¡Claro!
- ¿Cómo la pasaron ayer?
- Bien – Rachel al fin dijo otra palabra.
- Muy bien, fue genial ganar ¿A que si Sam?
- Por supuesto.
- No mucho – masculló Charlotte.
- Fue un juego limpio. – protestó Scott a su hermana – Además estuvo muy justo.
- ¿Pero fue divertido Charlotte?
- Si, a pesar de que hicieron trampa, si.
- No hicimos trampa ¿Y qué fue lo que hizo Lucas?
- Estuvo justo, ya que sabotearon a nuestro portero – Scott rió por lo bajo, no entendía que le causaba tanta gracia.
- ¿Y tu Rachel?
- Si, fue divertido –comenzó a salir un poco de su ensilla miento – Aunque no jugué, fue interesante el partido.
- Opino igual.
- Quería que jugaran. Así el partido habría sido justo – volvió a hablar Sam. – Aunque tendrían más ventaja.
- ¿Por qué? – pregunté yo.
- Si jugaban las dos, tendrían bastantes ventajas cada equipo.
Arrugué las cejas tratando de entender un poco, no sabía que podía servir de ventaja yo.

- Tu, puedes ver el futuro. Eso es perfecto, aunque juegues sola – comenzó a explicar Scott.
- Si, tal vez complementaría a mis pies izquierdos – mascullé.
- Ja, ja, ja. Que mala ere contigo misma, ni si quiera te das una oportunidad.
- Sí, pero solo los veo a veces, en sueños.
- Por ahora, si te esfuerzas un poco, los verás muchas veces, cuando quieras. Recuerda que eres nueva en todo esto, brujita.
- ¿Y Rachel? – la miré a ver si me respondía algo, miró al suelo primero antes de hablar.
- Yo… puedo ver las cosas más facilidad, detectar algún movimiento o cambió, veo más claro que otros.
- Es fantástico. Con razón entendías tan claro el juego.
- Si, ayuda mucho a veces.
- ¿Y qué haces tú Scott?
- Es algo así como un sexto sentido. Ya que puedo usar mi mente para establecer una conexión con otra persona.
- ¿Conexión?
- Si, puedo hablar con alguna persona en especial en su mente, y en la mía claro. Pero solo con una, cuando llevo tiempo estableciendo esa conexión y se hace más fuerte, puedo sentir estar en la mente de esa persona, cuando piensa en mí, o me recuerda.
- ¿Y como se hace más fuerte esa conexión?

«Cuando llevo tiempo conociendo a aquella persona, y se establecen recuerdos o sentimientos» Di un saltito en mi silla, la voz de Scott se escuchaba muy cerca ¿Cómo? Ah, es cierto que puede hablar conmigo.
«Que susto» comencé a pensar «¿Y puedes hablar con todos?»
«No, solo con tres personas. Mi padre, mi hermana, y tú» me ruboricé.

Salí de aquella extraña conversación y me volví hacia Sam, que le estaba preguntando algo a Charlotte:

- ¿Y puedes sentirlo todo no?
- Si, es fácil después que te acostumbras.
- A mí me costó más, con la cabeza, ya saben – se dirigió a mi – Fue algo difícil, me sorprendió mucho cuando pude hablar con Charlotte.
- Si, a todos nos sorprendió, de que tuviera algo más que aire en la cabeza – bromeo.

Todos reímos, incluyendo a Scott, que disfrutaba de ese chiste tanto como nosotros.
- ¿Charlotte?
- Si.
- ¿Qué es lo que podías hacer tu?
- Puedo anticipar las cosas que van a suceder.
- ¿Cómo ver el futuro?
- No, algo más cercano a la realidad. No puedo ver el futuro, algo así como un sexto sentido.
- Aun no comprendo bien.
- Es como si yo tuviera siempre un presentimiento de lo que va a pasar, y sigo mis instintos, me dejo llevar.
- Oh, es excelente.

Nos quedamos un rato en silencio, hasta que Charlotte se levantó de su silla, Scott me guiñó un ojo.

«Va a sonar la campana» Me dijo Scott en mi mente. La campana sonó, este sonrió ante la predicción de su hermana.
«Aun no me acostumbró a esto, ¿Puedes hablar conmigo aunque esté lejos?» Pensé.

«Depende de cuán lejos estés, o si pienses en mi. Aunque puedes bloquear la conexión si simplemente no quieres tenerla por un rato»


- Oh. – dije en voz alta. Todos ya se estaban levantando, vi como Lucas nos hacia señas desde lejos, Sam y yo nos dirigimos hasta donde estaban Cris, Lucas y Damián.

Todos caminamos hacia el aula de clases, mientras el profesor de historia hablaba, y mucho, más de lo normal. Daba sus debidas y explicadas platicas acerca de la clase, pero se desvió un poco del tema, comentando cosas no tan cercanas de la clase. Comencé a garabatear dibujos en la parte trasera de mi cuaderno, estaba bastante aburrida, algunas veces subrayaba alguna parte que el profesor repetía, ya que eso siempre salía en un examen o en algún trabajo, aunque esa clase no lo hacía.

«Creo que me voy a quedar dormido si no hablo con nadie» habló Scott en mi cabeza que estaba sentado atrás de mi, suspiró y movió su cabeza hacia atrás, lo dejé entrar porque mi mente vagaba por algún lado en los garabatos de mi cuaderno.
«Estoy tan aburrida que ya dibujé cada esquina de mi cuaderno de historia»
«Me imagino que cuando no tiene sueño, comienza a hablarse frente al espejo» bromeó y solté una risita callada para que no me oyeran.
« ¿Acaso es posible morirse de aburrimiento?»
«Creo que no, porque si no ya estarían Deberían arrestarlo por intento de asesinato»
«Gracias por no dejar que me vuelva loca en esta clase»
«No hay de qué»

Miré mi cuaderno y lo cerré de golpe, ya había dibujado bastante, Sami volteo a verme mientras yo movía los labios diciendo ¿Qué? Giró la cabeza negando, al parecer ella también estaba muy aburrida, y se sentaba del lado del Cris, mientras dibujaba en un pedazo de papel, y le mostraba las notitas a su hermano, quien estaba apoyando una mano en su rostro, aburrido, sonreía cuando veía a la mesa de Sam.

Lucas estaba sentado detrás de Cris, mientras escribía algo en su cuaderno, parecía inspirado. Tomé mi lápiz para entretenerme un rato, mientras lo hacía moverse en su mesa con sigilo, sentí un pequeño golpecito en su cabeza, me habían lanzado un pedacito de papel.

Tenía algo escrito adentro, lo abrí y había un grupo de cinco chicos sentados en pupitres, parecían animados. Uno era Sami, que estaba dormida y le habia dibujado un montón de “z” encima de su cabeza, creo que varias que salian de su boca, estaba roncando mientras se movían las letras, otro a su lado era Cristian, que tenía la cabeza fija en el otro lado del dibujo mientras tenía una nubecita en la cabeza, que tenia un par de notas musicales en una esquina, lo ignoré, vi el dibujo de Scott, que estaba dormido y le dibujó baba saliendo de su boca mientras se movia. Mas atrás estaba el de Lucas, quien dibujaba en un pedazo de papel, le puso una coronita en la cabeza y al lado con un letrerito que decía Lucas, el más guapo y tenia brillitos que se movían por todas partes. Un poco mas adelante estaba yo, donde me veía con cara de muerta mientras dibujaba en mi cuaderno, en el centro de la clase estaba un viejo con muchas arrugas, parecía un buldog, mientras hablaba y se quedaba dormido cada cinco segundos y luego despertaba.

Me reí en silencio, aunque se me escapó la primera carcajada y Cristian volteo para ver que miraba, se me ocurrió una idea, arrugué el papelito en mi mano, mientras se lo dejé en el cuaderno a el.

Me vió por un instante hasta que le señalé el cuaderno, lo miró y abrió los ojos sorprendidos, entendió como lo hice y me sonrió mientras veía el papelito, y se reia de los dibujos, hasta que se le borró la sonrisa, seguro habia visto el suyo, no entendía porque le habia molestado tanto.

«Creo que Lucas está más aburrido que nosotros» le hablé a Scott en mi mente.
«Si, ya me dí cuenta» masculló el.
«Uf ¿Cómo cuanto faltará para que dejemos de sufrir?»
«Solo falta media hora, queda menos»

En mi cabeza surgió una duda, aunque el no podía escucharla decidi preguntársela igualmente:
«¿Scott?»
«¿Si?»
«Aquel día que me encontraste, en el parque. Tu… ¿Ya me conocias?»

Se quedó en silencio durante unos instantes, suspiro y respondió
«Si, pero no del todo. Sabía que eras nueva, pero no que eras maga, si ya lo sabia, te lo hubiera dicho»

Pensé durante un momento, había sido casi un milagro para mi haber conocido a Scott, me ayudó cuando estaba mal, el era un buen amigo para mi, en tan poco tiempo.

«Scott ¿Qué pensaste cuando me viste?»

Se quedó callado unos segundos y luego rió.

«¿Qué te resulta tan gracioso?»
«Es que en ese momento… aunque sabía ya de mi condición, y de qué habilidad tenía más desarrollada, pensé un momento que tenía el poder de Charlotte. Cuando te vi, no sé porque, o como, pero sabía que eras diferente, que eras especial, siempre he creído eso»

Pensé un momento en lo que me había dicho, pero el habló primero respondiendo aquella pregunta que se formó en mi mente.

«Yo no sabía de ti, claro, solo te conocía, aunque no sabía cómo hablarte. Si, ya conocía a los demás, todos huimos y nos encontramos aquí, esperando a una chica, no sabíamos quién era, antes de conocerte, mi hermana no quería que te dijera la verdad, porque pensábamos que eras humana, normal. Cuando me enteré de que eras tú la persona que estábamos esperando, me lo había dicho Verónica, y ya lo sabías, por eso fui a la casa de los Wittcher» masculló la ultima parte.

«¿No te caen muy bien los demás?»

«Si, Sam y Damián. Solo que tus otros amigos, creo que no les caigo bien,»

«¿Lucas y Cris?»

«Si, no creo que les agrade mucho.»

«¿Y Rachel?»

«Ha sido muy amable conmigo desde que llegó, es algo tímida»

«Si, pero todos ellos son muy agradables.»


Nos quedamos en silencio hasta que sonó el timbre de salida, al fin, parecía como si lo hubieran hechizado a propósito para que el tiempo pasara lento. Todos salimos rápidamente, casi corriendo, era horrible el primer día de clases de la semana.

Los últimos en acompañarme fueron Scott y Charlotte, quienes eran los que más cerca vivían de mi casa, seguían callados hasta que yo le pregunté a Charlotte:

- Charlotte, tu habilidad de presentir, ¿Puedes anticipar cosas que no tengan que ver contigo?
- Si, solo si son personas cercanas a mi, o que me cambien la vida – dijo esa frase cortante.
- Ya veo, ¿Yo soy muy cercana a ti?
- No. Solo influyes en mi vida.
- Oh, interesante.

Ya había llegado a mi casa me despedí de ellos, Charlotte siguió caminando pero Scott se paró en la entrada de mi casa, su hermana lo miró fastidiada, al parecer iba a decir algo pero el la interrumpió con la mano.

- Espérame solo un segundo – le dijo Scott. – Cristine.
- ¿Sí? – caminó en mi dirección.
- Con lo de la plática del otro día, ya sabes, lo que Verónica te dijo, ¿No tienes alguna pista cierto
- No, aun no. Lo siento
- Descuida, oye me preguntaba, ¿Quisieras que te enseñaremos a manejar más fácil tu magia?
- ¿En serio? ¿Pueden?
- Si. Solo para que te adelantes un poco con todo esto.
- ¡Me parece estupendo! ¿Quién será mi profesor?
- Charlotte y yo – se oyó un quejido a lo lejos – Bueno, solo yo.
- Ah, está bien. ¿Cuándo empiezo a practicar?
- Mañana, si te parece, claro.
- Si, es perfecto. Adiós, Scott.
- Nos veremos, Cristie – besó mi frente mientras se despedía.

Entré a mi casa y dejé mi mochila a un lado, caminé hasta el comedor, allí estaba Yess esperándome, al parecer había calentado mi comida y la suya.

- Hola mamá.
- Hola Cristine, ¿Cómo la pasaste?
- Muy bien, me quedé con Sam organizando los disfraces para Halloween.
- Ya te extrañaba mucho. – puso ojos tristes.
- Pero ya llegué, también te extrañé, y a tu comida.
- Claro, todos extrañan a una chef talentosa.
- No exageres.
- Si no lo hago, ¿Por qué te gusta tanto?
- Buen punto.
- Lo sabía. – ambas reímos.

Terminamos de comer, limpiamos los platos y nos quedamos un largo rato hablando de su trabajo, me explicaba las cosas que no entendía de los seguros de bienes raíces y eso, de cómo me fue en la casa de Sam y en la escuela, ella escuchó todo, desde la platica con la profesora Verónica hasta el sueño que tuve con mi padre.

- ¿Crees que fue solo un sueño?
- No, no fue solo eso, fue más… real.
- ¿Qué piensas que fue?
- Aun no estoy segura de que fue exactamente, pero de lo que estoy segura es que es algo importante.
- Es cierto, hablaré de eso con Verónica más tarde.
- ¿Más tarde?
- Si, cuando venga a visitarnos.
- No lo sabía.
- Si, viene con Rachel, me imagino que te acuerdas de ella ¿no?
- Si, su padre y ella nos visitaron un tiempo.
- Claro, ellas vienen a las 6:00 p.m
- Me parece perfecto.

Hola! aqui les dejo este cap!! ando super feliz porque ya pude crear mis dos blogs, aqui se los dejo www.thealbuslife.blogspot.com es el de Al, y este es el otro www.lilyandjamespotter.blogspot.com espero que les guste y comenten!!! les falta una que otra cosa, pero ahi van!! Buf! no se si publicaré pronto porque acabo de empezar hoy clases!! horrible!! deberian matar al idiota que las inventó!! jaja no mentira! y por ultimo les digo que desde hoy empieza el concurso de mi primer gran fan, es hasta principios de Febrero, lo unico que tienen que hacer es seguir a Cristie y comentar su historia, solo como fans, buena suerte!!
xoxo mari R...Just light

viernes, 8 de enero de 2010

Brujas

Capitulo 16

- Síganme chicos –Verónica salió al jardín mientras levitaba unas cuantas rocas y hacía un circulo con ella.
- ¿Puedo encenderla? ¡Anda di que si! –rogó Lucas, pero Cris se le adelanto. – Idiota.
- Fisgón –masculló el otro.
- Basta. Cristine ahora solo quiero que te sientes con nosotros y escuches atentamente todo lo que te voy a decir. ¿Entendido?
- Si –dije mientras me sentaba cerca de la fogata, al lado de Sam.
- Hola brujita. ¿Ya lo sabes no? –se sentó Scott a mi lado y yo me recosté de su regazo.
- Por supuesto, si no lo supiera no hubieras venido.
- Igualmente iba visitarte al rato.
- Creo que no hará falta –sonreí.
- Bueno, empecemos. Me imagino que sabes que todos los que estamos aquí somos magos y brujas.
- Pero… –miré a Rachel. Se iba a enterar si Verónica lo contaba así.
- También es una bruja, al igual que los Diamons, los Wittcher, el señor Jason a mi lado, tú y yo.
- Ah –que lenta era.
- Tranquila no hay problema. Te relataré el principio de todo esto…–Verónica se puso seria– A los magos y brujas se nos conocía desde hace bastante tiempo, en el inicio e todo esto, se nos llama Strigoi, del término romano strix que significaba búho, que también pasó a significar demonio o bruja, claro, esta es un rumor más creado en Rumania, pero nosotros no nos tenemos que igualar a ese tipo de brujas. en algunas regiones, se nos conoce como brujas diurnas y nocturnas. Se supone que las nocturnas son esencialmente malvadas, casi cercano a un demonio, mientras que las diurnas conviven sin dificultad con el resto del grupo y rara vez hacen daño, esos somos nosotros.
- Se nos comenzó a conocer alrededor de mundo, infundiendo miedo a todos los habitantes de cada pueblo, y así empezó la Santa Inquisición.
Papa Inocencio VIII, creó la llamada Santa Inquisición, el 5 de diciembre del año de 1484, con la que se legitimó la persecución de brujas, tortura y ejecución, generalmente ardiendo en la hoguera, empezando así La Inquisición a perseguir la hechicería, tanto a las brujas nocturnas, como a nosotros, las diurnas.


- Siempre termino pagando yo, lo sabia – murmuró Lucas, y Cris lo cayó
- Gracias –asintió hacia Cris. – Me imagino que has escuchado sobre la casería de brujas en Salem. Todo eso surgió alrededor de los años 1600 y 1700, donde todos sospechaban de todos, y la cacería de brujas era muy popular. Nuestros ancestros vivieron allí, todos, algunos como nuestros padres huyeron, otros murieron, y una pequeña minoría aun vive allí, en secreto. Las familias como las nuestras, se refugiaron un tiempo en Francia, y otras en Italia –miró a Rachel– Los Gómez, Wittcher, y Jason nos refugiamos un tiempo en Francia, donde vivíamos perfectamente en armonía durante más de 150 años, pero tuvimos que cambiar nuestros planes cuando los Louge (Ora familia antigua de magos y brujas) llegaron y se apoderaron del lugar, ya que eran muy hostiles, y se algunos se convirtieron en Condes y Duques cuando estuvieron allí, entre ellos y nuestros ancestros tuvieron que huir a Italia donde conocieron a otros magos.


»Conocimos a los Diamons y los Vivaldi, que nos enseñaron el tranquilo estilo de vida que tenían en Roma. Conocimos a los Chianielli, nos abrieron paso a sus conocimientos con los brazos abiertos, nos consideraban ya de su familia. Y al pasar de los años conocí a Adrians Brians, descendiente de los Chianielli, único heredero de aquella gran familia, era un mago talentoso, inteligente y muy astuto, más de todos los que pude conocer –río–. Aun heredaba y aprendía nuevos hechizos con la poca edad que tenia, y junto a todas nuestras familias creamos los libros, aquellos libros que mostraban el conocimiento de casi más de 300 años, pura sabiduría en esas páginas.

Los Louge, consientes de nuestra fama entre otros magos y brujas de Francia, se enteraron del conocimiento que teníamos en nuestras manos. Y decidimos esconderlos –dio una pausa y suspiró– si algunos de ustedes quieren irse mientras relato esto, lo entenderé.

Los Louge nos localizaron a nosotros, mas no a los libros, y asesinaron a muchos de nuestros familiares sin piedad, nuestros padres, autores de los libros. Cada uno de nosotros tuvo el deber de esconder un libro, dividiéndolo así en cinco, Adrian creó un sexto libro, aunque de eso no estamos seguros, ya que él nunca nos contó eso, pero con las pistas que te dejó creemos que sí, que era cierto, y que escribió un solo sobreviviente, tu padre Cristine. Mi padre, Benjamín Gómez, nos encontró un escondite a mi madre y a mí, mientras el salió a esconder el libro que tenía en sus manos, el estaba seguro de que no lo atraparían, tomó muchas previsiones, pero eso no fue suficiente. Murió con valentía tratando de esconder uno de los libros más peligrosos de todos, pero lo encontraron y se hicieron con el libro. Creo que el libro más peligroso que hay, tuvieron el conocimiento del asesinato, la tortura y el dolor, Los Louge se fueron extinguiendo hasta que solo quedó un descendiente.

Adrian –respiró profundo antes de continuar, sabía que venía algo feo. Me encogí ante ese sentimiento y Scott me dio un apretón en la mano, estrechando mis dedos en señal de aliento – El huyó de Italia con tu madre, y el enemigo hizo lo mismo, tu padre me alertó de esto, el sabia que ocurriría más adelante, solo quedaba una opción, reunir todos los libros y destruirlos, él sabía que se acercaba el momento de que el descendiente de los Louge, Miagmeli Logue, lo buscaría, a él y al libro.»

Tu padre fue valiente, y la enfrentó, a pesar de lo difícil que fue para el abandonarnos siguió siendo fiel a nosotros, y defendió el secreto, falleciendo. –Unas lágrimas se deslizaban por los ojos de Verónica y Rachel– Esa es toda la historia, la razón de que te hubieran mentido, y ocultado el secreto, fue por tu seguridad y la de tu madre, se que entiendes eso. Lo siento, yo fui una de las principales personas que debía de contártelo, pensé que eras débil, que no ibas a soportarlo, pero eres muy fuerte Cristie, al igual que tu padre, aunque te persigue el descendiente de Miagmeli Louge, tú sigues luchando. Ahora que sabes todo, espero que nos ayudes a encontrar el sexto libro, mientras recuperamos el quinto, los otros cuatro están a salvo, pero necesitamos tu ayuda, tu padre dejó pistas y sabemos que eres la única que puede descifrarlas.»

Cuando Verónica había terminado, sentí como me ardían los ojos, no lloré por la ausencia de mi padre, o por las demás muertes, si no por amor, el mismo que había sentido el por mi antes de irse, protegiéndome, a mí y a mi madre, solo amor. Oculté mi rostro en el pecho de Scott, quien me abrazó en señal de asentimiento, mientras sentí una mano en mi mejilla, era la de Sam, quien me entendía, siempre lo hacía. Me enjugué las lágrimas y traté de aclarar mi garganta lo más que pude para poder hablar.

- Los ayudaré, se los prometo –mi voz se quebró en la última frase.
- Gracias –dijo Verónica– Creo que ya es tarde y tienen que irse a sus casas. Yo me tengo que quedar un rato cuidando a estos gemelitos – señalo a Sam y Cris, quien me miraba preocupado.
- Adiós Cristie, nos veremos mañana – dijo Lucas. Que por primera vez estaba serio.
- Adiós – se despidió Rachel y desaparecieron.
- Me tengo que ir. Lo siento. –comenzó a decir Scott mientras me quedé sentada en el suelo, no me podía mover, me besó la frente y se despidió con Charlotte, quien tenía la cara roja, tratando de contener unas lagrimas.– Adiós.

Me quedé allí sentada, no soportaría que mi madre me viera así mientras llegaba, y no la quería esperar sola en casa. Miré a mi amiga y se sentó a mi lado.

- Si quieres te puedes quedar hoy aquí. Haremos una piyamada ¿Te parece? –me preguntó ella.
- Pero no traje piyama –balbucí mientras me limpiaba el rostro.
- No hay problema. Vuelvo en unos momentos. –se paró y no la vi mas, ya que bajé la mirada al suelo, pensé que estaba sola.

Vi una mano que se extendía en mi dirección, era la de Cris, la tomé y me ayudó a levantarme. Me sostuvo con cuidado por los hombros mientras me llevaba a la sala.

- Lo siento, sé que es bastante duro para ti todo esto, pero hay que solucionar todo esto.
- Lo sé.
- ¿Quieres cenar algo? Verónica nos está haciendo la cena.
- No, gracias. –me miró preocupado por mi respuesta mientras me senté en unos de los muebles de la sala.
- Te traeré algo de beber por lo menos.
- Está bien.

Salió de la habitación mientras yo me quedé mirando la sala, era grande, en una esquina vi un piano de color negro, no resistí la tentación, y lo que sentía en ese momento me llevó como si fuera hipnotismo propio hacia él.

Me senté en el piano mientras mis dedos comenzaron a tocar casi inconscientemente una pequeña canción de cuna, me la había compuesto mi padre hace años, cuando estaba pequeña. Siempre me hacía sentir mejor, una lágrima resbaló por mi mejilla, la dejé correr, estaba sola en ese momento, no importaba.

Sentí un tacto cálido por donde había caído mi lágrima, toqué mi mejilla y estaba la mano de Cris, a mi lado.

- Eh, aquí tienes. Te calmará un poco los nervios. –me entregó el vaso.
- Gracias –murmuré antes de beber un sorbo, sabía bien.
- Tocas hermoso el piano, no sabía que supieras.
- Oh. Lo siento, no sabía. Pensé que…
- No importa, es mío.
- ¿Tú también tocas piano?
- Si.
- Con razón Sam tienes tantas canciones de piano.
- Si, la tonta toca violín, no quiso aprender piano, al igual que yo.
- Tienen tantas cosas en común –pensé– Pero a pesar de todo, son tan diferentes.
- Si, aunque tienes sus ventajas. ¿Me permites?
- Oh. Claro –me levanté para dejarlo tocar en el piano, pero sujeto mi brazo.
- No, quédate.

Comenzó a tocar una melodía muy linda, me encantaba, no era fuerte, solo calmada. Era perfecta, angelical, hermosa. Escuchaba con atención sentada a su lado, sus manos se deslizaban por las teclas, casi parecía que solo las estuviera rosando, mis ojos se nublaron otra vez, seguro iba a llorar, el miró mi rostro y se detuvo.

- Lo siento, no sabía que no te gustaba esa.
- No, todo lo contrario. Es muy… hermosa.
- Me alegra oír eso, verás...
- ¡Hola! – saludó una vocecita conocida mientras aparecía corriendo por la sala –Me tardé un poco por que le expliqué a tu madre que te ibas a quedar aquí, y tomé algunas cosas de tu cuarto, ya sabes para la piyamada… ¿Qué hacen?
- Le enseñaba una canción a Cristine. –respondió Cristian algo cohibido mientras se levantaba.
- ¿Cuál? –preguntó Sam.
- Eh… la canción, la que aun no tiene nombre.
- ¡Aaaah! Ya sé cual, es muy linda ¿verdad Cristie?
- Si, es preciosa. –Cris sonrió radiante, aunque se había ruborizado.
- Déjame llevar eso a la cocina –tomo mi vaso que ahora se hallaba vacio mientras iba a la cocina.
- Y… ¿Qué quieres hacer primero? –preguntó Sam.
- No me digas que te vas a poner como las chicas de la tele, con ese club y esas piyamadas…
- ¡Solo es por diversión!
- De acuerdo… ya me está molestando eso de que me convenzas todo el tiempo.
- A mí me encanta. ¿Y por fin?
- Me gustaría oírte tocar violín.
- ¡Oh! Claro. Te daré un concierto especial. Espérame solo un momento…

Subió corriendo las escaleras en dirección a su cuarto, la esperé a que bajara, Verónica y Cristian habían vuelto a la sala y se sentaron conmigo.

- ¿Te sientes mejor? –preguntó Verónica.
- Si, gracias.
- ¿Dónde está Sam?
- Aquí viene a punto de darnos un concierto a los tres –dijo Cris. Al minuto llegó Sam con su violín, de color marrón oscuro, tenía unas pequeñas letras plateadas en un costado, me acerqué para leerlas mejor solo decía Sweet sinfony (Dulce sinfonía).
- Empiezo.

Se paró en el centro de la sala, y comenzó a tocar. Sus tonadas eran finas, agudas y delicadas, eran muy lindas. Me quedé escuchando atenta mientras ella tocaba, terminó la primera canción, y empezó la siguiente, era alegre, viva, contenta. Ella sonreía mientras tocaba, la música nos contagió a todos, que estábamos alegres.

A la mitad de la tonada llegó la Sra. Wchitter entrando en la sala. Parecía algo cansada, nos miró y me saludó.

- Hola Cristine, tu madre recibió una llamada en el trabajo, al parecer una chica le dijo que te ibas a quedar a dormir aquí.
- ¡Hola mamá! ¿Cristie se puede quedar hoy conmigo? –rogó Sam.
- No hace falta que lo preguntes Samantha, ya sabes la respuesta.
- ¿Es un sí?
- Siempre es bienvenida en mi casa.
- ¡Gracias mamá! Estaba en medio de un concierto ¿Quieres unirte a mis fans?
- ¿Fans? –preguntó Cristian.
- Bueno, seguidores.
- Yo no te sigo ni la sombra.
- ¡Mami! Se está metiendo conmigo –hizo puchero mientras abrazo a su mamá.
- No seas así, déjala divertirse un rato, Cristian. En realidad no puedo hija, estoy algo cansada, y ha sido un día muy largo, si quieres seré tu fan número uno mañana.
- Está bien –añadió.
- Adiós muchachos –y desapareció.
- Adiós nana –dijo Cris y todos reíamos.

Quedamos Sam, Cris y yo. Sami siguió tocando cuando Cristian se levantó y dijo:

- Vetadme de tu concierto. Estoy algo ocupado ahora, lo siento.
- Igualmente mi seguidora incondicional es Cristine ¿A que si Cristie?
- Si.
- Es mi hermana, pero aun así ¿Cómo lo soportas? –me preguntó.
- Es como mi hermana querida –dije mientras abrazaba a Sam.
- Entonces… ¡Somos hermanas! –saltaba Sam conmigo.
- Al fin te separaste de tu gemelo ¿Ah?
- ¡Bueno! ¡También eres nuestro hermano! ¡Mío y de Cristie! –hizo una mueca y cerró fuertemente los ojos.
- ¡Ni soñando! –nos guiñó un ojo y se fue.
- ¡Qué frágil!
- ¡Te escuché boba! -gritó Cris desde arriba. Solté una risilla.
- Ahora solo quedamos tú y yo. ¡Si, noche de chicas!
- Yupi –sacudí las manos fingiendo emoción.
- ¡Oh vamos! Sígueme, arriba esta tu piyama.

Sam y yo caminamos hasta su cuarto. La habitación de Sam estaba diferente, en su cama de madera clara, había otra más pequeña, al parecer era de esas camas dobles o algo así. Mi piyama y mi neceser estaban en una esquina de la cama de Sami.

Me cambié en su baño y me puse mi piyama rosa, mientras ella ya tenía puesta una casi del mismo color, lo había hecho a propósito.

- ¿Lista? ¿Qué tal si empezamos pintándonos las uñas? – salía de su baño mientras sugirió su idea.
- De acuerdo.
- ¿Es muy de colegiadas no? – reímos mientras sacaba un gran estuche repleto de pinturas, brillos y adornos para las uñas.
- Sí, pero está bien así.
- Excelente. Pásame tu mano derecha. ¿Qué tal si las combinamos con los disfraces?
- Me encanta, quiero unas arañitas en mis uñas.
- Perfecto, yo me quiero poner un gato negro en las mías.

Pasamos rato pintándonos las uñas, mientras nos colocábamos esmalte, brillo, decorado. Me aburrí un poco cuando Sam ya estaba terminando mis uñas, le pinté la cara con pintura negra.

- ¡Qué osadía!
- Si les das una mano, te toman el brazo – le recordé mientras le pintaba también su brazo derecho.
- ¡Hey! – comenzó a defenderse con brillo, por lo menos era transparente.

Duramos un rato pelando y riendo, por lo menos nos distrajimos un rato. Cuando nos miramos en el espejo estábamos todas llenas de manchitas de diferentes colores, carcajeamos otro rato mientras íbamos a lavarnos las caras y los brazos.

- ¡Arg! ¡Esta no sale! – salió Sam mientras corría al cuarto de su madre para encontrar con qué quitar la pintura morada que le dejé en la mejilla.

La esperé un rato, ya que Sam estaba buscando a ciegas en el cuarto de la Sr Wichtter, ya seguro se había dormido, ya era tarde, lo más seguro era que sí. Al momento escuché una canción de piano desde la sala, bajé a ver qué era lo que sonaba…



Hello! perdon por la tardanza... ya saben, problemas con mi pc ¡Arg! ¡Es frustrante! Aqui les dejo este cap, por los problemas que he tenido ya no se si haga la historia de Albus, ya que vi que crearon una similar hace poco :( Ah y necesito su opinion, tengo que cambiarle la edad a Cristine, y tal vez un poco el nombre, pero se pronunciara igual, casi no tiene cambio, y tendra 16 años, eh y necesito cambiarle el nombre a Cristian ¿Les parece otro nombre o lo dejo? opinen en coments, y que les parece los arreglos de la pag.
xoxoxo mari R

miércoles, 6 de enero de 2010

Disfraces

Capítulo 15


Aparecí en la cocina de mi casa, esperando a mi madre allí, la busqué en la sala. Estaba entablando una conversación con Verónica quien me sonreía penosamente.

- Hola Cristine – saludó cordialmente.
- Hola Verónica.
- Entonces… ya no hay gato encerrado. Lo sabes todo, estaba hablando con tu madre precisamente sobre eso.
- Si. Me costó un poco pero ya lo sé, igualmente también sé que es una bruja, no finja – traté de decirlo lo más calmada posible, aunque me costó mucho.
- ¡Qué astuta eres! ¡Por supuesto que lo soy! No sabes cuánto me alivia que sepas eso…
- A mí también….
- Igualmente sabes que no debes decírselo a nadie ¿Cierto?
- ¿Tendría alguna otra opción? – utilice el sarcasmo, ella y mi madre rieron.
- No, creo que no. Ahora somos muy pocos, y debemos cuídanos los unos a los otros, sin decir ni una palabra.
- Soy más callada que un baúl – hice el gesto de cerrar mi boca con una mano, como si fuera un cierre y después arrojar la llave.
- Así me gusta. Parece que nos entendemos perfectamente, sintonizados todos en el mismo canal, que son…
- Los libros – terminé su frase.
- Correcto. Si estuvieras en clase ya te hubiera puesto un 10, volviendo al tema. ¿Ya a estas alturas sabes que tenemos solo cuatro libros no?
- Sí, pero ¿No eran seis?
- Sí y no. Tú tienes uno, pero no sabemos dónde lo escondió tu padre. ¡Qué precavido es ese hombre! Aunque el problema es que no se conoce su paradero, otro que lo tiene el enemigo, no sabemos cómo conseguirlos y los otros libros no te los podemos entregar aun por…
- Porque es muy peligroso para mí y mi madre. Lo sé, y el último lo tiene…
- El enemigo, claro. Los Louge – tragué en seco.
- Sí, pero es peligroso aun conseguir ese libro. Por ahora solo hay que preocuparnos por el que tu padre escondió. Piensa un poco Cristie, donde lo podría haber dejado tu padre, y dado que ya te lo he dicho todo, creo… que me tengo que ir. Nos veremos luego Cristie – se despidió rápidamente mientras ella salía de la habitación con Yess.

Me quedé aun de pie donde estaba, pensando en lo que me dijo Verónica, no sabía nada donde podría estar ese libro, no tenía la menor duda. Solo pensar, era lo que tenía que hacer.

En es momento llegó Yess y me abrazó con ternura, mientras me besó la cabeza, me abrazaba tan fuerte que no podía respirar.

- Eh, mamá, creo que me voy a asfixiar. – le dije.
- Oh, lo siento. Estoy tan feliz de que sepas todo mi princesita.
- Pero… una pregunta… ¿Tu eres también, una… bruja?
- No. Solo tu padre. Nunca tuve esos dones que tienen ustedes.
- Oh, yo pensé…
- No tranquila, simplemente no están.
- ¿Sabes alguna pista de donde podría estar ese libro?
- No, pensé que tal vez tu padre te lo diría directamente.
- No. El pensaría que alguien se podría enterar muy fácil, al igual que nosotros.
- El enemigo – me estremecí. Se acarició el cabello al notar mi miedo.
- No te pasará nada cielo.
- No tengo miedo por mí, si no por ti.
- Nadie nos va a separar, eso te lo prometo.
- Gracias – mi madre siempre sabía que decir en todo momento.

Cenamos mientras veíamos la tele, ella puso documental de Animal Planet, nos gustaba a ambas el programa que pasaban a esa hora. Nos quedamos en silencio unos momentos mientras pasaban comerciales, ya había terminado el programa y empezaba uno nuevo, yo dije:

- ¿Mamá?
- ¿Si cielo?
- Me preguntaba si en mi cumpleaños mi amiga Samantha se puede quedar aquí – hice la pegunta algo formal
- Si, su madre llamó hace un par de horas. Si Cristie, al igual que la fiesta.
- ¿¡Fiesta!? – exclamé, miré a mi madre a los ojos mientras le rogaba casi en un susurro – no lo hagas, no dejes que Sami se salga con la suya.
- Ya la dejé.
- ¡Por favor! Si me quieres cancela eso, por favor no lo permitas.
- Lo hago porque te quiero, y te viene bien divertirte un rato.
- ¡No, tú y Sam son imposibles!
- Ja, ja, ja. También te quiero Cristie. Voy a trabajar un rato con unos papeles que aun no he firmado y luego me iré a la cama, no te acuestes tan tarde.
- Claro mamá.
Subí a mi habitación para dejarme caer en mi cama, ¡Qué día tan largo! Aunque divertido, me gustaba sentirme así, me sentía acompañada, no me sentía sola, aquella luz iluminaba toda mi vida, mostrándome en especial a las personas que tengo a mi lado, ¡Que suertuda soy! Pensé. Mi vida había cambiado, pero no para mal, si no para mejorar, todo lo que cabía en mi cabeza era lo mismo que en mi corazón, ellos.

Ellos, mi madre, mis amigos. Sam, Cris, Lucas, Scott, Charlotte, Verónica… todos y cada uno de ellos, los amaba, simplemente los amaba. Jugué un rato con las cosas que estaban a mi alrededor, como mi móvil de estrellas que colgaba en mi cuarto, lo hacía mover, bailar de un lado al otro, como las olas del mar, hice un teatro con mis peluches, los hacía bailar, saltar y moverse de un lado al otro, como títeres, solo que estos no tenían hilos.

Me cepillé mi cabello durante varios minutos sin usar mi mano, solo lo levitaba con magia, era algo tonto hacer eso, pero me agradaba sentirlo, el peine se quedó atascado en unos de mis mechones y me jaló el cabello.

- Mala idea – murmuré para mí misma.

Seguí acostada en mi cama, pensando en el día de hoy, las risas, los juegos, mis amigos. Extrañaba eso, y ahora era mejor, mucho mejor que antes. Ahora si podía pasar todo el día con ellos, sonreí ante esa idea, ya que los vería mañana, me reí un rato al ver la cara de Lucas cuando se acercó esa tarde a nosotras lleno de barro.

Esos recuerdos llenaban mi mente, Sami riendo a mi lado, Scott sonriéndome, Lucas tan payaso como siempre, y Cris, aun me sentía algo extrañada cuando me encontró en mi escondite en el claro, fue tan raro, pero me gustó, ¡Imposible! Solo debía ser la emoción, igualmente me reí al rato cuando vi a todos juntos, seguro que era eso, la alegría.

Me cambié de ropa y me aseé antes de irme a dormir, estaba algo cansada. Aun tenía esa tonta sonrisa que no quería salir de mi rostro, seguro que dormí con ella.

Esa noche dormí feliz, si hubiera recordado mis sueños, seguro serian las imágenes de viví ayer.


Desperté temprano, volví mi mirada por todo mi cuarto para buscar a Sam, no había estado esperándome, seguro estaría durmiendo, como si tuviera todo el tiempo libre para despertarme todos los días. Me lavé la cara, me cepillé y me desenredé el cabello antes de bajar a la cocina.

No me había equivocado del todo, Sam estaba esperándome con una sonrisa burlona que ocultaba algo, no había estado en mi cuarto, pero estaba en la cocina, cerca. Mi madre estaba preparando el desayuno antes de voltear a verme y sonreír, luego volvió a su tarea mientras yo miraba con recelo a Sam, para ver que ocultaba.

- ¿Ahora eres mi despertador? – pregunté mientras ella sonreía y miraba su reloj.
- Buenos días, con eso basta. Aunque son las 10: 07 a.m
- ¡Oh, que exacta! Aunque en los noticieros te dicen la hora y el clima.
- Entonces ve a la televisión y quédate viendo el clima – escuché como se encendía la televisión.
- Bueno…
- ¡Cristie! Me lastimas – fingió llorar.
- ¡Oh, tonta! Siempre serás mi reloj favorito.
- ¿En serio?
- Claro, eres el único reloj que me dice que todo me luce bien.
- ¡Por supuesto! ¡Come! – me ordenó mientras mi mamá ponía el plato en la mesa.
- Buenos días mamá – saludé
- Buenos días hija. Mejor desayuna antes de que la señorita te asesine, ya me contó sus planes.
- Oh. No queremos una asesina en serie en esta casa – comencé a tragar rápidamente mi comida antes de que Sam me apurara.

- Bueno, ¿ya terminaste? ¿sí? Veo el plato vacio, ¡Vamos!

- ¡Cálmate Sam! Si vamos a ir, pero espérate…


Subí a mi cuarto a arreglarme lo más rápido que pude, ya que mi amiga sería capaz de vestirme ella misma. Me estaba esperando en la sala caminando de un lado al otro, cuando me vio pegó un saltito y dijo:

- ¡Perfecto!
- Si, lo sé…. ¿Nos vamos? – le señale la puerta mientras la abría.
- ¿Qué? Eso es para los que no tienen prisa, además cuando se tiene magia…
- ¿Todo es posible? – enarqué una ceja.
- Ja, ja, ja ¡Así se habla! Sujeta mi mano
- ¿Para qué? – ya nos habíamos desaparecido.

Estábamos en unos de los baños del centro comercial, lo sabía. Esperamos a que una señora terminara de verse en el espejo para salir sin ser vistas, cuando salió mi amiga preguntó:

- ¿Sabías que tu fiesta es de Hallowen no?
- Si. Lo sé pero…
- No, no, no – me calló con un dedo sobre mi boca – solo hace falta conseguir…
- ¡Disfraces!
- ¡Qué buena idea!
- ¿Lo hiciste a propósito no?
- ¿Tú qué crees?
- ¡Qué sabías eres, amiga mía!
- Lo sé… sígueme!

Pasamos de tienda en tienda, algunas ya tenían pancartas de Halloween por todas partes. Samantha me jaló de la mano de pronto y corrió a un grupo de chicos que estaban sentados en las bancas.

- ¡Damián! – lo saludé. ¡Tenía tanto tiempo que no hablaba con él!
- Hola Cristie. ¿Cómo te va? Escuche que muy bien – le dio un codazo a Lucas que se encontraba a su derecha.
- ¿Qué onda niña?
- Hola bobo
- Hola – saludó Cristian cerca de mí con una mirada apenada.
- ¡Qué casualidad! Cristie y yo veníamos a comprar unos disfraces para Halloween. – dijo Sam.
- ¿En serio? ¡Igual nosotros! ¡Qué coincidencia! – no me gustaba el tono con el que hablo Lucas, y mucho menos esa sonrisita malvada.
- Aun no se qué disfraz puedo usar… pensaba en un médico de morgue, o en vampiro, o cantante, o…
- Abogado… ¡Que aburrido! Por favor Dam, ten más imaginación – exclamó Lucas.
- Pareces un niño en Navidad con esto del Hallowen – le dije.
- ¿Y tú no? Se supone que es tu cumpleaños.
- Sí, pero no soy muy fiestera – eso era cierto.
- ¡Ten más espíritu de Hallowen!
- Ah, ya te descubrí el disfraz, no tienes el factor de la sorpresa.
- ¡No! ¿En serio? A ver si sabes…
- De payaso, un zombie payaso, que no deja de molestar hasta la muerte.
- ¡Qué raro la chica cenicienta! – exclamo Lucas - ¿Y el príncipe azul? No veo que tenga tu zapatilla de cristal.
- ¿Por qué no te disfrazas de mimo y así te callas un buen rato?
- Me encanta esa idea, Cris – dije.
- Bueno… ¡me la tengo que llevar un rato! Nos vemos luego.
- ¿Pero qué? – le pregunté a mi amiga que no paraba de sonreír.
- Nada.

Caminamos hasta una tienda de disfraces, pero había muchas hadas, princesas, sirenas… Sam y yo queríamos vomitar.

- Le falta más… chispa a estos disfraces ¿no crees? – habló Sam mientras veía algunos de una esquina.
- Si. Así no tiene sentido el Halloween, con tanto rosa voy a vomitar. ¡Espera! – me acerqué a una sección que nadie veía. – Sam ¿Qué te parece si somos brujas por un rato?
- ¡Cristie! ¡Se supone que no se dice nada! – susurraba a mi lado ella, voltee los ojos y le enseñe los trajes de brujas que habían allí – Ah, lo siento.

Sam tomó uno estilo bruja de Las Vegas, yo me medí uno de bruja de siglo XVIII, me gustaba, el vestido era clásico, pero parecía que me llegaba casi a las rodillas, mientras tenía una larga capa negra, era ajustado en la parte de arriba como un corcel blanco con detalles y destellos plateados, y suelto hasta más arriba de las rodillas de color bronce, me gustaba los detalles finales. Tenía un sombrero puntiagudo que hacia juego, era negro con una cinta plateada. Tenía unas botas negras que me llegaban casi hasta las rodillas.

- ¿Qué te parece? – le pregunté a Sam mientras salía del probador para que ella me viera.
- ¡Es perfecto para ti! ¿Seguro que no es de princesa? ¡Es precioso!
- ¿Para ver el que escogiste? – me enseñó el traje, era un juego de sombrero cuadrado de color plateado, una camisa del mismo color con detalles dorados, unos shorts morados que combinaban con la cinta del sombrero junto a unas botas negras. - ¡Oh, está muy de Las Vegas!
- Si, ¿Genial no?
- Estupendo.

Antes de pagar vi un antifaz plateado con líneas negras y destellos dorados, tenía que ser mío, quedaría perfecto con el disfraz. Jalé a Sam para que lo viera, asintió sonriente y busco una para ella, tomó una morado con círculos plateados, ¡Estaba genial! Y pagamos juntas nuestros disfraces.

Salimos de la tienda sonriendo mientras discutíamos del maquillaje que iba con eso, tenían que ser colores llamativos, sin duda alguna. Habían un grupo de chicas vestidas iguales, con unos estúpidos ponchos encima, parecían de payasos, solo tenían una horrible etiqueta con el nombre de marca. ¿Qué le veían a eso? Ni si quiera era bonito.

- Creo que nos están mirando – dijo Sam sonriendo. – Gracias a Dios que no me dejo llevar por las influencias.
- Arg, la moda es la peor de las pestes – mascullé – Solo te pones algo que miles de personas ya tienen, no es lindo y dura un tiempo. ¿A caso les he imposible tener una personalidad propia?
- Así es la vida. – rió ella mientras las chicas nos miraban con petulancia, ambas reíamos esta vez.
- Y las personas – la corregí.
- Y el chisme la peor de las blasfemias – masculló Sam mientras las chicas murmuraban algo, las ignoramos y seguimos caminando.


Vimos a Cristian, Lucas y Damián a lo lejos con bolsas también, ya tenían sus disfraces al igual que el mío.

- Y ¿Qué haremos contigo brujita? – se me acercó Lucas.
- ¿Qué te pasa bobito?
- Era tan predecible saber tu disfraz…
- ¡Claro que no!
- ¿En serio? – el contenido de mi bolsa se movió un poco.
- ¿Cómo sabes?
- Se te olvida que tengo a mi lado a un amigo… “Chismoso” – hizo con las manos unas comillas imaginarias en el aire. Chismoso le quedaba perfecto a Cris, podía escuchar más que bien, pero era obvio que Lucas no iba a decir nada delante de Damián, el no sabía nada, y no podría saber nunca, el no era mago.
- Chismoso, ¿Por qué me arruinaste mi sorpresa? - llamé a Cris despectivamente.
- ¿Qué? Oh, lo siento, solo lo comente porque lo escuché y Lucas… - se volvió hacia Lucas y le dio un manotazo en la cabeza.
- ¿Cuándo vas a dejar de sacarme la cabeza?
- Cuando dejes de ser tan irritante.
- No soy irritante, solo estoy ayudando ¿Mas obvio no puede ser?
- Cállate – masculló Cris.

Caminamos a la casa de los Wittcher mientras hablábamos sobre las decoraciones de Halloween adelantadas que tenían algunas casas del vecindario.
Cuando llegamos Sami tocó el timbre y nos abrieron la puerta, pensé al momento que era la madre de Sam, pero nos atendió Verónica, que se hallaba dentro de la casa.

- Hola chicos, su madre salió un rato con Yessica y me pidió que los cuidara un rato.
- ¿Qué? ¿Una niñera? – exclamó Lucas.
- Si, para inmaduros como tu – le espetó Sam y Lucas se saco la lengua. Entramos mientras ella hablaba cortésmente con nosotros.
- Ya, pasen. Yo tengo que cuidarlos el día de hoy, ya que Yessica y Wittcher salieron por un asunto de negocio un rato.
- Ah. – contesté yo - ¿No sabes a la hora que llega?
- No. Solo sé que llegan tarde.
- Genial, ahora nos ven caras de bebes.
- Tampoco me agradó la idea. – Cristian gruñó – Ah tienen visitas.
- ¿Quiénes? – pregunté a Cristian que había sentido a las personas que estaban adentro. Miró al suelo y no respondió.
- Los Diamons, y Rachel.
- ¿Rachel?
- Si, por favor entren.

Entramos en la estancia, en la sala estaba Scott y Charlotte sentados en uno de los muebles, y una chica de cabello rubio claro estaba al final de la estancia sentada en el ultimo mueble. Era la misma chica que había visto el otro día con Verónica.

- Cristie me imagino que conocerás a los Diamons a estas alturas.
- Si. Hola Scott, hola Charlotte.
- ¡Hola Cristie! – me saludó Scott con una sonrisa radiante y se acercó a abrazarme en mi encuentro.
- Hola – saludó Charlotte mientras sonreía nerviosa.
- Bien – prosiguió Verónica – Te presento a Rachel Vivaldi, ella ya tiene tiempo aquí en Heauston, aunque asegura haberte conocido antes en Texas.
- Hola Cristine – saludó la chica. ¡Ahora la recordaba! Su padre fue una vez a visitarnos cuando vivíamos en Texas, ella y yo jugamos una temporada.
- Hola Rachel. Cuanto tiempo sin verte – sonreí.
- Ya que todos se conocen ¿Por qué no van a jugar afuera?
- ¡Futbol! – exclamó Lucas y Damián aplaudió. La mayoría de los chicos habían salido al jardín mientras Sam, Cris y yo miramos a Verónica que se sentaba en el centro de la sala.
- ¿Y qué vas a hacer tú? – preguntó Cristian.
- Ah, que descortés de mi parte. Me voy a quedar viendo tele si no les importa, a esta hora pasan mi novela favorita, son las 4:00 ¿no? Ah, excelente, como todos están de acuerdo, vayan, jueguen un rato.

Todos nos quedamos en silencio y salimos al jardín. Al parecer ya habían empezado a formar equipos, Lucas le lanzó el balón a Cris y le gritó:

- ¡Cris! Serás el capitán
- ¡Yo también! – saltó Sam a su lado. Vi que Rachel se sentaba bajo la sombra de un árbol, me acerqué a ella.
- ¿No vas a jugar?
- El futbol no se me da muy bien – hizo una sonrisa forzada.
- Si quieres me quedo contigo.
- Si, gracias.
- ¡Cristie! ¡Ven a mi equipo! – me llamó Sami dando saltitos.
- Me voy a quedar aquí con Rachel, lo siento Sami.
- ¡No será lo mismo sin ti! ¡Me llevo a Scott!
- Escojo a Charlotte
- Entonces me llevo a Damián. ¡Listo! A jugar.
- ¿Y las porterías? – preguntó Damián.
- Eh, son los entre esos dos árboles del fondo – señalo Cristian – y donde estoy yo. Soy el portero.
- Yo también – dijo Damián.
- ¡Empecemos! – gritó Sami.

Los chicos empezaron a jugar con emoción, Scott parecía estar en perfecta sincronía con Sami, me pareció algo exagerado, como si se leyeran las mentes, y trataba de meterle un gol a Cris, pero cada vez que lo intentaba, lo sentía cerca y lo detenía. Estaba reñido el juego, Charlotte corría muy rápido, y Damián pateaba fuerte, era obvio ya que el tenía practica de futbol todos los fines de semana, Lucas también corría rápido, y tenias sus técnicas, según el claro, solo trataba de variar cuando le pasaba el balón a Charlotte. Scott al fin pudo marcar un gol le sacó la lengua a su hermana quien le volteó los ojos y le enarco una ceja a Cristian, quien gruñó, Lucas se irritaba y pataleaba el suelo como un bebe y Sam brincaba como si el suelo fuera de lava o no quisiera tocarlo.


Me quedé conversando con Rachel, que al parecer después de su visita a Texas, volvió a Italia un par de años, donde vivía en ese entonces y luego vino aquí. Hablamos un rato sobre el colegio, ella estaba en otro año, ya que era solo un año menor que yo, aunque eran solo un par de meses, ella cumplía en enero. Sonreía al ver a los chicos jugar, me imaginaba lo triste que era para ella eso, porque vino sola de Italia, ya que sus padres no estaban, su madre murió enferma cuando ella era una niña y su padre falleció unos años después, ahora solo vivía con su nana, que era como su compañera, madre sustituta y soporte.

- Se divierten mucho – agregó mientras los miraba a todos.
- Si. El juego va reñido. – dije cuando Lucas anotó un gol y se burlaba se Scott, y este le dio un balonazo en la cabeza y el payaso se cayó al suelo. Ambas reímos.
- Van siete a cinco, a favor de Samantha.
- Oh, a Cristian lo están haciendo polvo – el chico escuchó mi comentario y me miró petulante. - ¡Ups! – sonrió y volvió al juego.
- Veo que son muy competitivos, ¿no?
- Si, se divierten así.
- Como has cambiado Cristine, bueno, como te recordaba de niña.
- Sí, eso creo. Pero por favor dime Cristie, estas en confianza.
- Oh, gracias – miró al suelo un momento y nos quedamos en silencio.

Seguimos viendo el juego, ya estaban casi terminando cuando estaban siete a siete, como esos momentos de suspenso en los partidos importantes, solo faltaba un punto. Lucas estaba decidido a no dejarse humillar por Sami o Scott, que le restregaban la victoria en cada gol, Damián en cambio, solo sonreía mucho y arrugaba la frente cuando el otro equipo anotaba un gol. Cristian solo estaba atento, al igual que Charlotte, no perdían la vista del balón, que lo tenía Lucas en ese momento, Scott iba a toda velocidad a quitárselo mientras lo seguía Sam.

Lucas tropezó y se cayó, yo me reí, Scott aprovechó el momento y le arrebató el balón. Lucas no se quedó así como así, le agarró un tobillo y Scott cayó también.

- ¡Hey! ¡Es trampa! – exclamó el mientras Sami se llevó el balón rápidamente.

Sam corría a toda velocidad, y Charllote no la perdía de vista mientras le bloqueaba el paso, pero mi amiga fue más inteligente y fingió comenzar a moverse a la izquierda y su intercalo hizo lo mismo, aprovechó y corrió con el balón hacia la derecha.

- Quisiera que ganara Scott – murmuré. Cristian volteó la cabeza en mi dirección y me miró ofendido, Sam aprovecho y marcó el último gol.
- ¡Gooool! – gritaba ella. - ¡Gane!
Se podía oír a lo lejos a Damián y Scott tosiendo en señal de desaprobación.

- Está bien. ¡Ganamos! – los chicos cargaban a Sam mientras me guiñaba el ojo y movía los labios, se interpretaba como un Gracias.

Lucas estaba molesto, solo regañaba a Cristian por no haber prestado atención, este solo se colocaba la mano en la cabeza, mientras Charlotte volteaba los ojos diciendo:

- Para la próxima me voy con la chica.

Al rato Damián se despidió de nosotros, al parecer tenía que ayudar a re decorar la casa, todos entendimos y lo despedimos.

Esperamos todos nos sentamos en el suelo, hablando sobre el partido, y Lucas todavía refunfuñando su derrota. Antes de que formaran un pleito llegó Verónica, y nos sonrió a todos.

- Buen partido. Lo vi desde la ventana – dijo ella. - ¿Qué tal si ponemos a esta señorita al tanto? – me señalo mientras miraba a los demás, ellos asintieron.

Movió un par de rocas y las colocó en forma de círculo, levitó algunos troncos y los puso adentro.

- Ya veo que tienen los disfraces. Entonces todos van a la fiesta de la escuela ¿no? – comentó Verónica para romper el hielo.
- No, vamos a la de Cristie, ya que cumple años en Halloween – dijo Sam.
- Además que las de la escuela son un asco – dijo Lucas.
- Yo organicé una de ellas – se defendió Verónica aludida.
- Todas menos la tuya, igualmente no habíamos llegado para esa fecha ¿Lo recuerdas?
- Oh, cierto.
- ¿Pensé que ustedes estudiaban aquí toda su vida?
- No, solo hace un año antes de que llegaras. Estaba planeado.
- ¿Planeado?
- ¿Aun no le han contado? – preguntó Verónica. Mis amigos negaron con la cabeza y ella volteó los ojos – Ven Cristine, creo que me toca a mi contarte las historias.
- ¡Yupi! ¿Con fogata como la vez pasada no?
- ¿Ves pasada?


Halo!! Oh! Al fin pude entrar! Me estaba muriendo! No quería entrar otra vez la pag!, al fin! Aquí les dejo este cap, por fis tengan paciencia con los dos otros blogs, cuando solucione todo les haré saber de inmediato!
Espero que les guste este cap
Xoxo mari R☆★

lunes, 4 de enero de 2010

Escondidas

Capítulo 14
- Hola – saludé primero.
- ¡Cristine! – exclamaba Lucas mientras corrió a abrazarme cuando llegaba.
- Yo también te extrañe. ¿Cómo está mi payaso favorito?
- Perfecto. ¿Dónde estaban?
- De compras – respondimos Sami y yo al unisonó.
- Oh. Espero que me hayan comprado algo, o no las pienso dejar entrar
- No, no pensamos en eso. Lo siento Lucas
- Ya veo – nos cerró de golpe la puerta.
- Que bobo – dijo Sam y desapareció.

Me concentré lo suficiente para aparecerme en su casa, y lo logré ya estaba en la sala. Todos me miraron impresionados mientras Cristian sonreía.

- ¿Cómo lo hiciste? – preguntó Lucas.
- Con magia. Obvio.
- Si, ya lo sé, pero es la primera vez que te apareces ¿no?
- Si.
- ¡Vaya, eres todo un fenómeno!
- ¡Lucas! ¿Qué te pasa?
- Lo que trata de decir es que avanzas muy rápido, te enteraste de tus condiciones hace poco. Además, está celoso solo porque a él aun le cuesta aparecerse. – Explicó Cristian.
- Celoso – susurré.
- ¡Tenían que ver lo que hizo Cristie en el centro comercial! – decía Sam – Activó una de las alarmas de seguridad de una tienda, y un guardia se llevó a Regina que iba saliendo de la tienda.

Cristian y Lucas se quedaron serios durante unos segundos, después estallaron en risas, sin control. Sam sacudía a Lucas que no paraba de reír.

- ¡Te alabo Cristine! ¡Nunca se me había ocurrido eso! – carcajeaba Lucas mientras Sam seguía zarandeándolo.
- Gracias, fue pura inspiración. – respondí.
- ¿Qué tal si jugamos afuera? – sugirió Cris quien ya había recuperado el control
- Sí, me parece perfecto.
- Buscaré el disco para jugar Freesbe – corrió Sam mientras salía de la habitación.
- Esperémosla afuera.

Seguí a los chicos por el pasillo hasta que Lucas se detuvo, me miro con cara de decepción, me sacó la lengua y se desaparecido.

- Celoso.
- ¡Te escuché! – gritó él desde afuera.
Salí con Cristian a la parte trasera de su casa, era muy hermosa, el suelo era de piedra, mas adelante había una piscina en el medio y a su izquierda había un patio libre de pasto y flores donde esperamos a que Sam viniera con el disco.

Mi amiga venía corriendo a toda velocidad y lanzó el disco con fuerza mientras volaba por los aires en nuestra dirección, Cristian lo atrapó con una increíble agilidad que no conocía de él. Se lo lanzó a Lucas quien lo atrapó y me lo lanzó en mi dirección mientras reía, venía tan rápido que no reaccione correctamente y solo lo reduje con mi mente mientras lo atrapaba.

- Tramposa – susurró Lucas.

Se lo lancé a Sam guiñándole un ojo, ella sonrió en señal de entendimiento. Y le gritó a Cris:

- ¡Atrápalo!

Cristian ya había empezado a correr cuando Sami se lo arrojó a Lucas y le cayó en plena frente. El solo grito ¡Auch! Mientras todos reíamos, el tomó el disco y desapareció. ¿Dónde estaría ese payaso? Cuando iba a formular mi pregunta en voz alta vi a Lucas cerca de mi mientras lanzaba el disco velozmente en mi dirección, no pude pararlo por el susto y me oculté con las manos para protegerme, pero por suerte Cris lo paró justo a tiempo. Yo solo lo mire y sonreí, el asintió mientras se acercaba y agarró el disco.

- Idiota – murmuró en dirección de Lucas.
- Claro, me dices idiota porque se lo lancé a tu…
- ¡Cállate! ¿Quieres? ¡Sam! – gritó y le lanzo el disco a Sami muy alto y ella lo siguió.

Pensé que Sami se iba a caer en la piscina, pero para mi asombro ella solo pisó la superficie del agua ¡Caminaba sobre ella!

- ¡Genial! – se me soltó.
- Ven y te enseño.

Me acerqué a mi amiga mientras salía de la piscina, mientras me decía:

- No es muy complicado. Solo tienes que pisar más fuerte de lo normal mientras piensas en la forma del agua firme.
- ¿Firme? – pregunté confundida.
- Si, el agua cambia su forma que es firme, serena por movimientos, ondulaciones y turbulencias cuando algo hace que esta cambie, como el viento, o el contacto con algo. Imagínate ser más ligera y el agua más dura cuando entres en contacto con ella, eso también ayuda.
- Oh, gracias. Déjame intentarlo.
- ¡Chica al agua! – gritaba Lucas que se encontraba detrás de mi y me empujó a la piscina.

Reaccioné a tiempo y apliqué las instrucciones que me dijo mi amiga, eran fáciles. Antes de darme cuenta ya estaba caminando sobre el agua.

- ¡Ja! – exclamé gloriosa mientras le sacaba la lengua a Lucas.
- Aprendes rápido.
- Lo sé.
- ¡Maldición! Lucas necesito que me acompañes a la entrada, tenemos visitas. – dijo Cristian.
- ¿Visitas? – en ese momento sonó el timbre.

Cristian y Lucas salieron de la estancia mientras Sam y yo nos sentábamos en la piscina.

- ¿Cómo supo Cris que tenían visitas? – pregunté confundida.
- Ah, se me olvidó contarte esa parte. Los magos y brujas siempre tenemos un sentido más desarrollado que otro, como las personas, solo que es el sexto sentido.
- ¿Sexto sentido?
- Si, es aquel que no solo une a todos los demás sentidos, sino que también nos da más ventajas mentales.
- ¿Cómo cuales?
- Eso depende, puede variar. Como por ejemplo Cristian, el puede percibir mejor su entorno, sintió movimiento de personas cerca de la casa y por eso salió.
- ¿Y tú qué haces?
- Puedo aparecerme más fácil de lo normal, una vez aparecí en Francia, aunque me costó mucho, mientras más larga la distancia, más difícil se me hace.
- ¡Fascinante! ¿Y Lucas?
- Bueno, como verás es un cabeza hueca, así que dudo que tenga poder mental.
- Si es cierto – reímos ambas.
- Eh, se le hace mucho más fácil interactuar con la personas, me refiero a utilizar sus poderes en alguien y que den mejores resultados.
- Ah, ya veo… ¿Cuál sería mi especialidad entonces?
- ¡La tuya es genial!
- ¿En serio? ¿Cuál es?
- Es más que obvio, puedes ver el futuro.
- ¿El futuro? ¿Pero no he visto nada aun?
- ¡Si, si lo has hecho. En tus sueños!
- ¿En mis sueños?
- Si, tienes una gran capacidad mental. Las personas imaginan o piensan cosas en su mente cuando duermen, y a eso algunas veces se le llama sueño, lo tuyo algunas veces son visiones, ya que tu mente trabaja aun más cuando estás en trance o dormida y puedes tener visiones, es genial.
- No sabía eso ¿Por qué no me contaste?
- No había surgido el tema y se me olvido. Lo siento.
- Te perdono tonta.

En ese momento oímos gritos desde la casa, al parecer estaban discutiendo:

- ¡Déjame verla, solo quiero saber si está bien! – gritó una voz familiar.
- Ya basta, después puedes verla. Ahora no – dijo Cris.
- Hey, ya deja que la vea y después que se largue. – dijo Lucas.
- ¡No! ¡Vete Diamons!

¡Diamons! ¿Sería Scott?

- ¡Scott! – exclamé
- ¿Cristie? ¡Cristie! – era él, mientras aparecía corriendo con Charlotte que miraba muy nerviosa a Cristian y a Lucas.
- ¡Qué bueno verte! ¿Qué te trae por aquí? – dije mientras corría a abrazarlo.
- Solo quería verte, y como sabía que ya pensabas en mi quería ir a visitarte.
- Gracias.
- Entonces ya lo sabes ¿No?
- Si
- Apenas me enteré fui a tu casa pero no estabas y pensé que debías estar en otro lado. Decidí aparecerme recordando mi promesa.
- Oh, es muy lindo de tu parte Scott. Gracias, estoy bien. – dije con dulzura recordando la promesa que me había hecho.
- Y… ¿Qué haces?
- Estaba jugando con mis amigos. ¿Quieres jugar? – le pregunté mientras tomaba el disco en mis manos.
- ¡Claro!
- ¿Y tu Charlotte?
- No. – se sentó bajo un árbol.
- Oh, bueno ahí va… - y le arrojé el disco a Scott.


Antes de que Scott lo atrapara el disco giró como si fuera un boomerang en dirección a Cris y lo atrapo mientras dijo:

- Creo que ya la viste Diamons, lo siento pero…
- No. Entiendo, me tendré que ir, vámonos Charlotte. Adiós Cristie.
- ¡No! Por favor no te vayas – le supliqué.
- Lo siento, pero creo que no soy grato aquí – murmuraba mientras le lanzó una mirada a Cris.
- Oh. ¿Cuándo vendrás a visitarme?
- Solo cuando tú quieras, solo tienes que pensar ahí y estaré allí para ti.
- Gracias. Adiós Scott.
- Adiós.
- Adiós Charlotte – la despedí pero no hubo respuesta, Scott la miró fulminante mientras salía y luego me dirigió una mirada tierna en señal de Disculpa.

Cristian y Lucas los acompañaron a la salida, y me quedé a solas con Sam, miraba en dirección de la salida y a mí, varias veces, entonces me frustré y le dije:

- ¡Sí! ¡Scott Diamons es mi amigo! ¿Tiene algo de malo?
- No, pero me parece que hay algo mas – canturreaba mi amiga.
- Por favor no empieces con eso, pensé que eras mi amiga.
- Si. Pero él no quiere ser tu amigo…. – susurraba Sam.
- ¿Qué quieres decir? - entrecerré los ojos.
- ¡Le gustas!
- Sí, pero solo somos amigos.
- ¡Por favor Cristine! Así se empieza
- Pero yo no estoy empezando nada
- ¿Te gusta?
- ¡No! Es mi mejor amigo. Solo eso.
- Si pero el…
- ¡Ya basta! si vuelves a decir algo me iré de aquí.
- Pero…
- ¡Y me iré de compras con Charlotte! – la amenacé. Sabía que eso la calmaría, lo hizo y se estremeció.
- No te atreverías – susurró.
- ¿Quieres ver?
- ¡No! No te vuelvo a hablar de eso, lo prometo.
- Así es.

Llegaron Lucas y Cristian hablando bajo entre ellos, al parecer Lucas sonreía por el comentario que le había dicho a Cristian, y este se detuvo asustado, lo miro serio y le pegó un manotazo en la cabeza.

- ¡Cállate!
- ¡Caracoles! Que miedo Cristian
- Te lo suplico.
- Mejor de rodillas.
- No me humilles así. Solo guarda silencio, y te prometo que lo haré.
- Me parece bien.
- ¿Qué pasa? – me paré de donde estaba mientras esperaba respuesta, los dos solo se miraron a la cara y después a mí.
- Nada – contestaron a unisonó y Sam rio.
- No entendí el chiste Sam – dijo Cristian.
- ¿Quieres que lo explique? – sonrió con mirada picarona.
- ¡Piedad! ¡Ya paren! ¡Eres mi hermana! ¿Cómo me haces esto?
- Solo decía…

En ese instante entró una mujer que debía ser la madre de Cristian y Sam en la estancia con una bandeja con bebidas. La mujer era alta, delgada, Sam era idéntica a ella, tenían las mismas facciones, sonreía cuando me miró, y dijo:

- Hola Cristine, soy la mamá de Cristian y Samantha, Simone Wichtter – me estrechó la mano por cortesía.
- Mucho gusto Sr. Wichtter.
- El gusto es mío Cielo. Les traje algo de beber, si necesitan algo estaré en la cocina.
- Gracias – dijimos todos al unisonó.

Nos sentamos en el pasto mientras tomamos las bebidas, Cris me miraba de reojo, ¿Acaso te pasaba algo?

- ¿A ti que te pasa?
- ¿A mí? Nada – respondió fingiendo inocencia, que obvio era.
- Estas de lo más raro hoy, quería que se quedaran Scott y Charlotte.
- Igual yo, hubiera sido divertido – intervino Lucas cuando Cris bebía otro sorbo de té frio, y se ahogó con aquel comentario. Lucas fingió inocencia mientras tomaba otro sorbo de té.
- Solo no me simpatiza, es todo. – tosía aun ahogado por la bebida.

Nos quedamos un rato en silencio acostados en el pasto, solo observando las nubes, mientras discutíamos por que forman tenían. Me parecía absurdo el tiempo que las personas solo miran al suelo, pensando en la realidad, en vez de observar un rato el cielo, que siempre cambia, ir más allá solo un momento, a mí me relajaba.

- Oigan, esa tiene forma de un trébol de cuatro hojas – comentó Lucas.
- No, parece una margarita – lo contradije.
- Además, tu trébol tiene como seis hojas ahora. – intervino Sami. - ¡Cristie! ¡Tengo una idea!
- ¿Cuál?
- ¿Qué tal una fiesta de pijamas?
- ¡Si me encanta!
- ¡Qué alegría! ¡También voy! Necesito un nuevo color de barniz en mis uñas – canturreó Lucas.
- ¡No bobo! Solo para chicas
- Ah claro, ya comenzó el club del horror de las BFF’s. Pues mi mejor amigo es Cristian, ¿Verdad Cris?
- No – respondió el con amargura mientras Sami y yo reíamos.
- ¿Qué tal un día antes de tu cumpleaños?
- ¿Mi cumpleaños? Falta mucho ¿no?
- Solo seis días ¡Tengo que conseguirte el regalo ideal!
- No te preocupes por eso, no quiero nada.
- ¡Bah! Todos queremos algo en cumpleaños.
- Sí, pero yo no quiero nada. En serio no se molesten.
- ¡Te haré un regalo sorpresa! ¡Con este regalo si que me voy a divertir! – reía Lucas malvado.
- Si, inténtalo y te vuelo la cabeza – amenacé.
- Oh, que susceptible. ¿Eso es un sí?
- ¡No! Es un no
- No dijo exactamente que no – susurró el - ¿Y qué le vas a regalar tu Cris?
- Algún pasaje para que pueda estar lejos de ti – respondió Cris.
- No es mala idea – dije yo mientras le sonreía a Cris, para después mirar con malicia a Lucas.
- ¡Juguemos a las escondidas! – saltó Sami contenta - ¿Por favor si?
- ¡Cuenta Cris! – gritó Lucas antes de correr – Las reglas son que no hay reglas – carcajeaba mientras desapareció.
- Solo se puede desaparecer 2 km a la redonda – dijo Sam. – Comienza Cris.

Cristian se posó en un árbol mientras Sami y yo salimos corriendo en direcciones opuestas, yo sabía perfectamente cual lugar escogería, el escondite perfecto, mi escondite. Me desaparecí pensando en mi escondite, abrí los ojos, no aparecí allí, cerca pero no estaba allí, cerré los ojos con fuerza para concentrarme, esperé un momento hasta sentir el cambio y los abrí de nuevo.

Esta vez lo logré, había llegado. Llegué a el claro donde estuve ayer, donde encontré a Cris, estaba perfecto, como siempre, con aquella luz que me gustaba, esperé un buen rato antes de comenzar a correr por algunos lados antes de llegar de vuelta, sin que nadie me viera claro.

Comencé a correr con energía mientras me alejaba del lugar, aunque no quería, voltee atrás para verlo de nuevo como una despedida, aunque volvería, eso era seguro. Giré mi cabeza hacia adelante pero fue tarde, choqué contra algo, contra alguien, traté de ver con quien había impactado pero me aferró en sus brazos y no me pude soltar.

- Te atrapé – susurró Cris en mi oído. Di un respingo ante tanta proximidad.
- No puedo respirar.
- Oh, disculpa – aflojó sus brazos pero aun así no me soltó.
- ¿Me puedes soltar?
- ¿Para qué? Ya te encontré, no te dejaré escapar.
- Tramposo – murmuré
- ¿Quieres que te suelte no?
- Si
- Entonces corre, te daré ventaja – me soltó y aproveché para salir corriendo en el claro, mi claro, me corregí a mí misma.

Corrí lo mas que pude mientras reía, pero el se apareció en frente de mi y aunque frené a tiempo para no chocar me envolvió en sus brazos, tenía una sonrisa angelical en su rostro, me dejó sin aliento. Estaba muy cerca de mí, otra vez.

- Me estas incomodando Cris – traté de hablar.
- ¿Por qué? – susurró él.
- Eres un tramposo, solo tenías que correr, ¿Para qué me das ventaja si después apareces de esa forma?
- Ja, ja, ja. Lo sé. No te pienso dejar ir – me acunó en su pecho, yo seguía atónita, aun sin entender, rozó su mejilla contra la mía. De pronto me soltó y exclamo - ¡Rayos!
- ¡Libre! ¿Así que estaban jugando y no me invitaron? – apareció Lucas por uno de los arboles.
- ¡Te mataré Lucas Jason! – gritó Cristian mientras corría en su dirección.
- Por supuesto, ¡Atrápame lentito! – escapó Lucas mientras volaba por los arboles - ¡Harry Potter pueda besarme el…!
- ¡Lucas cállate! – gritó Cristian antes de desaparecer por los arboles.

Aproveché la situación, tal vez llegaría a tiempo. Me aparecí en la casa de los Wittcher otra vez, lo logré con éxito. Vi a Sam sentada en un árbol esperándome mientras jugaba con su cabello.

- Tardaste mucho ¿Dónde estabas? – preguntó mi amiga.
- Por algún lugar.
- ¿Dónde están Cris y Lucas?
- Creo que matándose el uno al otro – le dije mientras reíamos.

Después de un par de minutos apareció Cristian y se acercó a nosotras mientras reía, me miró y sonrió tan radiante como cuando estábamos en el lago.

- ¿Por qué tanta risa? – preguntó Sam – Tardaste años.
- Estuve ocupado – miraba a mi dirección mientras reía.
- ¿Pero cuál es la gracia?
- Ya verán. Oh, justo ahora.

Apareció Lucas molesto, Estaba cubierto de barro y hojas de pies a cabeza, solo caminaba y nos miraba esperando una respuesta. Sami y yo lo miramos durante 3 segundos, luego estallamos en risa, lo mirábamos y reíamos mientras veíamos a Lucas que chorreaba barro en la cara.

- ¡Pareces un mounstro de barro! – carcajeaba sin control.
- Ja, ja, ja ¡Ya verás! – exclamó el mientras me levitaba y caía en la piscina.
- ¡Lucas! – exclamó Cris.
- ¡Tú también bobo! – y lo lanzó a la piscina mientras yo tragaba agua.
- ¡Cristie! Déjame ayudarte – dijo Sami
- Tranquila puedo sola.
- Dame la mano – dijo Cristian que ya había salido de la piscina. Asentí y me ayudó a salir.
- Acompáñame, te daré algo de ropa – me dijo Sam y la acompañe a su habitación.
- ¡Ya se! Voy a probarme algo que compré – mientras sacaba un camisa rosa sin tiras con unos jeans blancos.
- Me gusta, te queda excelente
- Gracias
- Déjame poner a secar tu ropa. Espérame solo un segundo. – salió corriendo con mi ropa mientras yo desenredaba mi cabello.

Ya estaba por terminar cuando tocaron la puerta. Debía ser Sam con la ropa, a lo mejor tenía las manos ocupadas así que le abrí.

- Oye, Sam si quieres esperas y… Oh – me sorprendí al ver a Cristian en la puerta en vez de Sam, aun tenía el cabello mojado.
- Lo siento, por como Lucas te lanzó a la piscina. – se disculpó, parecía de verdad apenado.
- Fue divertido. Aunque ese tonto me las pagará.
- Ya me encargué de eso.
- ¿Qué le hiciste?
- Es mejor que no sepas aun. – se rio.

Yo me reí también un rato, no había nada más gracioso que ver a Lucas enojado
.
- ¿Te divertiste? – preguntó de nuevo.
- Sí, me divertí mucho. Aunque me divertiré más cuando vea que le hiciste a Lucas.
- Me alegra oír eso, estaré abajo, creo que no querrás escuchar a Lucas durante un rato.
- Si, estuvo muy raro hoy, no sé cuantas boberías dijo.
- Ja, ja, ja. Si, raro. Estaré abajo. – y salió de la habitación.

Esperé a Sam paciente un par de minutos en su cuarto. En ese momento escuché un grito que venía desde abajo ¡Me las vas a pagar idiota!, seguro era Lucas, reí, aunque no sabía cuál era el chiste. Sami entró en la habitación carcajeando mientras me dio la ropa seca.

- ¿Qué le hizo? – le pregunté
- Digamos que Cristian lavó la ropa de Lucas y… ¡La pintó toda de rosa!
- Oh, entonces ese era el escándalo.
- Si. Esta como loco, pero ya se acaba de ir.
- ¿Salió a la calle así? – comencé a reír de nuevo.
- No, se desapareció.
- Ah, que lastima. Eso sería un verdadero espectáculo.

Ambas reímos un buen rato mienta
Bajamos a la sala donde ahora solo se encontraba Cris viendo Televisión, muy tranquilo, nos vio bajar y nos sonrió, parecía divertido.

- ¿Se fue así como así? ¿No se vengó? – pregunté yo asustada, esperando que Lucas me elevara a la piscina o apareciera detrás de mí.
- No, con ese aspecto que tenia, dudo que lo veamos por un rato – carcajeó Cris, mientras nos invitaba a Sami y a mí a sentarnos.

Cristian hizo un recorrido por los canales de la tele, no habían programas buenos a esa hora, como que escaseaban. Encontró uno muy gracioso que seguro le hubiera encantado a Lucas, era un concurso donde le hacían bromas a los participantes, se veía divertido.

- ¿Oigan qué hora es? – pregunté rompiendo el silencio. Debía ser bastante tarde, debido a la hora que salí de mi casa.
- En, son las 6: 13 p.m – respondió mi amiga con exactitud.
- ¡Oh, me tengo que ir, se está siendo tarde! – me paré del sillón mientras los gemelos me miraban con diferentes expresiones, Sami con sorpresa, y Cris con resignación ¿Por qué?
- ¡No te vayas! – fue esta vez Cris quien habló
- Lo siento, quisiera hablar con mi madre un rato. Ya entenderán, quisiera aclarar algunas cosas.
- ¡Qué cruel eres Cristine Brians! ¡Y te haces llamar mi amiga! – comenzó a pelear Sam.
- Volveré mañana contigo, ¿Si? – me derretí, esa mirada de lastima que ponía ella era insoportable, era inevitable.
- ¡Sí! Con eso me acompañas a comprar un vestido para la fiesta, ah y una piyama linda – aplaudía ella.
- ¿Qué fiesta? ¿Piyama?
- ¡Si, tu fiesta de cumpleaños! ¡También de Hallowen! ¡Y no olvides la piyamada!
- ¡Sam, no acordamos esto!
- Será genial, ¿A que si Cris? – dijo mientras le daba un codazo a su hermano.
- Si, genial. Tu iras vestida de mounstro, ah ya estas lista para eso, irritante como siempre… - masculló él.
- ¡Pues tu de ogro, por amargado! – le sacó la lengua.
- Concuerdo con los dos….
- ¡Cristine! – exclamaron los dos. Reí.
- ¡Qué osadía! Jamás pensé ver a mi mejor amiga en mi contra.
- Me siento ofendido, pero lo tomaré como un cumplido si así lo dices.
- Bien, dicho. Deberías portarte como tu hermano, aprende rápido.
- ¡Traición! Igualmente te buscaré mañana en la mañana para que me ayudes a conseguir el vestido perfecto - me giño un ojo mientras desapareció. Que loca.
- Entonces me iré, adiós Cristian. Creo que nos veremos mañana gracias a… - le dejé la duda, no era difícil de adivinar.
- Sam – volteo los ojos hacia arriba mientras hacia una mueca fingida de dolor – Que tengas suerte, la vas a necesitar.
- Que Dios me ayude – dije.
- Por supuesto. Adiós Cristine – dijo mientras me beso en la mejilla. Me sonrojé ante ese contacto.
- Adiós Cris, vigila la ventana de tu cuarto.
- ¿Por qué? – preguntó aunque parecía divertirle, seguía mi chiste.
- Por si algún psicópata llamado Lucas aparece en tu ventana mientras duermes – ambos reímos.
- Ni si quiera lo nombres a ese metiche– masculló – Aun siento como si me estuviera espiando…
- Ni lo digas, adiós – y me desaparecí.

Hola bloggers!!! ¡Los extrañaba! ¡Que bien se siente volver a escribir! Se que tenía que escribir ayer, pero he tenido problemas con mi pc, igualmente les dejo este cap! Espero que les guste... ¡El primer cap del año! Cuando vuelva a publicar les dejaré los blogs de Albus, y de Lily y James.
Oh! casi se me olvida! ayer comencé de leer un libro, ehh y lo terminé el mismo día, jeje. Estaba super, se llama La Emperatriz de lo Etéreos, ¡me encanta! la historia es un poco corta, pero esta original!
xoxo mari R
☆★

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Luz

Capitulo 13.

No pasaba nada aun, los abrí lentamente para verlo, cuando se acercó lo suficiente para que la luz del crepúsculo lo iluminara vi a Cris, perfectamente iluminado bajo esa hermosa luz, todo lo que tocaba la luz lo convertía en algo hermoso, y él se veía tan bello bajo su manto, tan misterioso. Solo se quedó parado observándome, sin pestañear si quiera, solo me veía, me dolía devolverle la mirada, aun no podía creer que era él quien precisamente estaba allí, en frente de mi.

Una pequeña lágrima se deslizo por mi mejilla, ardía como fuego. Eso era el dolor entonces, fuego. Cristian solo pestañeo una vez y vi un gran rayo de luz, ya no estaba, había desaparecido. Alguien tomó mi mano por detrás y lo encontré a mi lado.

- Lo siento – fue lo único que dijo. Su voz se oía diferente, al parecer le dolía casi tanto como a mí.
- Sí, yo también lo siento.
- Debí habértelo contado. Tu confiaste en todos nosotros, y yo no confié en ti.
- ¿Por qué? ¿Por qué no me contaste? ¿Acaso crees que cuando me enteraría saldría corriendo?
- No, solo pensé que si no te contábamos y solucionábamos todo nosotros no tendrías que exponerte al peligro que te asechará.
- Lo sé, pero te equivocaste. Ese peligro ya me está asechando, y casi me atrapa.
- ¿Cómo dices? – dijo sorprendido y abrió sus ojos celestes como platos.
- Es una larga historia.
- Tengo mucho tiempo libre – y esbozó una sonrisa.

Le conté la sombra que aparecía en mi casa, los sueños, y la aparición de hoy, junto con la carta de mi padre. No le conté sobre la nota de Sam porque seguro la regañaría después de eso. Se quedó callado unos momentos, y luego dijo:

- Lo siento, otra vez. No sé de qué vale la pena decirlo, si igualmente te lastimé solo porque quería protegerte. ¡Ja! ¡Qué ironía!
- Sé que lo hacías por mi bien, me costó mucho tratar de saber que ocurría.
- Lo sé. Así que comprendí cuánto daño te hacia eso, decidí ayudarte a saber y te lo facilité un poco.
- ¿Cómo?
- Te vi con un chico hace un rato, y me quedé esperando a que entraras a tu casa para subir a tu alcoba y decirte. Pero como saliste con tu madre, esperé paciente sentado en un banco de la calle, esperando a que llegaras para contarte la verdad.
- ¡Oye! ¿Por qué me seguías? – dije interrumpiéndolo.
- No era nada malo, solo quería asegurarme de que estabas bien, y como estabas con ese chico Diamons supuse que estaban saliendo. – agregó con amargura.
- Si te refieres a Scott, es un amigo, en realidad el único que tuve cuando mis otros amigos ya no podían verme. – se lo restregué en pleno rostro.
- Otra vez disculpa. Déjame terminar de explicarte. Cuando te vi de regreso a tu casa era momento de actuar, así que me aparecí en tu alcoba, y moví los libros de Samantha en tu cama, y si, se que ella te dejo una carta en uno de ellos, no trates de cubrirla, no pienso regañarla por eso, en cambio, estoy feliz gracias que fue de gran ayuda. Oí tus pasos subiendo las escaleras y hui, me acobardé y no sé como tomarías que me apareciera en tu casa a explicarte eso.
- Te creo, ¿Pero cómo me encontraste aquí?
- En realidad después de salir de tu casa, vine aquí para pensar, ya que me había gustado mucho el lugar, y podía estar solo un rato, es horrible estar cerca de tus amigos cuando te tratan con tanto desprecio por no haberte dicho nada.
- Oh. Vaya, pensé que era la única que se lo pasaba mal.
- No. No sabes lo horrible que era todo esto, Sam y Lucas no me dirigían la palabra, Verónica no me dejaba de dar órdenes…
- ¿Verónica? – pregunté asombrada recordando la carta que había recibido ella. - ¡Ya entendí, mi padre le envió una carta hace años y yo la conseguí un día que a ella se le extravió!
- Si, fue Lucas quien hizo volar todos sus Libros para que tomara su carta, el ya lo sabía.
- Ese tonto, lo quiero tanto.

Ahora todo encajaba perfectamente, parecía estar destinado como un rompecabezas que se unía por magnetismo. Al fin entendía, la verdad en ese momento era tan hermosa, solo reflejaba luz. No estaba sola en esto, mis amigos también, y Cris no me odiaba, solo se preocupaba por mí, no podía estar más aliviada. No me importaba si tenía una estúpida sombra detrás, podía enfrentarla fácilmente, la luz era todo lo que necesitaba, la verdad. No pude soportar más esconder mi felicidad, y abracé a Cris fuertemente mientras escondí mi rostro en su pecho.

- Lo siento. No llores.

Alcé mi rostro para verlo a los ojos, cuando el vio mi cara se sorprendió de verme feliz, esbozando mi mayor sonrisa. Su rostro parecía el de un ángel, confundido ante la hermosa luz de la luna que había oscurecido el claro, ahora si se parecía al lugar que recordaba, solo que mas hermoso, ya que se iluminaba con esa hermosa luz, la verdad.

- Estoy feliz, ya te perdoné, no tienes que pedir perdón. Me siento feliz porque ahora sé la verdad, y también porque no me odias.
- ¿Odiarte? ¿A ti? Jamás te he odiado y Jamás te odiaré Cristie. Solo te prometo nunca más hacerte daño, no volveré a lastimarte.
- Gracias Cristian, no sabes cuánto alivio me da escuchar la voz de mi verdadero amigo de nuevo.
- Te llevaré a casa. Toma mi mano y cierra los ojos.

Me acerqué, tomé su mano y cerré los ojos. Aunque tenía los ojos cerrados podía sentir como la estancia se iluminaba y como si alguien me empujara fuertemente hacia delante, y Cris me soltó de la mano. Abrí los ojos y ya estaba en el salón de mi casa, y el se encontraba a mi lado.

- Será mejor que me vaya – dijo – Los demás ya deben estar preocupados, si quieres ven mañana a mi casa, todos te estaremos esperando, solo te tienes que aparecer.
- Oh, ya puedo ahora que soy maga. ¡Aun suena raro decirlo!
- Si, con el tiempo te acostumbraras, te lo aseguro.


Corrí a abrasarlo de nuevo, y él me devolvió el abrazo, yo solo cerré los ojos y sonreí, ante lo verdadero que era ese momento.

- Adiós Cristine – dijo mientras se soltaba de mi abrazo y retrocedió unos pasos.
- Adiós.

Solo vi la luz blanca y su mano despidiéndose antes de desaparecer de mi casa…

Estaba agotada y busqué señales de mi madre, aun no había llegado. Seguro que Verónica la llevo a pasear porque sabía que yo estaría con Cristian. Fui a la cocina a tomar algo de agua y sentarme, en ese momento sonó el teléfono:

- Hola cielo, ya veo que estas en casa. Vengo en media hora ¿Todo bien? – dijo Yess en el teléfono.
- De maravilla, no te extrañes encontrarme dormida en mi cuarto, estoy exhausta, la película del cine era algo mala.
- Si, te entiendo. Adiós cielo.
- Adiós – y colgué el teléfono.

Subí a mi cuarto a asearme y vestirme con mi piyama azul con nubecitas, siempre me hacia dormir bien. Me acosté en mi cama recordando todo lo que pasó hoy, la salida con Scott, la carta de mi padre, Cristian en el claro…

Esa noche me costó conciliar el sueño, ya que tenía tantas cosas en la mente, me puse a jugar con algunas cosas en mi cuarto como mis peluches, los hacía levitar y bailar por todos lados, que divertido era eso. Comencé a sentir un poco de sueño, así que apagué mi luz con tan solo usar magia, solo sonreír ante eso. Me puse a mirar mi calendario, estábamos a 26 de Octubre, ya llevaba más de un mes en Heauston, como había cambiado mi vida. En ese momento me sumergí ante el más tranquilo sueño, pude dormir perfectamente sin pesadillas en mis sueños…

Me desperté de lo más tranquila, sintiéndome relajada al fin. No tenía porque preocuparme, ya sabía toda la verdad, y podía ver a mis amigos de nuevo. ¡Sam! Ya la quería ver de nuevo, la extrañaba más que nunca. Bostece un poco antes de levantarme y dirigirme al baño, pero caí sentada al suelo cuando vi a mi amiga en mi ventana observándome mientras reía.

- ¡Despertaste al fin dormilona! – exclamó.
- ¡Sami!

Me paré y corrí a abrazarla con toda la alegría posible, no quedamos saltando y gritando un rato. La solté y le dije:

- Espera un momento, mi madre. ¿Yess sabe que estas aquí?
- Si, ya Verónica y Cristian le explicaron todo en la mañana.
- ¿En la mañana?
- Si.
- ¿Qué hora es?
- Son las 2:00 p.m
- ¡Madre mía! ¿Por qué no me despertaste?
- Es que te veías tan linda durmiendo. Y bien… ¿Qué quiere hacer ahora la bella durmiente?
- Primero terminar de levantarme y después lo que tú quieras.
- ¿Ir de compras?
- Solo si tú quieres.
- ¡Yupi! – aplaudió Sami contenta mientras daba saltitos de emoción.

Samantha me esperó paciente mientras jugaba con mi psp y suspiraba cada vez que perdía, eso me causo gracia. Me bañe, y me cambié mientras me ponía unos jeans negros con una hermosa camisa blanca que dejaba escotado los hombros y era suelta, solo tenía un ajuste en la cadera. Cuando ya estaba casi lista Sam sostenía un cepillo y me sentó en mi silla.

- Yo te peino. Vas a quedar lindísima. – me dijo ella.

Esperé paciente sin mirarme al espejo, ya que cada vez que volteaba a verme ella me reprendía. Me alisó el cabello, y le hizo unas pequeñas ondulaciones en las puntas, cuando terminó exclamo:

- ¡Ta raa! ¿Qué te parece?
- Quedé linda, gracias Sami. – le dije mientras me miraba al espejo.
- De nada. ¿En serio te gusto? – dijo mientras ponían cara de perrito bajo la lluvia.
- Claro tonta, gracias.

Bajamos contentas a la cocina donde me esperaba Yess sonriendo con dos platos de comida para Sam y para mí. Era estofado caliente con un poco de pan francés al lado, olía excelente. Mi amiga y yo comimos como nunca mientras mi mamá nos contaba las novedades que le había contado Verónica sobre mis amigos y yo, sobre el libro que faltaba, el que tenía que encontrar.

- Y ¿Qué piensan hacer hoy las señoritas? – preguntó Yess cambiando de tema.
- Vamos de compras.
- ¿Pensabas ir sin decirme?
- ¡Claro que no!, si quieres no voy y me quedo aquí, sin nada que hacer, sola, sola, sola… - dije fingiendo tristeza.
- Que melodramática Cristine.
- ¿Me la presta sol unas horas? – preguntó Sami.
- Claro, yo las llevo. – dijo Yess mientras sacaba las llaves de su auto.


Mi madre nos llevo hasta el centro comercial y nos dio dinero para comprar ropa
Caminamos al centro comercial llenas de alegría mientras decidíamos en que tienda nos metíamos. Íbamos a entrar a una tienda muy linda, donde vendían ropa de marca pero no nos gustó nada de la ropa, y casi todas las chicas de adentro se llevaban exactamente lo mismo, eso me irrito mucho. Más adelante Sam y yo vimos una tienda muy bonita llamada Ecologic World, me gustaba el titulo, las telas de las ropas seguro eran de fibras naturales, que lindo.

- ¿Qué tal si entramos a esa Sam? – le pregunté a mi amiga mientras la jalaba por el brazo.
- Si. Hace tanta falta que me preguntes.

Tomé un montón de ropa, y aun así me habían gustado otras más, vi una linda camisa gris y rosado perfecta para mi, en cuanto la iba a tomar Sam hizo lo mismo. Nos miramos un momento y después estallamos en risas.

- Mejor yo la tomo en morado y tú en este color – reía Sam.
- Claro, tampoco somos gemelas o algo así – odiaba las BFF’s que se vestían exactamente del mismo color, se peinaban exactamente igual, parecían copias.

A Sami y a mí nos gustaban muchas cosas iguales, pero no éramos esas chicas que parecen hermanas solo por vestirse igual, o porque supuestamente son almas gemelas. Éramos como hermanas porque nos congeniábamos tan bien como si fuéramos eso, hermanas, nos entendíamos en todo, era genial.

Pasamos a los vestidores mientras yo me probaba todo lo que tomé, descarté un par de camisas que no me gustaban, o no me quedaban.

- ¿Qué te parece esto? – le enseñé a mi amiga una combinación de camisa y jean que me había probado mientras salía del vestidor.
- Se ve genial ¡Me encanta! Yo ya tengo lo mío aunque… ¿Estos pantalones no me hacen ver gorda? – reí ante su comentario, aunque no sé porque pero eso me hizo acordarme del chiste de Scott.
- Están perfectos, espérame mientras busco toda mi ropa.

Me cambié de nuevo a mi ropa de antes y fui con Sam a la caja para pagar. Salimos de la tienda comentando nuestras buenas decisiones respecto a la ropa, nos gustaban mucho. Sam se detuvo cuando vio cerca a un grupo de chicas que iba cerca, eran Regina y sus amigas.
- ¿Qué pasa Sam? – le pregunté.
- No nada. Que superficial, van saliendo de esa molesta tienda que entramos al principio.
- ¡Oh, tengo una idea!

Traté de esforzarme para activar la alarma de la tienda, y lo logré. La alarma resonó en todo el centro comercial y Regina se asustó asiendo caer sus bolsas, atrás de ella se encontraba el guardia de seguridad de la tienda que la sujetaba de un brazo, Sam y yo estallamos en carcajadas viéndola entrar de nuevo en la tienda junto al guardia.

- ¿Cristie, tu…? – comenzó a preguntar Sami.
- Si. Genial ¿no?
- Estupendo. Muy gracioso en realidad.
- Admítelo, soy una genio
- Si… ¡Oh gran dama de la sabiduría! Tonta.
- Yo también te quiero amiga
- ¡Que linda! Vamos a ver donde están los chicos – y salimos del centro comercial.

Tomamos un taxi hacia la casa de Sam, era extraño volver otra vez, hace cuatro días pensé que nunca más pisaría esa casa. Qué lindo cambio había ocurrido, salimos del taxi mientras Sam tocó el timbre de su casa.

- ¿Quién? – preguntó Cristian a través del timbre.
- Soy yo bobo, ábrenos a Cristie y a mí.
- Ah, espera un momento

En menos de tres segundos ya estaba el portón abriéndose de par en par en frente de nosotras. Nos dirigimos en la entrada donde nos esperaban Cristian y Lucas sonriendo…


Hola!! Esta es mi ultima publicación POR ESTE AÑOO CLAROO, aunque les dejo una super intriga para el siguiente cap! que bello!, se acabo el año, quien diria... Tengo tantas sorpresas para ustedes el año que viene!! voy a actualizar la página y cambiar los colores, Ah, claro, noo se me puede olvidar los blogs de los Potter claro, pero es sorpresa. Comenzaré a escribir a partir del 3 de Enero, esperen mientras!!

Los amaré siempre, gracias por visitar mi blog a diario, para mi es como si me estuvieran visitando, no saben lo importante que es para mi!! Les dejo una canción que estoy escuxando en estos momento, que me identifiqué muxo con ella por esta estrofa...

I'm not a princes,
this ain't a fairytale
I'm not the one you’ll sweep off her feet,
Lead her up the stair
well This ain't Hollywood;
this is a small town,
I was a dreamer before you went and let me down
Now it's too late for youAnd your white horse,
to come around

White Horse - Taylor Swift
Tal vez ustedes también se han sentido así... Feliz año nuevo para ustedes!! que la pasen super bien el 31 y cumplan sus promesas de año nuevo, yo ya hice la mia ;) Los amo
xoxo 4ever mari R☆★